¡Afuera!. Trump margina a Milei de la importación de carne

La marginación de la Argentina en el cupo de carne de Estados Unidos y la caída del consumo

Parece que la estrategia de sumisión absoluta no siempre paga. Desde que asumió la presidencia, Javier Milei ha convertido la diplomacia argentina en un club de fans de Donald Trump, arrastrando al país a un alineamiento automático con los intereses de Washington. Sin embargo, en el mundo real de los negocios capitalistas, regalarse de esa manera no garantiza ningún trato preferencial.

El último cachetazo que recibió el gobierno libertario vino de su máximo ídolo. En las últimas horas, Trump firmó un decreto para abrir un cupo extraordinario de importación de carne vacuna sin aranceles para contener los precios en las góndolas norteamericanas, y marginó por completo a la Argentina. El “Make America Great Again” no tiene lugar para los súbditos incondicionales del sur. Paradójicamente, el gran ganador de esta jugada terminó siendo Brasil, dejando en evidencia que los discursos fantasiosos de la ultraderecha (que bautizan a todo el mundo de “comunista”) se desmoronan por completo ante este tipo de acuerdos, demostrando que el pragmatismo comercial de Estados Unidos no se fija en etiquetas ideológicas a la hora de hacer negocios.

Entre el proteccionismo yanqui y la sumisión de Milei

La decisión de la Casa Blanca habilita el ingreso extraordinario de 300.000 toneladas de carne vacuna magra sin aranceles a partir del 1° de septiembre. ¿El motivo? Urgencia económica pura. Estados Unidos enfrenta su stock ganadero más bajo en 75 años por las sequías y el bloqueo al ganado mexicano. Ante la escasez, el precio de la carne picada se fue por las nubes y la orden de Trump fue clara, hay inundar el mercado con cortes importados y forzar un descuento del 25% en los precios al consumidor. Un nivel de intervencionismo estatal que a nuestro anarcocapitalista local le daría un brote psicótico.

La proclama dejó afuera expresamente a los países que ya tienen cuotas asignadas, como Argentina. Así, la enorme cuota quedó reservada para la categoría de “Otros países“, un pelotón liderado con comodidad por Brasil. Esta cachetada de realidad muestra que, para Trump, Milei a pesar de presentarlo como un aliado estratégico; es apenas un lacayo al que no hace falta darle concesiones comerciales para tener su obediencia. Han regalado la soberanía y la política exterior por unos minutos de fama en conferencias de ultraderecha, pero a la hora de los números, Washington negocia con los países que tienen peso específico, dejando al gobierno argentino con las manos vacías.

La crisis fronteras adentro: el asado que ya no comemos

Pero supongamos que Trump hubiera incluido a la Argentina en este mega-cupo y los frigoríficos locales inundaran Estados Unidos con carne. ¿Eso solucionaría nuestro problema? Absolutamente no. Bajo el modelo libertario ocurre exactamente lo contrario: mientras más se exporta, menos comemos nosotros.

Bajo el gobierno de Javier Milei, el consumo de carne vacuna ha tocado su peor nivel en dos décadas. Según el informe[i] del Instituto Argentina Grande (IAG), el consumo per cápita se desplomó de 53,3 kilos anuales en noviembre de 2023 a tan solo 46,3 kilos en julio de 2026. Desaparecieron 7 kilos de carne por persona en este corto periodo de tiempo. Para ponerlo en otros términos, al año, se comen 14 asados menos que en 2023.

El asado de los domingos dejó de ser el ritual común de los domingos para convertirse en un lujo de pocos. Hoy, el precio promedio de un kilo de carne vacuna en el AMBA ronda los $18.470, y cortes como el vacío pueden perforar los $21.000. El impacto social es devastador. El caso de La Plata, como lo muestra el informe del IAG, es un termómetro perfecto. En la capital bonaerense, los comerciantes denuncian que la gente sustituye la vaca por pollo y cerdo, y que la poca carne que se vende se concentra entre el día 1 y el 15 de cada mes. De la quincena en adelante, cuando el sueldo se evapora, las carnicerías quedan vacías. Cuando el ingreso no acompaña, la gente simplemente deja de comer.

Dólares para pocos, hambre para la mayoría

Acá se cae a pedazos el relato de que “si a las empresas les va bien, nos va bien a todos“. Durante los primeros 7 meses de 2026, los ingresos en dólares por exportaciones de carne vacuna fueron un 62,4% superiores a los del mismo período de 2023. Solo en julio ingresaron 461 millones de dólares. Los grandes frigoríficos celebran la libertad de mercado, pero en paralelo, el abastecimiento doméstico cayó un 12% interanual.

Esta recesión brutal también se lleva puestos a los frigoríficos más chicos y a sus trabajadores. Por ejemplo, empresas como Devesa, en Azul, despidieron 100 trabajadores. Para los pulpos exportadores hay fiesta de dólares; para el trabajador de la carne hay despidos, y para el consumidor, precios inalcanzables.

Que los alimentos no sean un negocio de pocos

El papelón internacional con Estados Unidos y la brutal crisis alimentaria demuestran que la política de Milei es una máquina de generar miseria. Actuar como perrito faldero del imperialismo yanqui no trajo “lluvia de inversiones“, solo nos garantizó esta especie de humillación diplomática.

El problema de fondo es estructural y capitalista. Es criminal que la producción de alimentos de un país capaz de darle de comer a 400 millones de personas esté subordinada exclusivamente a la rentabilidad en dólares de un puñado de corporaciones, mientras millones de familias argentinas tienen que achicar sus porciones porque sus salarios no valen nada.

Se hace urgente avanzar hacia la nacionalización del comercio exterior. Solo el Estado, bajo estricto control de los trabajadores y consumidores, debe centralizar y administrar qué se exporta y a qué precio, priorizando siempre el abastecimiento pleno y barato del mercado interno. Hay que abrir los libros contables de los grandes formadores de precios y frigoríficos exportadores para desmantelar la especulación, atado a una recomposición general de los ingresos: nadie puede ganar por debajo del costo de la canasta familiar.

A las políticas de saqueo de Milei hay que oponerles un programa donde los recursos productivos del país dejen de ser el botín de la casta agroexportadora. No podemos sentarnos a esperar que Trump nos tire una migaja por lástima, acá lo que necesitamos es recuperar la soberanía sobre lo que producimos.


[i] https://argentinagrande.org/noticias/que-decimos-sobre-economia-21-de-agosto

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