El tiempo corre y las promesas se desvanecen. Aquel pronóstico lanzado por el ministro de Economía allá por abril, donde auguraba el inicio de “los mejores 18 meses de la Argentina“, se encuentra con otra realidad muy distinta a la prometida. Las presiones de los sectores de poder para que la economía muestre algún síntoma real de reactivación son cada vez más fuertes, pero los guiños no aparecen. El gobierno, con Luis Caputo a la cabeza, ensaya tímidas medidas que simulan un despegue, pero el modelo de Javier Milei sigue descargando sus peores consecuencias sobre las espaldas de la mayoría trabajadora.
En este escenario de urgencias, la semana pasada el oficialismo consiguió que la Cámara de Diputados le diera media sanción a su segundo régimen de “Inocencia Fiscal“. El gobierno necesita encender la aspiradora para sacar los dólares de los colchones, pidiéndole a los ahorristas (y a los sectores más turbios de la economía) que traigan su plata al país. Sin embargo, mientras el ministro apura al resto para que apueste por la Argentina, acaba de quedar en evidencia que ni él mismo confía en el programa que dirige: sus propios dólares descansan, seguros e intocables, en el exterior.
La caja fuerte, siempre bien lejos del país
La última declaración jurada que el titular del Palacio de Hacienda presentó ante la Oficina Anticorrupción es un escándalo de proporciones y expone dos verdades innegables. La primera es la obscena cantidad de plata que amasa el “Messi de las finanzas“. La segunda, la nula confianza que tiene en su propia gestión económica.
De los 13.030 millones de pesos que Caputo declara tener en formato de ahorros y depósitos líquidos, más de 12.422 millones están radicados fuera del país. Esto significa que un poco más del 95% de su dinero está a salvo de las políticas que él mismo diseña. El grueso de esa fortuna (unos 11.739 millones de pesos al tipo de cambio actual) descansa en una cuenta corriente en dólares en el extranjero.
¿Qué dejó el ministro en la Argentina? Apenas la caja chica. Su confianza en el sistema financiero local se reduce a poco más de 600 millones de pesos, repartidos en cinco plazos fijos y unas cuentas con saldos que rozan lo ridículo para su nivel de patrimonio: declara una caja de ahorro con $581.680, otra con $742 y una insólita cuenta con apenas $44. En efectivo, asegura tener 122 mil pesos y el equivalente a un centavo de dólar.
El producto de JP Morgan y su vida paralela
Lejos de la realidad de los millones de laburantes a los que les exige esfuerzo y paciencia, Caputo cerró el ejercicio 2025 con un patrimonio total declarado de $19.509 millones, lo que representa un fenomenal salto del 64,6% respecto a los $11.851 millones con los que había arrancado el año.
La desconexión de este ex ejecutivo del JP Morgan con la vida cotidiana de las mayorías queda plasmada en la lista de sus bienes. Su realidad se reparte entre una casa de 365 metros cuadrados en Capital Federal, un departamento de 200 metros cuadrados heredado en Recoleta, una imponente casa de 617 metros cuadrados en Villa La Angostura, un lote de más de 3.700 metros cuadrados en el exclusivo Benavídez y un campo de 800 hectáreas en Alberti. A esto se le suma una flota de lujo que incluye un yate, un gomón, un vehículo Volvo, dos camionetas Kia y un cuatriciclo.
En el rubro de las inversiones, el ministro tampoco se queda atrás. Declara 61 millones de pesos en acciones de Anker Latinoamericana (la consultora que compartía con el actual titular del Banco Central, Santiago Bausili), 888 millones en la sociedad canadiense Ancora Investments LP, y millonarias participaciones en empresas agropecuarias como Palmeral Chico y Sacha Rupaska.
Todo esto, por supuesto, omitiendo en su declaración las firmas radicadas en guaridas fiscales de las Islas Caimán (como Noctua), de las cuales se comprobó que fue fundador y administrador en el pasado.
La estafa de un gobierno de ricos
La contradicción es una burla para todos. El mismo ministro que se pasea por los medios exigiendo que los argentinos liquiden sus ahorros, repatríen capitales y confíen en el peso, es el primero en mantener su gigantesco patrimonio a resguardo en dólares y en el exterior. Su declaración jurada directamente niega lo que sus anuncios intentan tapar: ni los propios funcionarios libertarios están dispuestos a arriesgar un solo peso en la economía recesiva que vienen construyendo.
No podemos seguir permitiendo que los destinos del país estén en manos de personajes que viven en una realidad paralela a la de cualquier familia trabajadora. Un ministro con un patrimonio multimillonario en dólares jamás legislará ni tomará medidas pensando en los salarios de miseria o en los despidos masivos; gobernará, como lo hace Caputo, para garantizar los negocios de su propia clase social. Es momento de terminar de una vez por todas con esta vida de privilegios. La política no puede ser el pasatiempo de los millonarios de Wall Street que vienen a jugar con el hambre de la gente. Todo funcionario público, incluso los ministros, deben estar obligados por ley a vivir como un trabajador más, cobrando el mismo sueldo que un docente o un obrero calificado, y utilizando la escuela y el hospital público. Solo así, cuando sus vidas dependan de las mismas condiciones materiales

