El presidente argentino participó en la asunción de Keiko Fujimori en Perú y continúa una gira que lo acerca cada vez más a los principales referentes de la ultraderecha latinoamericana. Tras su paso por Brasil junto al bolsonarismo, el mandatario busca fortalecer un bloque regional alineado con Donald Trump y con un programa basado en el ajuste, las privatizaciones y el enfrentamiento contra las organizaciones populares.
La política exterior de Javier Milei nunca respondió a los intereses de la Argentina y en este caso se convierte en una herramienta de construcción política de la ultraderecha internacional. Su presencia en Perú para asistir a la asunción de Keiko Fujimori es un nuevo paso en una estrategia que apunta a consolidar un bloque regional de gobiernos y dirigentes conservadores bajo la influencia de Donald Trump.
La imagen de Milei junto a Keiko Fujimori, heredera política del fujimorismo, se suma a las fotografías de los últimos días con Flávio Bolsonaro y el gobernador paulista Tarcísio de Freitas en Brasil. En todos los casos, el objetivo es el mismo: fortalecer una red política continental que comparta un mismo programa económico y una misma agenda ideológica.
Del Grupo de Lima a una nueva derecha continental
La elección de Perú no es casual. Distintos analistas señalan que el oficialismo argentino busca reconfigurar un espacio regional similar al antiguo Grupo de Lima, pero con un perfil aún más radicalizado y plenamente identificado con la nueva ultraderecha internacional.
En ese esquema aparecen como aliados naturales figuras como Keiko Fujimori, el bolsonarismo brasileño y otros dirigentes que reivindican el endurecimiento represivo, el ajuste económico, la reducción del Estado y una alineación sin matices con Washington.
El propio Milei no oculta esa orientación. Desde antes de asumir manifestó su afinidad con Donald Trump y convirtió ese vínculo en uno de los ejes centrales de su política exterior.
Mucho más que una afinidad ideológica
No se trata solamente de una coincidencia discursiva. Los sectores que Milei busca articular comparten un programa económico favorable al gran capital: privatizaciones, reformas laborales, flexibilización de derechos, apertura irrestricta de los mercados y beneficios para las grandes corporaciones, junto con una ofensiva permanente contra sindicatos, movimientos sociales, feminismos y organizaciones de derechos humanos.
La llamada “batalla cultural” funciona como complemento de ese proyecto económico. Mientras se instalan debates sobre inmigración, diversidad o seguridad, avanzan políticas que deterioran salarios, jubilaciones y condiciones laborales.
Una política exterior subordinada
Lo central es que la Argentina se aleja aun mas de una política de integración latinoamericana para convertirse en un engranaje de una estrategia geopolítica impulsada por la ultraderecha internacional y estrechamente vinculada a los intereses de Estados Unidos.
Las recientes reuniones con el bolsonarismo, la visita de Kristalina Georgieva, el alineamiento con Trump y ahora el respaldo político al nuevo gobierno peruano muestran una misma orientación: construir un bloque regional dispuesto a aplicar programas de ajuste, garantizar negocios para las grandes multinacionales y contener mediante la represión las respuestas sociales que esas políticas generan.
La respuesta no puede venir desde arriba
Mientras Milei dedica buena parte de su agenda internacional a fortalecer una alianza entre gobiernos y dirigentes de extrema derecha, millones de trabajadores en América Latina enfrentan problemas comunes: salarios deteriorados, precarización laboral, inflación, endeudamiento y avance del extractivismo.
Frente a esa “internacional reaccionaria”, la alternativa pasa por fortalecer la unidad y la solidaridad entre los trabajadores y los pueblos del continente. No para disputar quién administra mejor el ajuste, sino para construir una integración latinoamericana independiente de Washington, del FMI y de las élites económicas que hoy encuentran en Milei uno de sus principales representantes políticos.

