El 15 de julio de 2010, hace 16 años, se conquistaba en Argentina la Ley de Matrimonio Igualitario, siendo el primer país de latinoamérica en lograrlo y el décimo en el mundo. Contra toda norma del capitalismo patriarcal, el movimiento lgbtiqnb+ sumaba otro logro en la historia. Un avance clave para nuestro colectivo: un reconocimiento legal y un paso más contra la discriminación y opresión.
En la madrugada del 15 de julio se aprobaba en la Cámara de Senadores la Ley N° 26.618, con 33 votos afirmativos por sobre 27 negativos y 3 abstenciones. Horas de debate dentro del recinto mientras cientos esperaban en una vigilia fuera del Congreso. Los votos negativos no discriminaron de color político, todos los bloques mayoritarios aportaron contra la ley tanto en Senadores como en Diputados, pero aún así lo logramos.
Fue la conquista de una ley necesaria, no solo por el derecho concreto al matrimonio y al amor en todos sus colores, sino por la legitimidad de nuestras orientaciones sexuales que nos permitió dar un salto en la lucha por la transformación social.
Los inicios de la lucha
Décadas de lucha llevaron a nuestro movimiento a conquistar el matrimonio igualitario, entre otros derechos. Las disidencias en nuestro país comenzaron a organizarse en los 70’ previo a la dictadura sangrienta -donde también las identidades sexuales fueron foco de persecución por el gobierno militar- con la construcción del Frente de Liberación Homosexual en 1971. Con el pasar de los años, diversos grupos se fueron creando y sumando a la lucha por la liberación sexual.
Carlos Jáuregui, pionero y referente de la lucha por los derechos lgbt+ en nuestro país, funda en 1990 la organización Gays por los Derechos Civiles (Gays DC) motorizando la primera marcha del orgullo en Argentina en 1992: unas 200 personas salieron por las calles de Buenos Aires, la mayoría con máscaras, y un solo partido político presente, el MST.

Al poco tiempo, junto a Gays DC comienza a activar por un proyecto de ley de unión civil que se logra presentar por primera vez y sin éxito en 1994.
“Años atrás, la represión policial era nuestra principal
preocupación. A partir de la epidemia de sida,
nuestro mayor problema es la herencia.”
Esto declaraba Carlos J. en 1994, que tras la muerte de su pareja en 1988 se queda sin vivienda. Para él, estos tiempos requerían pensar un contrato que amerite garantizar los derechos que provienen de un vínculo. Sí, tenemos derecho a amar a quién se nos cante, pero Jauregui también lo pensó materialmente, porque convivimos y tenemos derecho a heredar, a la cobertura médica y también a adoptar. En sus comienzos él hablaba de un contrato que incluso podría servir para los heterosexuales, no podía pensar solo en el derecho al matrimonio como tal porque ante todo también era un militante anticlerical que ya buscaba romper con los conceptos patriarcales de la institución familiar que instala la Iglesia Católica en nuestro país.
Una vez tirada la dictadura en nuestro país, el movimiento lgbt+ se sigue organizando y luchando incluso junto a los movimientos de derechos humanos emergentes de las Madres de Plaza de Mayo. El pueblo argentino logró avances de aquellos que al capitalismo y sus instituciones les dolía. Derecho al divorcio en 1988. En 2002, en CABA, se aprueba la unión civil entre personas del mismo sexo y en 2010, para todo el país, se aprueba el matrimonio igualitario. Efectivamente el MST junto con su referente el recordado y querido Pablo Vasco, recientemente fallecido, participó de la conformación de la comisión por el matrimonio igualitario. Pero esa pelea fue un ejemplo para el futuro, ya que la variedad de agrupaciones, organizaciones y espacios que conformaron la comisión mostraron la unidad en la diversidad y el respeto a las diferencias con el fin de lograr la aprobación del matrimonio igualitario. Un logro que fue festejado ampliamente.
Se conquistó en 2006 la Educación Sexual Integral. En 2012 la Ley de Identidad de Género. En 2015, el Cupo Laboral Trans en CABA, primero, luego en otras provincias y, finalmente, en 2021 en todo el país. Y en 2020 la ola verde conquista el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
¿La Iglesia? Un poco más que hater
Más allá de quienes intentaron frenar el avance de esta ley dentro de los bloques políticos, el sector que puso el grito en el cielo fue, para sorpresa de nadie, la Iglesia Católica. Sí, la misma que décadas atrás estaba bendiciendo el golpe de Estado de 1976 en manos de los militares. Quien puso el grito en el cielo, mejor dicho, en el Poder Legislativo, fue el entonces arzobispo porteño Jorge Bergoglio (luego Papa Francisco) para presionar en contra e incluso movilizar en defensa de la familia heterosexual, acusando a nuestro movimiento como una campaña del demonio. Pero el colectivo lgbt+ supo avanzar en la conquista de derechos y en la conciencia de la sociedad. Esto llevó a que, para la Iglesia, de delincuentes y pecadores pasemos a ser solo pecadores. Un telefonazo para la antigua institución, no necesitamos ni bendiciones ni perdón, necesitamos que haya nula injerencia sobre nuestras vidas: Iglesia y Estado, asuntos separados.

¿Quiénes sí y quiénes no? ¿Cuándo no y cuándo sí? En los diferentes momentos de la lucha de las disidencias, desde los reformismos hasta en las izquierdas, las reivindicaciones de nuestro colectivo fueron o un problema o una oportunidad para los distintos espacios de la política de nuestro país y por eso los invito a leer el siguiente artículo: A 12 años del matrimonio igualitario todos los amores son iguales
Matrimonio igualitario en tiempos de ultraderecha.
En el mundo vemos el avance de la ultraderecha con una ofensiva directa hacia las mujeres y disidencias como parte de su agenda antisocial y antidemocrática y vienen a avasallar aquellos derechos que hemos obtenido con tantos años de lucha. Frente a esto hay una pregunta fundamental, ¿qué significados adquiere reivindicar y defender lo conquistado?
En Argentina, Milei representa al sector del capitalismo patriarcal que busca dar la batalla cultural e ideológica para reinstaurar los roles sociales de género y la familia tradicional. Lo hace cuestionando el derecho a decidir de los cuerpos gestantes contra el aborto legal, cuestionado la Educación Sexual Integral contra las infancias y adolescencias libres, atacando nuestras identidades y la Ley de Identidad de Género y desfinanciando los dispositivos de género que intentan disminuir la desigualdad, entre otras cosas. Pero principalmente contribuye a la validación de los discursos de odio desde el poder estatal que se ve reflejado directamente en el aumento de los crímenes de odio con mayor cantidad de víctimas mortales. Una guerra cultural que incluso se vuelca contra los progresismos, que también han decepcionado a las mayorías sociales por falta de mejoras en la calidad de vida.
Frente a esto sabemos que los derechos que supimos conquistar no están a salvo, sino que hay que defenderlos. Y es en las calles y organizades, así como los conseguimos, así podremos cuidarlos.

El desafío de la igualdad legal a la igualdad real
Que los derechos conquistados corran riesgos con los distintos gobiernos que pasan nos demuestra que este capitalismo patriarcal, cada vez más en crisis, es incapaz de garantizarnos la vida que nos merecemos. Vida en la que podamos amar a quién sea, en la que podamos tener un techo garantizado o en la que podamos llegar a fin de mes. Se vuelve más claro todavía que es utópico que este sistema se reforme para que las mayorías vivamos dignamente.
Pero el panorama no es desolador. En todo el mundo vemos cómo los pueblos luchan contra las políticas de odio, de ajuste, de represión y de guerras que proponen los poderosos. Las enormes marchas antifascistas y en defensa de la Educación y la Salud en Argentina, las acciones en todo el mundo en solidaridad con el pueblo palestino, las protestas contra Trump y el ICE en el corazón del imperialismo demuestran que aún los pueblos no nos resignamos a que el mundo no sea nuestro.
A 16 años de la conquista del derecho al matrimonio igualitario, seguimos recordando lo que, a comienzos de la historia de nuestro colectivo en Argentina tenía claro. “Amar y vivir libremente en un país liberado” era la consigna, porque mientras nos sigan oprimiendo y explotando no hay posibilidad de igualdad real. Se vuelve cada vez más necesario la unidad en la diversidad con todas las luchas para ganarle a los planes de los fachos reaccionarios. Pero también la tarea de seguir organizándonos en todos lados, no para sobrevivir, sino para conquistar el mundo que nos merecemos, sin explotación, sin opresión y sin destrucción ambiental.
Santiago Velázquez

