Partiendo de acuerdos programáticos y generales, hay polémicas recurrentes en la izquierda clasista sobre cómo intervenir en el movimiento obrero. Diferentes concepciones sobre frente único, modelo sindical y la relación entre lucha sindical y lucha política que pueden determinar que un proceso de pelea u organización avance o retroceda.
El surgimiento de una oleada de conflictos como el del Garrahan, docentes y salud en las provincias, así como en sectores privados, cuestiona a Milei y su plan, los gobernadores y las patronales. Aunque debe transitar caminos alternativos y superar la carrera de obstáculos que pone la burocracia, también incentiva un proceso que crece ante tanta traición, y sacude la conciencia de las y los trabajadores.
Un activismo que está en la raíz de esos conflictos, forjando direcciones combativas y generando un recambio sindical que crece desde el pie y está madurando. El germen de la nueva dirección que requiere una orientación precisa para desarrollarse y avanzar, combatiendo no solo contra la burocracia y las corrientes que capitulan al PJ, sino también contra posturas sectarias u oportunistas de sectores de la izquierda clasista, que es un actor en gran parte de esos procesos. Pero hay una disputa de proyectos y concepciones que generan políticas contrapuestas y diferentes respuestas a los interrogantes del nuevo activismo y esos nuevos dirigentes.
Hay políticas que empalman con las necesidades de este nuevo activismo, como las que impulsamos desde nuestra corriente ANCLA/MST y otros sectores combativos. Otras, como las que proponen el PO, PTS o IS, oscilan entre el sectarismo y el oportunismo, reproduciendo rasgos de la burocracia tradicional y su modelo sindical, con lo que terminan haciendo retroceder luchas y conquistas organizativas, facilitando que la burocracia recupere terreno.
En ese sentido desarrollamos polémicas y propuestas que seguiremos abordando desde estas páginas de Alternativa Socialista, como sobre la necesidad estratégica de una nueva central obrera. En esta nota pretendemos marcar tres cuestiones fundamentales: frente único y unidad de acción, modelo sindical, y la relación entre lucha sindical y lucha política.
Frente único y unidad de acción
Es evidente la profunda incomprensión del PO, pero también del PTS, de la dialéctica entre el frente único del sindicalismo combativo y la unidad de acción amplia para movilizar. La intervención en luchas como el Garrahan y los nuevos planteos de reagrupar al sindicalismo combativo reactualizan estos debates.
El ejemplo más reciente y clarificador es el del Garrahan, generado desde la APyT (Asociación de Profesionales y Técnicos). Con una política para la unidad de los sectores combativos de la salud en el Cabildo Abierto, que es una genuina coordinación sectorial que le dio un soporte fundamental al conflicto. Pero a la vez, con esa palanca en movimiento, convocaron a la mayor unidad de acción hacia una diversidad de sectores que tributan a diferentes espacios gremiales, sociales, políticos, culturales e incluso del sindicalismo tradicional. Ello posibilitó una masiva movilización de unidad en la diversidad a Plaza de Mayo, que no hubiera sucedido de otra manera, y fortaleció este complejo conflicto.1 Eso se logró desplegando siempre tácticas de unidad-enfrentamiento, y se pudieron derrotar las maniobras divisionistas de sectores del peronismo.
La unidad de los sectores combativos se hace alrededor de un programa más desarrollado. La unidad de acción puede darse alrededor incluso de un pliego de pocos o de un solo punto, siempre que el mismo sea correcto y se garantice la independencia política y organizativa. Hoy, como ayer en otros procesos, el Garrahan baja a tierra estos dilemas.
Lamentablemente en la izquierda hay concepciones diferentes que llevan a políticas contrapuestas, sectarias y oportunistas. Cuando hay que plantear la mayor unidad de acción, tanto PO como PTS pretenden restringirla a las expresiones ligadas a la izquierda trotskista o tienen actitudes divisionistas que se transforman en un obstáculo a la movilización.
También cuando hay que reagrupar a los sectores combativos se niegan a la integración de la diversidad de expresiones organizativas (sindicatos recuperados, nuevos organismos, oposiciones antiburocráticas, autoconvocatorias, agrupaciones clasistas) y también a las propias corrientes de la izquierda clasista, cuyo frente único debería ser la argamasa para que un reagrupamiento pueda transformarse en un polo de referencia para la pelea por una nueva dirección.
La experiencia del Plenario del Sindicalismo Combativo, que surgió con fuerte impulso, lamentablemente no pasó de ser una expresión limitada y testimonial, entre otros problemas, por la concepción hegemonista del PO/IS y el sectarismo y electoralismo del PTS, fuerzas que priorizan su propia construcción a los intereses de los trabajadores y el activismo que los refleja.
Ahora se plantea un nuevo intento2, pero si no se abordan los problemas que planteamos, será muy difícil dar forma a un polo y que ayude a dar apoyo a las luchas, a las nuevas direcciones y a disputarle a la burocracia.
Modelo sindical: ¿praxis o solo propaganda?
La discusión de modelo sindical es fundamental porque se trata del programa transicional para desarrollar el recambio sindical que despunta desde abajo. Y, junto al frente único, es clave y con polémicas que se reciclan3.
En la medida en que la izquierda ha ganado peso en el movimiento obrero, no siempre las experiencias redundan en progresos. Muchas veces se reproducen vicios burocráticos del viejo modelo sindical estatista, verticalista y de pensamiento único, y su resultante es la crisis y retroceso de sectores sindicales que se habían ganado, donde la burocracia vuelve a ganar terreno.
Por eso insistimos en la necesidad de romper con esta cultura imperante en la clase trabajadora, heredada de la burocracia tradicional peronista.
Para ello, disputar por un modelo de independencia de los gobiernos y patrones, democracia sindical e integración proporcional de las distintas tendencias para impulsar la lucha es clave. Y allí chocamos con concepciones y praxis arraigadas en otras corrientes de izquierda que son nocivas para las luchas y el recambio sindical que se necesita.
Debate no menor, ya que no es solo educativo hacia una dirección futura de conjunto, sino de aplicación práctica desde que logramos recuperar un espacio de dirección, así sea en sectores pequeños de nuestra clase. Como puede ser un delegado de sector, hasta un sindicato que organiza a miles.
La independencia del Estado no puede ser declamativa, limitada a reclamar la derogación de las leyes de asociaciones sindicales para que los sindicatos no sean agencias de los ministerios de Trabajo, lo que condiciona su vida interna. Se trata de no ser esclavos de sus Estatutos totalmente antidemocráticos, y no usarlos de excusa para no aplicar la democracia obrera. O negarse a democratizarlos cuando se gana la dirección de un sindicato.
El segundo eje es la democracia sindical. Partiendo de la consigna «que la base decida todo». Es incomprensible que, cuando parte de la izquierda tiene responsabilidad de dirección en un sindicato, también en este aspecto reproduzca metodologías de la burocracia sindical. Los cuerpos de delegados deben funcionar con mandato, las asambleas ser soberanas para todo. Los comités de lucha electos, cuando los organismos estatutarios sean superados por la movilización. El PO ha denostado históricamente esta consigna. Para nosotros, sintetiza una tarea fundamental en la disputa por la dirección sindical. Es una consigna educativa para que la clase obrera se autodetermine y asuma la conducción, no solo de los sindicatos sino en la perspectiva del poder y de los organismos obreros de doble poder que lo sustenten.
Por último, el pensamiento único es otro estigma del viejo modelo que cuesta desterrar apenas se conquista una interna, seccional o sindicato. «No se puede dirigir con diferencias» es una premisa de la vieja burocracia peronista que lamentablemente se refleja en nuevas direcciones que se niegan a integrar a las demás tendencias en función de su representatividad real.
La unidad es siempre en la diversidad. La uniformidad anula el debate y la elaboración colectiva y divide. Es el imperio de la lista única donde “el que gana conduce y el que pierde acompaña”. Concepción que lleva a dividir la base.
Por el contrario, la integración proporcional de distintas corrientes de opinión en todas las instancias orgánicas de acuerdo a los votos de cada lista o sector que se expresan en un sindicato garantiza poder luchar en unidad frente a la patronal y los gobiernos. Reformar los estatutos e institucionalizarlos es clave. Aunque, mientras se pelea por ello, no puede utilizarse de excusa para no integrar a la diversidad.
Del dicho al hecho
Hay ejemplos ilustrativos de la tendencia a ceder a las presiones del viejo modelo, una presión social objetiva, que muestra que ganar una conducción por los sectores de la izquierda no es garantía de un cambio democrático y combativo.
Así como resaltamos a la APyT como un lugar donde se practica el cambio de modelo, hay ejemplos donde los programas de democracia sindical pasan a ser “letra muerta” al asumir y al llegar el momento de aplicarlos.
Una gran conquista del clasismo, hoy en retroceso, es el SUTNA. Donde equivocadamente se desoyeron, por la conducción mayoritaria de la Lista Negra orientada por PO, los reclamos de parte importante del activismo, los trabajadores y de nuestra corriente. Desde la Gris y ANCLA batallamos hace tiempo por el modelo sindical para evitar lo que hoy es una grave crisis.
En la última elección se ganó en todas las fábricas, se terminó de barrer a la vieja dirigencia y no había excusas para no profundizar la democracia, necesaria para defender las conquistas logradas. Hoy el sindicato se redujo en afiliados genuinos, se perdieron conquistas, pasaron despidos y la directiva se dejó de convocar, quedando reducida a una mesa chica hegemonizada por el Partido Obrero y la estructura se fue verticalizando.
Pasaron dos mandatos “combativos” y hubo una negativa expresa a reformar el Estatuto para democratizar a fondo. El gremio sigue con el Estatuto de la burocracia de Waseijko (CTA-T). No se trata de excusas, sino de una concepción de mantener esa estructura antidemocrática.
Se debilitó la soberanía de las asambleas, que se transformaron en monólogos del oficialismo y en instancias para bajar la línea y “facultar” a la mesa chica para que decida, debilitando las acciones y la unidad para enfrentar la ofensiva de la patronal.
El PO, lejos de ensayar una sola autocrítica, descalifica con calumnias a varios de los sectores que eran parte de la conducción que derrotó a la burocracia y que hoy se reflejan en listas de oposición. Esto es una muestra clara de su visión equivocada, que necesita “uniformidad” y no puede conducir integrando las diferencias. Un estigma evidente de la reproducción del viejo modelo de la burocracia peronista de pensamiento único. Desde el Frente Multicolor, nuestros compañeros de la Gris impulsan en unidad la pelea por el cambio del modelo sindical.4
Marcar a fuego estos problemas y abrir estos debates es crucial. El SUTNA es la crónica de un proceso anunciado. Aunque desde que la izquierda ganó terreno en el movimiento obrero, estos problemas están presentes. Esto se expresó en otros gremios donde nunca se integraron las diferentes tendencias, como en la Unión Ferroviaria Oeste donde, además, el cuerpo de delegados funciona sin mandatos de los sectores. O el caso de ADOSAC (docentes Santa Cruz), donde se suceden conducciones independientes de la burocracia Celeste hace años, pero jamás se plantea cambiar sus Estatutos. Esta es una batalla cultural, no solo de propaganda. Es de aplicación práctica apenas se accede a una representación sindical.
Lucha sindical y lucha política: nuevo viejo debate
Hay otra polémica de importancia estratégica enorme. Tanto PO como IS separan la pelea sindical de la lucha política, y el PTS cae en esa concepción al reducirla al plano electoral en el marco del régimen burgués.
Se reeditan debates transitados en el desarrollo de la clase obrera: “los trabajadores deben limitarse a la lucha económica en los sindicatos”; “el sindicalismo y la política deberían marchar por carriles separados”; “la política para los políticos y el sindicalismo para los obreros”.
Es un debate en la historia del movimiento revolucionario, primero con el oportunismo anarquista, luego con el reformismo socialista. La Primera Internacional ya sentenciaba que predicar la abstención política a los obreros era «arrojarlos a los brazos de la política burguesa».5 También Lenin dedicó parte del Qué hacer a advertir sobre la lucha sindical y la lucha política, sobre el carácter político que hay que imprimirle a la lucha económica.
Y la III° Internacional marcó cuál debe ser la estrategia de los revolucionarios en los sindicatos: «es importante que los comunistas de todos los países formen parte de los sindicatos para convertirlos en órganos conscientes para la liquidación del régimen capitalista y el triunfo del comunismo (…) Sólo de esta forma será posible apartar de los sindicatos a sus líderes oportunistas, poner a los comunistas en la dirección y hacer de estas organizaciones un arma de la lucha revolucionaria por el comunismo…».
Contrario a PO, Lenin nos decía que la lucha económica del proletariado se transforma en lucha política mucho más rápido en esta época de decadencia capitalista. Y que los revolucionarios «deben tender a realizar, en la medida de lo posible, una unión perfecta entre los sindicatos y el partido comunista, subordinándolos a este último, vanguardia de la revolución».6
En nuestro país la historia del movimiento obrero demostró también una ley de hierro: la indisoluble unidad entre el desarrollo de la dirección sindical con los recambios en su dirección política, y la necesidad de los revolucionarios de disputar esa dirección.
Las corrientes anarquistas primero y socialistas reformistas luego no estuvieron a la altura. Menos el Partido Comunista con sus traiciones a las luchas obreras, al posibilitar que se entronicen el PJ y su burocracia sindical. Porque fueron quienes instituyeron su nefasta premisa de que “no se hace política en los sindicatos” para instaurar la cultura del pensamiento único: “los sindicatos son de Perón”.
Las corrientes centristas o del «clasismo» de los ‘70 también educaron a la clase en que no había que hacer política y terminaron frustrando a camadas enteras, entregando a direcciones burguesas como el PJ la dirección del movimiento obrero y abortando los procesos de recambio sindical.
Esta postura del PO tiende a repetir estas experiencias que llevaron a un callejón sin salida a valiosas camadas de activistas. No se pueden reproducir argumentos similares a los de la burocracia del PJ, que apela al atraso político de la clase para frenar todo avance de la izquierda. No ayuda a pelear por una nueva dirección clasista y combativa.
Algunos consejos de Trotsky
El PO y su CSC siempre rechazan “mezclar”, no solo a los partidos de izquierda en el ámbito sindical, sino también a las agrupaciones ligadas a la izquierda. Para argumentar sus posturas sindicaleras, distorsionan un hecho cierto: que los sindicatos representan a la totalidad de los afiliados y que la izquierda es minoritaria aún. Pero Trotsky aconseja lo contrario, al recordar que los sindicatos en esta época de decadencia, tienen muy limitado su rol de promover las luchas económicas como en la etapa de desarrollo capitalista.
«Los sindicatos actualmente no pueden ser simplemente los órganos democráticos que eran en la época del capitalismo libre y ya no pueden ser políticamente neutrales, o sea limitarse a servir a las necesidades cotidianas de la clase obrera. Ya no pueden ser anarquistas, es decir que ya no pueden ignorar la influencia decisiva del Estado en la vida del pueblo y de las clases. Ya no pueden ser reformistas, porque las condiciones objetivas no dan cabida a ninguna reforma seria y duradera. Los sindicatos de nuestro tiempo pueden servir como herramientas secundarias del capitalismo imperialista para la subordinación y adoctrinamiento de los obreros y para frenar la revolución, o bien convertirse, por el contrario, en las herramientas del movimiento revolucionario del proletariado. La neutralidad de los sindicatos es total e irreversiblemente cosa del pasado. Ha desaparecido junto con la libre democracia burguesa.7
El PO diluye el rol de la izquierda, reduciéndose al de “acompañante” de los procesos sindicales, lo cual se sitúa en las antípodas de lo planteado por Trotsky.
Una vez más… ¿Qué hacer?
Pelear por una política correcta de la izquierda en el movimiento obrero es clave. Intervenir en la vida de un sindicato es en función de disputar su dirección. Por eso, además de las propuestas inmediatas o salariales, hay que llevar y disputar por el programa y pelear contra las tendencias más atrasadas y no cederles, como proponen PO e IS. O también el PTS, que entiende la intervención política limitada al terreno electoral o subordinando las necesidades de la base obrera a su propia construcción.
Por supuesto partimos de que en los sindicatos hay todo tipo de sectores y opiniones. Y eso implica la necesidad de democratizar su vida interna, cambiar sus estatutos y garantizar que todas las corrientes se expresen proporcionalmente, según el apoyo que tienen en la base, en la dirección del sindicato y en todos sus organismos. Así sí se defiende la democracia obrera.
A su vez, hacer política, lejos de «aparatear» como dicen las corrientes pequeñoburguesas o burocráticas, es fundamental para desarrollar la lucha hasta el final, dando una perspectiva desde el programa y la organización revolucionaria.
Por otra parte, ganar la mayoría de la conducción de un sindicato no significa que automáticamente se coronen de clasistas, como opina PO. Es un paso importante, pero es una primera fase, la de «recuperación». Para avanzar hay que disputar, ganar para la izquierda, su programa y acciones a esos organismos. Y ganarlos para un modelo sindical democrático.
Hacer lo opuesto, adaptarse al aparato, cederle a lo más atrasado para «cuidar» el coto de caza y reproducir los vicios del viejo sindicalismo es funcional a la burocracia y a las direcciones de turno del PJ o las corrientes reformistas.
Estos debates van de la mano de una postulación del Frente de Izquierda Unidad en el movimiento obrero que supere su estadio electoral, se abra a incorporar nuevos sectores que adhieran al programa y se transforme en una alternativa para disputar sectores y proponerse como alternativa de poder.
Mantener una posición sindicalista y electoralista hace que toda mención en los programas de las fuerzas de la izquierda clasista por el gobierno de los trabajadores se limite a una expresión de deseos. Hacemos estos debates y aportes por entenderlos como claves para avanzar a paso firme en una nueva dirección sindical y política, que necesitamos para el conjunto del movimiento obrero.
Referencias bibliográficas
- https://periodismodeizquierda.com/garrahan-lucha-historica-y-una-nueva-etapa/
- Plenario del sindicalismo combativo, los piqueteros y jubilados – Periodismo de Izquierda
- Pacagnini, Latorre, López. Sindicalismo Combativo, conceptos y herramientas. Ed. La Montaña, 2019.
- SUTNA. Debate con el PO sobre su orientación – Periodismo de Izquierda
- Conferencia de la I Internacional, Londres, 1871.
- Tesis del 2do congreso de la III Internacional,1920.
- Trotsky, Los sindicatos en la época de transición, 1938.




