Julieta Venegas. La reacción machista a “La niña futbolista”

La polémica por la reversión de una canción que reivindica el derecho de las niñas a jugar al fútbol expuso algo más profundo que una discusión musical: la persistencia de una estructura patriarcal en nuestra sociedad y una cultura deportiva que, pese a los avances conquistados,  sigue resistiéndose a la igualdad.

La cantante mexicana Julieta Venegas quedó en el centro de una inesperada controversia luego de presentar una nueva versión de “La niña futbolista”, una canción impulsada en el marco de las actividades culturales vinculadas al Mundial 2026. Lo que comenzó como una propuesta destinada a promover la participación de las mujeres en el deporte derivó en una ola de críticas, burlas y ataques en redes sociales que terminaron obligando a desactivar los comentarios del video en YouTube.

Lavarse las manos frente a la reacción conservadora

Ante la ola de ataques, Claudia Sheinbaum eligió correrse del centro de la discusión. En lugar de responder a los sectores conservadores que cargaron contra la canción y su mensaje de igualdad, la presidenta mexicana aclaró que “La niña futbolista” nunca fue concebida como el himno oficial del Mundial. La declaración sonó más a un intento de desactivar la controversia y lavarse las manos frente a la presión mediática que a una defensa firme de la iniciativa impulsada por organismos de su propio gobierno.

La actitud de Sheinbaum también expone los límites de cierto feminismo institucional, supuestamente progresista, que abunda en discursos, campañas y declaraciones, pero que retrocede cuando aparecen las reacciones conservadoras. Resulta difícil no señalar la contradicción de una presidenta que reivindica permanentemente la igualdad de género y busca proyectar una imagen feminista, pero que ante una ofensiva machista contra una canción que defiende el derecho de las niñas a jugar al fútbol opta por tomar distancia y bajar el perfil del debate. La hipocresía es evidente: mientras utiliza el feminismo para construir un relato progresista, cuando llega el momento de enfrentar a los sectores más reaccionarios, el discurso queda reducido a palabras vacias.

Sin embargo, más allá de las discusiones sobre la calidad artística de la canción o sobre la pertinencia de su presentación, el debate dejó al descubierto algo más profundo: la persistencia de una cultura deportiva atravesada por prejuicios machistas que todavía rechaza la presencia de las mujeres en igualdad de condiciones.

Una canción con historia

La niña futbolista” no nació en el contexto del Mundial. Se trata de una composición del músico mexicano Ignacio Silva que fue popularizada a comienzos de los años 2000 por la banda infantil Patita de Perro.

La letra relata la historia de una niña apasionada por el fútbol que debe enfrentarse a quienes consideran que ese deporte no es para mujeres. Sus padres, los compañeros de escuela y los prejuicios sociales intentan empujarla hacia los roles tradicionales asignados a las niñas. Sin embargo, ella persiste, demuestra sus capacidades y termina conquistando el reconocimiento de quienes antes la cuestionaban.

La historia parece sencilla, pero apunta al corazón de una realidad que durante décadas afectó a millones de mujeres. El fútbol fue construido históricamente como un espacio reservado para los varones, mientras que las mujeres fueron excluidas, invisibilizadas o directamente prohibidas de participar.

El problema no es la música

Muchas de las críticas aparecidas en redes intentan presentarse como objeciones musicales. Algunos usuarios señalaron que la canción no transmite la épica que suele asociarse a los grandes eventos deportivos. Otros cuestionaron la elección artística o el tono de la interpretación.

Sin embargo, una lectura más detenida de las reacciones permite observar que gran parte de la hostilidad estuvo dirigida contra el propio mensaje de la canción. No fueron pocos los comentarios que ridiculizaron la idea de promover la igualdad de género en el fútbol o que minimizaron las dificultades que enfrentan las mujeres para desarrollarse en ese ámbito.

La virulencia de algunos ataques revela que todavía existen sectores que perciben cualquier avance en materia de igualdad como una amenaza. Lo que incomoda no es solamente una canción. Lo que genera rechazo es que se cuestionen privilegios y tradiciones arraigadas durante generaciones.

El fútbol femenino y las resistencias del presente

Durante los últimos años el fútbol femenino experimentó un crecimiento significativo. Las ligas profesionales se expandieron, aumentó la visibilidad mediática y millones de niñas encontraron referentes que antes no existían.

Sin embargo, los obstáculos continúan. La desigualdad salarial, la falta de infraestructura, las diferencias en la cobertura mediática y los discursos discriminatorios, por mencionar algunos,  siguen siendo parte de la realidad cotidiana de muchas futbolistas.

La polémica alrededor de Julieta Venegas demuestra que esos problemas no pertenecen únicamente al pasado. Detrás de los comentarios agresivos reaparece una visión conservadora que sigue considerando al deporte, y particularmente al fútbol, como un territorio predominantemente masculino.

Lo que todavía falta conquistar

La discusión generada por “La niña futbolista” también permite reflexionar sobre los límites de los avances conquistados. Las transformaciones culturales existen y son innegables, pero no avanzan de manera lineal ni definitiva. Cada derecho conquistado encuentra resistencias. Cada paso adelante genera reacciones de quienes pretenden conservar un orden social basado en la desigualdad.

Por eso la canción conserva vigencia más de veinte años después de haber sido escrita. Porque todavía hay niñas que escuchan que ciertos deportes no son para ellas. Porque todavía hay quienes consideran que la igualdad es una concesión y no un derecho. Y porque todavía persisten estructuras culturales que buscan imponer límites a los sueños y aspiraciones de millones de mujeres.

La controversia en torno a Julieta Venegas terminó confirmando, quizás sin quererlo, el mensaje central de la canción: la lucha por derribar los prejuicios y las resistencias patriarcales sigue siendo necesaria. Si una simple historia sobre una niña que quiere jugar al fútbol todavía provoca semejante reacción, es porque queda mucho camino por recorrer para alcanzar una verdadera igualdad dentro y fuera de las canchas.

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