El otro fútbol suizo. FC Winterthur, la tribuna que convirtió el antifascismo en identidad

Mientras buena parte del fútbol europeo convive con el crecimiento de la extrema derecha, un pequeño club de Suiza construyó una identidad distinta. Inspirado en el histórico FC St. Pauli alemán, el FC Winterthur y su hinchada hicieron del estadio un espacio de solidaridad, antirracismo y organización popular. Una experiencia que demuestra que el deporte también puede ser un terreno de disputa política.

Cuando se habla de fútbol y política en Europa, el nombre que suele aparecer primero es el del FC St. Pauli. El club del barrio portuario de Hamburgo se convirtió desde los años ochenta en un símbolo internacional del antifascismo, el antirracismo y la diversidad. Sin embargo, a pocos kilómetros de allí, del otro lado de la frontera alemana, existe otro equipo que hizo de esos mismos valores una parte inseparable de su identidad: el FC Winterthur.

No es uno de los gigantes del fútbol suizo. No acumula títulos internacionales ni cuenta con presupuestos millonarios. Pero desde hace décadas construyó algo que escasea en el fútbol moderno: una cultura popular donde las tribunas son mucho más que un lugar para alentar durante noventa minutos.

Mucho más que un club

Fundado en 1896 en la ciudad industrial de Winterthur, el club nació en un territorio históricamente ligado al movimiento obrero suizo. Durante gran parte del siglo XX la ciudad fue uno de los principales polos fabriles del país, con una fuerte presencia de sindicatos y organizaciones de izquierda. Esa tradición social terminó reflejándose también en las tribunas.

A diferencia de otros clubes europeos donde sectores “ultras” fueron captados por grupos nacionalistas o de extrema derecha, en Winterthur ocurrió el proceso inverso: buena parte de la hinchada comenzó a identificarse con valores antifascistas, antirracistas y de solidaridad internacional.

Hoy resulta habitual encontrar en el estadio Schützenwiese banderas con consignas contra el fascismo, el racismo, la homofobia y toda forma de discriminación.

La influencia de St. Pauli

La relación entre Winterthur y el FC St. Pauli no es casual. Desde hace años existe un intercambio permanente entre ambas hinchadas. Comparten actividades, amistades y una misma manera de entender el fútbol como fenómeno social antes que como espectáculo comercial.

Incluso el tradicional Torneo Internacional Antirracista (Antira), creado en 2004 por aficionados del St. Pauli, tuvo una de sus ediciones organizadas por la popular “Bierkurve” de Winterthur, reuniendo a grupos de hinchas de distintos países comprometidos con la lucha contra el racismo y la discriminación.

Más que una competencia deportiva, el encuentro funciona como un espacio de intercambio político y cultural entre hinchadas que entienden el fútbol como una herramienta para construir solidaridad.

“Nuestra vida es colorida”

El propio club asumió públicamente muchos de esos valores. Su Carta Social establece que el FC Winterthur reúne personas “de todas las culturas, colores de piel y clases sociales”, prohíbe cualquier forma de discriminación por origen, religión, género u orientación sexual y promueve la inclusión de sectores populares que no pueden afrontar el costo de asistir al estadio.

El lema elegido resume toda una filosofía: “Nuestro corazón late rojo y blanco. Nuestro mundo es colorido.” No se trata únicamente de declaraciones institucionales.

El club sostiene programas permanentes contra la discriminación y desarrolló iniciativas como Courage FCW, destinadas a prevenir situaciones de racismo, violencia, homofobia o sexismo dentro del estadio mediante el trabajo conjunto entre dirigentes, voluntarios y aficionados.

Cuando las tribunas también hacen política

En buena parte de Europa las tribunas son escenario de disputas ideológicas. En Italia crecieron durante años sectores “ultras” vinculados al neofascismo. En Europa del Este proliferaron grupos nacionalistas y racistas. Incluso en países considerados modelos de estabilidad democrática, la extrema derecha intenta ganar espacio dentro de los estadios.

Winterthur eligió otro camino. Su principal grupo de aficionados convirtió el rechazo al fascismo en una identidad pública. Participa regularmente de campañas solidarias, actividades comunitarias y encuentros internacionales contra el racismo. La organización del Antira 2026 volvió a mostrar ese compromiso: el torneo reunió a centenares de hinchas europeos bajo las consignas de respeto, igualdad y cooperación, con el respaldo logístico del propio club. Lejos de la lógica comercial del fútbol de élite, el objetivo fue fortalecer redes entre colectivos populares.

Un fútbol contra el negocio

La experiencia del FC Winterthur también expresa otra discusión. Mientras el fútbol europeo avanza hacia una concentración cada vez mayor de recursos en manos de grandes corporaciones, fondos de inversión y propietarios multimillonarios, clubes como Winterthur siguen defendiendo una fuerte identidad local.

No significa que estén completamente al margen del mercado. Compiten dentro del profesionalismo y participan de una industria atravesada por intereses económicos. Pero existe una diferencia importante: la comunidad de hinchas continúa siendo protagonista de la vida cotidiana del club y mantiene capacidad de influir sobre su cultura institucional.

En tiempos donde las camisetas cambian de dueño según el patrocinador de turno y las decisiones parecen tomarse únicamente desde oficinas empresariales, esa participación conserva un valor político.

El deporte como espacio de organización

El caso del FC Winterthur permite discutir una idea instalada durante años: que el deporte debe permanecer ajeno a la política. En realidad, el fútbol siempre estuvo atravesado por conflictos sociales.

Fue utilizado por dictaduras para construir legitimidad, por empresas para hacer negocios multimillonarios y por gobiernos para fortalecer identidades nacionales. Si todo eso también es política, resulta lógico que trabajadores, estudiantes, migrantes y movimientos sociales disputen ese mismo espacio desde otra perspectiva.

Las tribunas pueden reproducir discursos de odio o convertirse en lugares donde se construyan valores de solidaridad. La experiencia de Winterthur demuestra que ninguna de las dos opciones está escrita de antemano.

Una bandera distinta en el fútbol europeo

En una Europa donde avanzan fuerzas xenófobas, crecen los discursos contra la inmigración y la extrema derecha gana influencia institucional en distintos países, resulta significativo que una parte del fútbol siga levantando banderas diferentes.

El FC Winterthur difícilmente aparezca en las portadas por sus resultados deportivos. Pero su principal triunfo quizá ocurra fuera de la cancha: demostrar que el fútbol también puede ser un espacio para defender la convivencia, enfrentar la discriminación y construir comunidad.

En tiempos donde el negocio intenta vaciar de contenido a los clubes y reducir a los hinchas al papel de consumidores, experiencias como la de Winterthur recuerdan que el deporte nació mucho antes que las grandes sociedades anónimas. Y que todavía existen tribunas donde, además de cantar por un equipo, se pelea por una idea de sociedad basada en la igualdad, el respeto y la solidaridad.

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