Faltan apenas 10 días para que el INDEC publique los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondiente al primer semestre de 2026. Aunque el gobierno intente tapar el sol con las manos, el veredicto de las proyecciones privadas ya estaría siendo unánime. La publicitada caída de la pobreza llegó a su fin, dando paso a un incremento sostenido. Esta nueva radiografía socioeconómica dibuja de forma violenta las consecuencias que acarrea el programa económico de Javier Milei. Pasamos de los mejores 18 meses prometidos por el ministro Caputo, a dirigirnos a una realidad que hunde a cientos de miles de hogares en la miseria.
La pobreza vuelve a quebrar la barrera del 31%
Los estudios que se anticipan a la publicación del 24 de septiembre coinciden en que la pobreza experimentó una suba considerable en los primeros seis meses de este año. La consultora ExQuanti y diversos analistas proyectan que entre 1,6 y 1,7 millones de personas cayeron bajo la línea de la pobreza en el primer semestre de 2026 en comparación con el último semestre de 2025.
Estadísticamente, este retroceso elevaría el índice de pobreza a un piso de entre el 30% y el 31,6% a nivel nacional. El Nowcast de Pobreza elaborado por el econometrista Martín González-Rozada de la Universidad Torcuato Di Tella proyecta que, para el semestre marzo-agosto de 2026, la tasa de pobreza alcanzó el 31,3%, marcando una suba interanual de 1,1 puntos porcentuales respecto al 30,2% del mismo período del año anterior. Según este estudio de la UTDT, de los 30 millones de habitantes urbanos representados, aproximadamente 9,4 millones viven en hogares pobres.
La gravedad de la situación radica en el cambio de tendencia. Después de meses donde el gobierno sacaba pecho por una supuesta caída sostenida de la pobreza, el panorama comenzó a revertirse ya en el cuarto trimestre de 2025, un empeoramiento que se profundizó de lleno a principios de 2026. Según ExQuanti, tras haber tocado un piso de 12,8 millones de pobres en el tercer trimestre de 2025, el número volvió a escalar hasta rozar los 15,8 millones en el segundo trimestre de este año. Este aumento es lo suficientemente fuerte como para que la pobreza semestral actual supere incluso los niveles registrados hace un año, retrocediendo a los valores alcanzados durante el gobierno de Alberto Fernández o tras el estallido provocado en la gestión de Mauricio Macri. Incluso desde el propio Gobierno ya admiten esta realidad y proyectan un alza del flagelo a entre el 30% y el 31%, aunque intentan justificarlo catalogándolo como una suba “temporal“.
El porqué del aumento: ingresos licuados y precariedad laboral
Las razones detrás de este brutal empobrecimiento se centran directamente en la naturaleza del plan de La Libertad Avanza. El pilar fundamental de este salto de casi dos millones de nuevos pobres es el congelamiento que sufren los ingresos reales frente a un costo de vida que no da tregua.
Si bien la inflación general mostró una cierta desaceleración en el último tiempo, las canastas que demarcan la pobreza y la indigencia se mueven a un ritmo que destrozan los bolsillos del laburante. En el mes de agosto, la Canasta Básica Total trepó un 34,7% interanual frente a un avance de los ingresos familiares proyectados que apenas alcanzó un 25%. Para ser más precisos, las canastas subieron un 2,6% mensual en agosto (por encima de la inflación general del 1,7%) empujando el umbral de pobreza para una familia de cuatro integrantes a más de $1.605.000. El encarecimiento explosivo de tarifas reguladas como la luz, el gas, el agua y el transporte público ha absorbido por completo cualquier recuperación nominal de los ingresos. El director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, explicó que la actualización de los salarios, formales e informales, simplemente “quedó por debajo” del ritmo de la inflación.
A esto se le suma el profundo deterioro del mercado laboral. En todo este tiempo, la única dirección tomada por la economía libertaria fue la de expulsar a los trabajadores del sistema. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) en junio de 2026 hubo una caída interanual del 1,5% del empleo asalariado (147.900 puestos menos) y una baja del 1,9% en el sector privado registrado.
En relación a esto, la consultora ExQuanti explicó que, al mismo tiempo que se destruye el empleo de calidad, crece vertiginosamente la precariedad: se calcula un aumento del 11% en el empleo informal en los primeros meses de 2026, lo que empuja a los trabajadores hacia ocupaciones de menores ingresos sin ningún tipo de protección social. De hecho, el economista Guido Zack de Fundar advirtió que la economía está “partida en dos“: mientras los sectores extractivos (minería, agro, petróleo) crecen, se contraen drásticamente aquellos que demandan mano de obra masiva y distribuyen riqueza, como la industria (que cayó 4,5% interanual en junio), el comercio y la construcción.
La miseria como política de Estado
Con el gobierno de Milei firme en su rumbo hacia el 2027, el horizonte no promete otra cosa que un ajuste mucho más severo. La próxima presentación del Presupuesto depara nuevos recortes para las áreas más sensibles del Estado.
La variable de ajuste de esta economía libertaria no han sido los privilegios de la casta, sino los salarios, los despidos en el Estado y en el sector privado, el cierre de fábricas, el congelamiento del consumo productivo y la desprotección total frente a los tarifazos. Todos estos elementos actúan como un combo que engrosa inevitablemente las filas de la pobreza. E incluso, si el INDEC actualizara sus metodologías de medición (que se rigen por la composición de consumo del año 2004/05) a parámetros más recientes como los del 2017/18, la pobreza real, saltaría al 38% o 39%, afectando a más de 18 millones de argentinos.
Estos casi tres años de la gestión libertaria alcanzan para confirmar dónde termina este camino: más ajuste, más miseria y más entrega de nuestros bienes comunes. Llegamos a este nivel de pauperización social no solo por la voracidad del oficialismo, sino también por la pasividad de gran parte de la dirigencia que se dice opositora, y que fue cómplice al levantar la mano para votar o dejar correr cada ataque antiobrero. Ya son 1,7 millones de vidas nuevas golpeadas por un modelo diseñado exclusivamente para beneficiar a un puñado de especuladores, descargando el costo brutal sobre los hombros de las mayorías trabajadoras.
Frente a la confirmación de que este nivel de tortura económica es insostenible para las familias, la respuesta no puede ser esperar a que el calendario electoral resuelva nuestros problemas. La bronca acumulada por cada tarifa que no se puede pagar y cada plato de comida que falta debe canalizarse en la organización. Por eso, este próximo sábado 19 de septiembre tenemos el deber de salir y reventar todas las plazas del país en La Marcha de la Bronca. Esta movilización tiene que ser la expresión de una fuerza arrolladora que junte toda la frustración, la una y la haga escuchar con fuerza. Hay que enfrentar este ajuste ahora, demostrando que los trabajadores no estamos dispuestos a dar un paso atrás ni a seguir financiando el programa de Milei que solo beneficia a unos pocos.

