Tras casi un mes sin pisar la Casa Rosada y refugiado en la Quinta de Olivos, Javier Milei volvió a Balcarce 50 para encabezar una reunión de gabinete. Entre especulaciones sobre su salud, derrotas parlamentarias y un clima de creciente descontento social y económico, el mandatario vuelve a su lugar de trabajo en medio de una crisis importante. Sin autocrítica algina, el Ejecutivo intenta ordenar una tropa diezmada con la mira puesta en el Congreso, mientras el círculo rojo y los propios aliados le marcan los límites a un modelo que está rodeado de discusiones.
La vuelta a la Rosada
Luego de 23 días de ausencia total en la sede de gobierno y un mes y medio sin convocar a sus ministros (su último encuentro formal había sido el pasado 9 de julio tras el Tedeum), Javier Milei volvió a pisar su despacho este lunes para encabezar una nueva reunión de gabinete.
El hermetismo y los largos días de aislamiento en Olivos alimentaron todo tipo de especulaciones, exponiendo la dinámica real de este gobierno. Mientras Javier Milei se encierra, es su hermana Karina quien ejerce una especie de presidencia en las sombras, concentrando la lapicera y decidiendo el rumbo de la gestión sin que nadie se atreva a cuestionarla.
La reaparición, casi obligada a su despacho, busca blindar la agenda parlamentaria del oficialismo de cara a una semana compleja. Con el antecedente inmediato del duro revés legislativo del pasado 6 de agosto (donde la presión de las calles obligó a mutilar el capítulo sobre la venta de tierras a extranjeros de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada), el Gobierno busca una victoria política rápida. Para ello, el Ejecutivo centrará sus esfuerzos en la Cámara de Diputados, donde este miércoles intentará conseguir dictamen y media sanción para dos iniciativas consideradas vitales para sostener el superávit fiscal: la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central (impulsada originalmente por el propio Presidente en cadena nacional)y el nuevo régimen de Inocencia Fiscal.
En la previa de estas discusiones, el mandatario recibirá este martes en la Casa Rosada a los bloques de diputados y senadores libertarios con el objetivo de disciplinar a la tropa y coordinar la estrategia en ambas cámaras.
¿Un gobierno a la defensiva?
El regreso del Presidente a la gestión cotidiana se da en uno de los peores momentos políticos de la gestión libertaria. Los días de encierro no sirvieron para calmar las aguas, más bien terminaron profundizando un desgaste que quedó expuesto en las recientes intervenciones públicas de Milei, marcadas por furcios, desvaríos y ataques virulentos contra quienes señalan la crisis.
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Como el Milei de campaña, lejos de cualquier tipo de moderación, el mandatario redobló la apuesta en sus discursos en el Council of the Americas y en la Bolsa de Cereales de Rosario, negando sistemáticamente la caída del consumo y la imposibilidad de las familias para llegar a fin de mes, en abierta contradicción con las advertencias que, hasta sus propios aliados, como Patricia Bullrich, se vieron obligados a deslizar ante el temor de una debacle electoral de cara a 2027.
Esta desconexión entre las palabras del presidente y la realidad económica, también, agudizó el nerviosismo de los sectores empresarios y hasta de una parte círculo rojo (factor de poder clave en la llegada de Milei al Gobierno), el cual hoy comienza a marcarle la cancha. Con sectores empresariales que pierden, una imagen de gobierno que preocupa de cara al 2027, la fragilidad parlamentaria que dejó impresa el 6 de agosto y los desajustes ante el aumento del riesgo país y un dólar cada vez más inquieto (factores que se relacionan con el momento del gobierno), los idas y vueltas con una parte del establishment parecen profundizarse.
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Las tensiones internas se multiplican: mientras la mesa política comandada por Karina Milei intenta ordenar el frente legislativo y contener a los gobernadores (en gestiones encabezadas por Diego Santilli), los desacoples discursivos del Presidente y la persistencia de escándalos internacionales de extrema gravedad, como la detención en Bolivia del operador digital Fernando Cerimedo por un intento de homicidio y su vinculación con los negociados de corrupción en la ANDIS, manchan de lleno al núcleo íntimo de la Casa Rosada.
Acorralado por sus propias derrotas, por el repudio social al ajuste y por un tablero económico que se desborda, el gobierno de Milei intenta reacomodarse a la fuerza. Sin embargo, las reuniones de gabinete y las transas de la superestructura ya no logran disimular el complicado momento de un modelo que profundiza el ajuste y encierra al oficialismo en un laberinto de debilidad del que, por ahora, se le hace difícil escapar.

