Día del Maestro. Enseñar, resistir y defender la escuela pública

Cada 11 de septiembre se homenajea a Sarmiento como “padre del aula”. Pero en 2026, mientras la docencia enfrenta salarios deteriorados, escuelas desfinanciadas y un Gobierno que avanza contra la educación pública, el mejor homenaje no puede ser repetir una efeméride. Es preguntarnos qué escuela queremos y qué sociedad estamos dispuestos a construir.

Cada 11 de septiembre vuelve la imagen de Domingo Faustino Sarmiento. Las palabras “educación”, “progreso”, “escuela” y “docencia” aparecen en discursos oficiales y redes sociales. Pero este año la pregunta debería ser otra: ¿qué lugar ocupa realmente la educación pública para quienes gobiernan?

El Día del Maestro nació ligado a la muerte de Sarmiento, ocurrida el 11 de septiembre de 1888 en Asunción. Su figura quedó asociada a la expansión de la educación pública y a una política que colocó a la escuela en un lugar central de la construcción del Estado argentino.

Pero Sarmiento fue también un personaje atravesado por profundas contradicciones. Su defensa de la expansión educativa convivió con una concepción brutalmente elitista sobre los pueblos originarios y los gauchos. Su célebre oposición entre “civilización” y “barbarie” justificó una mirada profundamente racista sobre buena parte de la población que debía ser incorporada —o directamente eliminada— del proyecto de país que imaginaba.

Por eso, más que construir una estatua intocable, hay que discutir su legado y apropiarnos críticamente de aquello que pueda servirnos para pensar el presente.

La escuela pública bajo ataque

Sarmiento entendió algo que hoy el Gobierno de Milei parece empeñado en desconocer: la educación requiere una decisión política y una inversión material sostenida. Construir escuelas, formar docentes, garantizar materiales, ampliar el acceso y sostener una educación pública para las mayorías requiere recursos.

El problema es que la política libertaria avanza en sentido contrario. CTERA denunció que el presupuesto educativo nacional se redujo casi un 50% en los últimos dos años y señaló que el Gobierno suspendió el cumplimiento del artículo 9 de la Ley de Educación Nacional, que establecía un piso de inversión equivalente al 6% del PBI. Otro elemento en discusión, es cómo la mayoría de los representantes sindicales de la docencia permitieron este avance sobre la dignidad educativa, en algunos casos, por defender las gestiones provinciales que descargan su ajuste sobre la escuela pública. 

Mientras tanto, el Gobierno pretende presentar los malos resultados educativos como responsabilidad exclusiva de las gestiones anteriores. Así ocurrió nuevamente con los resultados de las pruebas PISA 2025, difundidos esta semana. El Ministerio de Capital Humano responsabilizó a las políticas educativas implementadas desde 2013 y evitó poner en el centro el impacto de su propio ajuste.

Pero no hay magia posible: si faltan presupuesto, infraestructura, salarios dignos, equipos de orientación, formación y políticas de inclusión, no se puede exigir a docentes y estudiantes que hagan milagros.

Un maestro no es una vocación barata

Hay una idea que atraviesa los discursos sobre educación desde hace décadas: la docencia como sacrificio, entrega y vocación. Claro que enseñar tiene una dimensión humana enorme. Pero la vocación no paga el alquiler, no llena la heladera y no reemplaza un salario digno.

La situación salarial sigue siendo uno de los principales problemas. En agosto, la UTE publicó su grilla salarial de la Ciudad y mostró, por ejemplo, un salario inicial para un maestro de grado de jornada simple de $1.039.716. La propia organización viene reclamando nuevas recomposiciones y denunciando problemas laborales que afectan a la docencia.

Durante este año, también se realizaron medidas de fuerza frente a la falta de convocatoria a la Paritaria Nacional Docente, el deterioro salarial, la ausencia del FONID y el recorte de fondos educativos. Entonces, este 11 de septiembre podemos decirlo sin vueltas: no queremos que nos agradezcan la vocación mientras nos recortan el salario. Queremos derechos.

Enseñar también es disputar el futuro

La escuela nunca fue neutral. La educación puede reproducir las desigualdades existentes o convertirse en una herramienta para cuestionarlas. Puede formar personas adaptadas a un mundo injusto o sujetos capaces de comprenderlo y transformarlo.

Por eso resulta tan importante discutir qué educación quiere construir el Gobierno. La llamada “modernización” educativa que impulsa el oficialismo viene acompañada de una concepción que busca adaptar la escuela a las necesidades del mercado laboral, avanzar sobre derechos docentes y trasladar cada vez más responsabilidades hacia las provincias, las escuelas, las familias y los propios trabajadores. 

Y hay otra disputa que ya está entre nosotros: la inteligencia artificial, las nuevas tecnologías y las transformaciones del trabajo docente. El desafío no es rechazar la tecnología ni abrazarla ingenuamente. Es discutir quién la controla, para qué se utiliza y si va a servir para liberar tiempo y potenciar el aprendizaje o para precarizar todavía más el trabajo docente.

Feliz día, pero con los ojos abiertos

Quizás este 11 de septiembre podamos hacer algo diferente. Podemos reconocer el valor histórico de la expansión de la escuela pública sin esconder las sombras de Sarmiento. Podemos discutir sus contradicciones sin negar la importancia que tuvo la educación en su proyecto. Y, sobre todo, podemos mirar el presente.

Porque mientras algunos funcionarios hablan de “calidad educativa” desde los escritorios, son las maestras y los maestros quienes sostienen cotidianamente las escuelas.

Son quienes enseñan con salarios que no alcanzan. Quienes ponen el cuerpo frente a las desigualdades sociales. Quienes acompañan a estudiantes atravesados por problemas económicos, familiares y sociales. Quienes inventan recursos cuando faltan materiales. Quienes siguen formando incluso cuando el Estado abandona.

Por eso, el mejor homenaje no es una publicación con una frase de Sarmiento ni un acto protocolar. Es defender la escuela pública. Es defender el salario docente. Es defender el derecho a la educación. Es luchar contra el ajuste.

Y también es recuperar una idea sencilla: la educación no debe formar personas para adaptarse dócilmente a una sociedad desigual. Debe dar herramientas para comprenderla, cuestionarla y transformarla.

Feliz Día del Maestro a quienes enseñan, también a quienes se organizan y luchan. Porque frente a la barbarie del ajuste, educar también es resistir. Y resistir, cuando se trata de defender derechos, también es una forma de enseñar.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros