Del empleo registrado a la precarización. Quienes pierden su trabajo ganan hasta un 28% menos

Un informe revela que miles de trabajadores despedidos del empleo formal terminan refugiándose en el cuentapropismo o la informalidad con ingresos muy inferiores. Mientras el Gobierno celebra la flexibilización laboral como una vía para generar empleo, los datos muestran un mercado de trabajo cada vez más precario, con menos derechos y salarios más bajos.

El “refugio” de la precarización

El deterioro del mercado laboral durante el gobierno de Javier Milei continúa dejando nuevas señales de alarma. Según un informe elaborado por C-P Consultora sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), los trabajadores que pierden un empleo privado registrado y logran reinsertarse como cuentapropistas sufren una caída del 28% en sus ingresos reales. Incluso quienes consiguen un empleo informal pierden, en promedio, un 14% de su poder adquisitivo. 

Los datos muestran que la informalidad se convirtió en el principal refugio frente a la destrucción del empleo registrado. Sin embargo, ese refugio está lejos de significar una mejora: implica salarios más bajos, ausencia de estabilidad, falta de aportes jubilatorios, vacaciones pagas, licencias y cobertura social.

De acuerdo con el estudio, casi la mitad de quienes pierden un empleo formal privado terminan trabajando como asalariados no registrados, mientras que más de una cuarta parte pasa al cuentapropismo. Solo una minoría logra ingresar al empleo público. 

En otras palabras, el desempleo no crece aún más porque muchos trabajadores aceptan ocupaciones de peor calidad para sostener algún ingreso. La consecuencia es un mercado laboral cada vez más fragmentado. Mientras el desempleo pasó del 6,9% al 7,8% entre 2023 y 2026, la informalidad avanzó hasta alcanzar al 44,2% de los ocupados, uno de los niveles más altos de los últimos años. 

El costo del ajuste

Desde que asumió Milei, el empleo registrado viene retrocediendo en sectores como la industria, la construcción, el comercio y el Estado. En paralelo, crecieron el trabajo por cuenta propia, las plataformas digitales y otras formas de empleo sin protección laboral.

Para el Gobierno, este fenómeno suele presentarse como una muestra de mayor “libertad” para emprender. Pero la realidad es que, en la mayoría de los casos, el cuentapropismo no surge por elección sino por necesidad.

Quienes antes contaban con un salario estable hoy deben generar sus propios ingresos, asumir todos los costos de su actividad y enfrentar una mayor incertidumbre económica.

La reforma laboral y sus consecuencias

Estos datos desmienten uno de los principales argumentos del oficialismo: que la flexibilización laboral generaría más empleo y mejores oportunidades.

Lo que muestran las estadísticas es un reemplazo del trabajo registrado por formas de ocupación más precarias y peor remuneradas. La pérdida de derechos laborales no vino acompañada de empleos de calidad, sino de una expansión de la informalidad y del autoempleo de subsistencia.

La reciente reforma laboral y el avance sobre convenios colectivos profundizan esa tendencia, debilitando la capacidad de negociación de los trabajadores y trasladando cada vez más riesgos a quienes viven de su fuerza de trabajo.

Trabajar más para ganar menos

La imagen que deja el informe es contundente: perder un empleo formal no solo implica quedar sin trabajo por un tiempo. También significa, para la mayoría, regresar al mercado laboral en peores condiciones y con ingresos considerablemente menores.

Mientras el Gobierno insiste en mostrar indicadores macroeconómicos como señal de éxito, la realidad cotidiana de millones de trabajadores es otra. Más personas consiguen algún tipo de ocupación, pero cada vez son más las que lo hacen sin derechos, sin estabilidad y cobrando menos.

El crecimiento del cuentapropismo y de la informalidad no representa una recuperación del empleo, sino la consolidación de un modelo donde el ajuste no solo destruye puestos de trabajo, sino que también reemplaza derechos conquistados por décadas de lucha con relaciones laborales cada vez más precarias.

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