Este artículo fue extraído del sitio web de la Liga Internacional Socialista
La crisis política y social en Bolivia se acelera a pasos agigantados. Desde la Liga Internacional Socialista hemos descrito los diferentes procesos que fueron resistiendo las medidas que el presidente Paz ha tratado de aplicar desde el primer día de su asunción, hace poco más de 6 meses. Desde el rechazo de las comunidades indígenas a la Ley de Reconversión de Tierras junto a las movilizaciones de transportistas por problemas del combustible adulterado y caro, ha avanzado en un espiral de conflictos que hoy, 16 de mayo, abarca a casi la totalidad de los trabajadores y campesinos del Estado Plurinacional. Cientos de bloqueos se expresan en las calles de las principales ciudades del país, donde en los hechos confluyen la poderosa COB con maestros y campesinos y otros sectores sociales.
Pese a que el Gobierno de Paz está intentando negociar a mil manos y sin éxito con los distintos sectores movilizados, no logró desactivar los conflictos. Por el contrario, las organizaciones indígenas, campesinas y populares denuncian que cada propuesta del Gobierno es una trampa que pretende preservar los intereses agroindustriales y ganar tiempo frente a una movilización que continúa expandiéndose.
La crisis no se detiene
En las últimas semanas el malestar social se ha extendido de manera acelerada. Uno de los detonantes más inmediatos fue el escándalo de la gasolina adulterada o de baja calidad, denunciada por distintos sectores del transporte, por provocar daños mecánicos en miles de vehículos. Para colmo, ni siquiera el aumento del combustible impidió la escasez y las colas continúan en las expendedoras de gasolina. La debilidad del gobierno para resolver el problema profundizó el desgaste político y alimentó un clima de descontento y bronca social cada vez más amplio.
Luego se desarrollaron los conflictos del magisterio y salud, con paros y movilizaciones nacionales que exigen incremento salarial y respuestas a sus demandas sectoriales.
La marcha indígena y campesina que, iniciada hace casi un mes desde comunidades campesinas de Pando y Beni y que arribó el 1 de mayo a La Paz, sigue recibiendo muestras de solidaridad de comunidades, sindicatos y organizaciones obreras, entre ellas la FSTMB y la COB.
Fue la presión, desde abajo, de los sectores de base movilizados que empujó a que las dirigencias de estas organizaciones tengan que manifestarse e incluir en sus pliegos la demanda de la renuncia de Paz.

Desde la “Marcha por la defensa de los bosques de la Amazonía y la seguridad jurídica de los territorios indígena originario campesinos”, se suman a las exigencias de la consulta previa de comunidades indígenas y campesinas antes de sancionar leyes que incidan sobre esos sectores.
Actualmente existen más de 70 puntos de bloqueo en rutas estratégicas del país y la tendencia sigue siendo ascendente. Aunque la producción todavía no se encuentra completamente paralizada, en varias ciudades comienzan a sentirse los efectos del desabastecimiento parcial de carne, pollo y otros productos básicos.
El crecimiento del conflicto llevó al gobierno a dar un salto en su respuesta represiva. Durante las últimas horas comenzaron operativos de desbloqueo con participación militar que provocaron dos muertes de trabajadores mineros en el día de ayer viernes 15. Paralelamente crecieron los rumores sobre una posible declaratoria de Estado de Sitio, alimentados por la creciente presencia de las Fuerzas Armadas en carreteras y puntos de conflicto.
Ayer en la noche también se reportaron fuertes gasificaciones en puntos de bloqueo en El Alto, como en la zona de Río Seco. Sin embargo, pese a los intentos de los aparatos de la represión por despejar las rutas bloqueadas, lejos de desactivar las protestas, la represión parece estar profundizando la radicalización de sectores que ahora comienzan a exigir con mayor fuerza la renuncia de Rodrigo Paz al gobierno.
Hemos destacado ya, que en todo este proceso hay una fuerte tendencia a la autorganización aunque aún no se ha plasmado en la conformación de una dirección unificada de todo el proceso de resistencia y movilización.
Hasta ahora la COB, la CSUTCB y la Federación Tupaj Katari y juntas de vecinos establecieron compromisos de unidad, ante la presión de las bases, para lograr la renuncia de Paz. En lo concreto, existe un fortalecimiento y revitalización de las organizaciones sindicales y populares que vuelven a aparecer como referencias políticas frente al desgaste gubernamental.
En lo inmediato todo parece indicar que el descontento tiende a expandirse y el gobierno, a la defensiva, no logra recuperar la iniciativa, lo que incrementa la posibilidad efectiva de la caída de Paz. Recordemos además que su posible sucesor, el vicepresidente Edman Lara, rompió con el propio Paz a horas de que asumiera la presidencia, y en ese caso sería el encargado de llamar a nuevas elecciones en un plazo de 90 días.
Pero estas especulaciones acerca de la salida institucional que esta discutiendo la burguesia boliviana no solucionará la crisis estructural y de carácter terminal que atraviesa el país. Por el contrario, pone en primer plano la necesidad que ya hemos expresado en otros artículos y en las acciones de los simpatizantes bolivianos de la LIS, de construcción de una organización que aglutine a la totalidad de los sectores anticapitalistas bolivianos, superadora de la experiencia traúmática del MAS y Evo Morales, que sea capaz de enfrentar el modelo de saqueo y despojo, y de endeudamiento externo del país bajo los lineamientos del FMI.
En esta situación no existen alternativas moderadas, debemos aprovechar este proceso para empezar a discutir cómo establecer un gobierno propio, que comience a discutir cómo tomar en sus manos una salida que debe ser anticapitalista, revolucionaria y socialista.
Por Alberto Giovanelli

