El Congreso del MST. Y la oportunidad histórica de la izquierda

Entre los días 22 y 25 de mayo se estará realizando en Buenos Aires el XIV Congreso del MST. El mismo estará surcado por toda una serie de discusiones políticas internacionales, en medio de un mundo polarizado y de fuertes disputas interimperialistas, con procesos en los cuales intervenimos desde el dinámico desarrollo y crecimiento de la Liga Internacional Socialista, que es un aspecto prioritario dentro de nuestras tareas internacionalistas. En nuestro Congreso, además, haremos debates profundos sobre la situación nacional y las perspectivas que se vienen. Debatiremos un balance a fondo de todo lo realizado en los últimos años. Y partiendo de allí, tendremos intercambios y propuestas sobre nuestra orientación política y de construcción militante hacia el próximo período. Luego del Congreso, socializaremos de conjunto todo lo debatido y resuelto. Como adelanto, en este artículo queremos referirnos en particular a uno de los debates que serán centrales en nuestro Congreso: la oportunidad histórica que la izquierda anticapitalista y socialista tiene ante sí.  

Estamos transitando un momento que merece especial atención, un análisis de profundidad y en perspectiva, y lógicamente una política y orientación para intervenir en el mismo. Nos referimos al hecho que emerge como principal novedad política: el notorio avance político, consecuencia del giro a izquierda de una franja importante de la población, que anticipa en encuestas y estudios de opinión un apoyo político y electoral a la compañera Myriam Bregman y a la izquierda identificada con el Frente de Izquierda Unidad. Vamos entonces a debatir a partir de este hecho toda una serie de cuestiones políticas, teórica y estratégicas que aquí adelantamos para conocimiento de la militancia de izquierda, de las y los miles de simpatizantes que nos apoyan y para todas y todos los trabajadores y jóvenes que quieran ser parte de estos debates trascendentes.

La crisis profunda del gobierno de Milei

Estamos transitando un nuevo momento en el país, una nueva coyuntura signada por una serie de características que, de conjunto, golpean muy fuerte al proyecto de Milei. Hay una combinación de avance de la crisis económica y política y mayores respuestas sociales. En lo económico, surge evidente que al no poder controlar la inflación y tener previsiones de alrededor del 30% anual, el gobierno pierde a dos puntas: se le cae una de sus principales banderas discursivas, y los aumentos de precios alimentan el malestar social. A la vez que cae la producción, el consumo y la recaudación. Además, existen más inestabilidades y críticas del establishment, frente a un gobierno que no transmite la seguridad de poder ser reelecto.

La crisis económica se combina con la política, centralmente alrededor del caso Adorni, que es nave insignia de una serie de hechos de corrupción que han salido a la luz públicamente, como los préstamos del Banco Nación, los funcionarios con casas en Miami, el caso $LIBRA, entre otros. Pero el caso Adorni atraviesa la coyuntura porque tira por la borda el otro eje discursivo libertario: la supuesta lucha contra las castas. Milei aparece como actor central de la defensa de un corrupto y es lo que perciben millones de personas. El gobierno se debilita tanto si Adorni cae, como si sigue, porque en la opinión pública ya perdió.   

A estas cuestiones se le suma el avance de procesos de lucha, todavía con mucho peso en provincias del interior y no en el centro político del país. Es el comienzo de algo que puede ser mucho mayor. Vimos elementos de provincialazos en Catamarca, jornadas docentes masivas en Córdoba y autoconvocadas en Santa Fe, desborde a la burocracia y radicalización en Chubut, entre otros ejemplos. Se acaba de realizar una multitudinaria Marcha Federal Universitaria. ¿Qué viene después? Lo más probable es un avance de este proceso, que si en algún punto da un salto en la zona del AMBA, puede comenzar a cambiar la situación de fondo y abrir perspectivas inéditas y muy positivas.

La crisis del peronismo, como factor esencial del presente

El otro elemento central que atraviesa la situación del país de los últimos años y que hoy adquiere nuevos síntomas es la profunda crisis del peronismo. En un sentido, no podríamos hablar de un avance político de la izquierda si no existiera esta crisis tan profunda del PJ. Porque si algo hace parte de la realidad de millones es la bronca que va creciendo contra el gobierno de Milei, y a la vez una decepción profunda que aún persiste ocasionada por anteriores gobiernos peronistas, del cual el último de Alberto Fernández, CFK y Massa, fue un salto cualitativo.

Esto ha debilitado notoriamente la relación del peronismo con su base social, como se expresa cotidianamente en lugares de trabajo, de estudio y en barrios populares. No se trata solamente de un problema electoral, donde incluso por bronca creciente contra Milei aun en medio de esta crisis el peronismo puede capitalizar algo. Se trata de algo más profundo que evidencia la ruptura por abajo de franjas importantes, que no quieren apoyar más de lo mismo, motorizando el fenómeno más positivo que es la búsqueda de algo nuevo por izquierda. 

Ha comenzado un giro a izquierda

Como decíamos al inicio de este artículo, todo lo antes descrito está originando un giro a izquierda de una franja de la población. Es el hecho más importante de la nueva coyuntura que vivimos, el factor más dinámico que tenemos que interpretar en toda su magnitud como condición necesaria para responder correctamente al mismo. Porque no hablamos de un giro cualquiera ni comparable a otros de etapas anteriores. Este giro tiene un carácter inédito y muy positivo, al encontrar como atracción política directamente a la izquierda revolucionaria y no a variantes reformistas o posibilistas. Por primera vez esa búsqueda a izquierda empalma con la figura de Myriam Bregman y con la izquierda identificada con el FIT-U, de posiciones políticas anticapitalistas y socialistas. Sabiendo eso es que un sector importante la está eligiendo, ante la pregunta de a quién votaría o apoyaría en el país. Es decir que hay una decisión, que se expresa en alrededor del 10% o más de la población, de elegir para el gobierno a una figura que representa un programa definido. Porque no estamos ante elecciones legislativas ni en un debate parlamentario. Todas las encuestas que se hacen están enmarcadas en el debate y en preguntas sobre el futuro del país y los posibles candidatos presidenciales. Y en ese contexto, por primera vez, aparece una figura de nuestro frente muy bien posicionada. Es un fenómeno inusual y a la vez muy positivo. 

Al mismo tiempo, aunque la medición tenga características electorales, cometeríamos un error si redujeramos su análisis solo a este aspecto. Porque el tránsito de un giro a izquierda en el país está y estará siempre combinado al desarrollo de la lucha de clases y a un posible ascenso social. En un sentido, el cambio positivo que se está materializando en la conciencia de varios millones es parte y a la vez anticipo de posibles cambios bruscos en el futuro del país. No podemos desligar este avance político de la posibilidad de una crisis social mayor a mediano plazo. Solo por tomar el último ejemplo histórico de nuestro país, recordemos que el Argentinazo de 2001 también estuvo precedido de un avance de la izquierda en los dos años anteriores, en su momento tanto electoralmente como en la dirección de sectores sindicales y estudiantiles. Por eso tenemos que ver la situación de conjunto y tener una política también integral para este fenómeno, que, como decíamos, tiene como elemento nuevo e histórico que el giro encuentra a nuestro frente y a su principal figura política en primera línea para capitalizarlo.     

Cambia la realidad, que cambie el Frente de Izquierda

En general se dice que no se pueden esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Esto que evidentemente es así, hoy es un problema político todavía más profundo para nuestro Frente de Izquierda Unidad. Ya en las coyunturas anteriores se imponía un cambio, al no poder el Frente continuar signado por un formato electoral limitado, rutinario y distante de una estrategia de fondo para intervenir. Ahora, en la nueva situación de avance y giro a izquierda, la urgencia de un cambio de calidad es total. Ninguna política es revolucionaria si a un cambio profundo en la situación no lo acompañamos con cambios políticos y organizativos de la misma magnitud, que se materialicen en un mejoramiento cualitativo de las herramientas políticas que tenemos. Este es el debate central y urgente que tenemos que realizar en el Frente de Izquierda Unidad.

Desde el MST venimos planteando que tenemos una propuesta al respecto y la ponemos a disposición de un debate colectivo. En nuestra opinión, un salto positivo sería si conformamos un partido común, unificado entre los integrantes del FIT-U, con nuestro programa e incorporando a intelectuales, referentes sociales y sectores afines. Un partido nuestro, que a la vez tenga un funcionamiento democrático que permita la organización libre de corrientes internas, y permita la construcción de acuerdos, así como también el debate público de posiciones cuando hay matices o diferencias.

Como hemos planteado a través de nuestro compañero Alejandro Bodart en el discurso de cierre del acto en Plaza de Mayo, estamos muy abiertos a debatir otras propuestas y posibilidades. Nos importa que haya un avance de verdad, no hacemos esquemas ni nos atamos a una sola posibilidad. Por ejemplo, si los compañeros del PTS proponen hacer un PT, un nuevo partido de trabajadores, estamos a favor de hacerlo. En todo caso hay que debatir cómo sería, qué pasos en común damos, cómo organizamos su impulso, a quienes se lo proponemos y con qué programa. Sería muy positivo que expresaran una propuesta al respecto, para poder iniciar un debate a fondo, si esta es la posibilidad de avance. En Plaza de Mayo, Gabriel Solano de PO negó esa posibilidad de debatir sobre un Partido de Trabajadores, diciendo que ya tenemos al Frente de Izquierda. Reflejando así que no comprende ni la magnitud del proceso y oportunidad que se vive, ni el hecho evidente de que el FIT-U tiene muchos límites que se deben superar. 

En una nota de respuesta a un artículo de PO, Guillo Pistonesi de la dirección del PTS, dice que hay fuerza de la clase trabajadora y que “La tarea no es contemplarla desde afuera ni encerrarla en los límites actuales del FIT-U, sino darle una herramienta política común. La oportunidad no es que el FIT-U se mire a sí mismo conservando sus proporciones actuales”. Compartimos que no debemos encerrarnos y que el FIT-U no puede seguir igual. Tenemos entonces que avanzar en debatir a fondo y en unidad, cómo ofrecemos y cómo construimos esa herramienta política común, de la cual tenemos que ser protagonistas e impulsores. Porque es una tarea que para hacerla a fondo y positivamente, tiene que hacerse en unidad, sin quedar siendo impulsada o construida por un solo partido, lo cual haría imposible que juegue el rol destacado que debería jugar.  

Podemos y queremos gobernar. Aprovechar la situación ahora

El avance de la izquierda es tan notorio en el escenario político nacional que en todo tipo de programas de TV, en streaming y en redes sociales se debate sobre la izquierda o invitan a Myriam Bregman a que cuente sus propuestas. También diferentes medios nacionales cubrieron nuestro importante acto en Plaza de Mayo buscando también allí declaraciones y propuestas. Lo que está en debate no es menor. Como decíamos, no se trata de periodistas opinando sobre si la izquierda logrará algunos diputados más. Se debate que la candidata del Frente de Izquierda está entre las posibles más votadas en la próxima contienda electoral. Y eso habilita un debate de si la izquierda puede gobernar, si está preparada para hacerlo. Creemos que nuestra tarea es asumir ese debate con toda audacia. No centrándonos en hacer hipótesis sobre la posibilidad de ganar una elección o no. Sino poniendo el centro en lo que implica que varios millones nos apoyen, y cómo eso repercutirá en miles de trabajadores, jóvenes, intelectuales profesionales que se pondrían a disposición de ser parte de la lucha por cambios de fondo. Si en la izquierda consolidamos este apoyo en medio de ese giro, y si el mismo en algún punto del camino empalma con un ascenso generalizado y una crisis social de magnitud, se abrirán condiciones únicas para que esa relación de ubicación política con movilización de millones abra las compuertas a la disputa por el poder. Sobre eso estamos debatiendo, detrás de encuestas que se refieren solo al próximo proceso electoral.

Por eso consideramos equivocado el enfoque que hacen los compañeros de PO en este debate, reflejado en un artículo de Néstor Pitrola. Allí le quitan toda trascendencia al avance político que se está desarrollando, critican al PTS por electoralismo y al MST por decir en Plaza de Mayo que en cien años no tuvimos una oportunidad como esta. Las definiciones de PO reflejan una incomprensión profunda del fenómeno en curso y del trasfondo de posibilidades revolucionarias que se abren, si sabemos actuar correctamente, con audacia y buscando los mayores niveles de unidad. En vez de ubicarse, como PO, rebuscando argumentos al servicio de una disputa fratricida muy fuera de lugar y ajena a las tareas políticas del momento.  

Nosotros creemos que si en todos lados se debate sobre quiénes pueden gobernar, y se ubica a Myriam Bregman y al Frente de Izquierda Unidad como actores destacados de esa futura disputa, hay que salir ahora con más fuerza, postularnos políticamente, recorrer el país, organizar eventos públicos, decir con fuerza que sí queremos y podemos gobernar. Hay que convocar más que nunca a organizar a miles con nosotros, comenzando esa tarea colectivamente alrededor de la figura de Myriam y sumando desde ahí a todas y todos los principales referentes de los partidos del frente. Y hay que hacerlo, lógicamente, mientras impulsamos con fuerza y en la calle todos los procesos de lucha que están en curso hoy. Esa tarea prioritaria que es luchar ahora y con fuerza para derrotar a Milei, no niega la tarea política de postularnos y aprovechar el ascenso político y giro a izquierda que vivimos. Repetidas veces PO comete el error estratégico de separar la lucha social-sindical de la lucha política. Y ese error grosero y permanente que comete adquiere peores magnitudes en un momento como este, de oportunidad histórica para la izquierda revolucionaria.

Partido, partidos y estrategia revolucionaria

Otro debate de fondo, teórico y estratégico, que genera la situación actual y sobre todo las perspectivas que pudieran abrirse, es cómo actuamos desde la izquierda anticapitalista y socialista si en algún punto se combinan un mayor crecimiento del apoyo político a la izquierda del que hoy se expresa, con un salto cualitativo en la lucha en las calles, hasta abrir una crisis revolucionaria que ponga en cuestión el problema del poder, y que de origen a formaciones autoconvocadas o de organismos de doble poder. Por el peso del trotskismo y de nuestro frente, esa combinación abriría una situación inédita de oportunidades políticas. Y nosotros queremos debatir en nuestro Congreso y también con el resto de los partidos del frente sobre todas estas cuestiones.

Si en algún momento quedamos frente a un proceso revolucionario y en una ubicación política muy destacada, hay que partir de la realidad de que existimos diferentes partidos con diferentes grados de desarrollo e influencia, con desigualdades en sectores y en regiones y sin que nadie sea hegemónico, ni esté planteado que lo sea. Y que por lo tanto será necesario contar con toda esa fuerza que tenemos para luchar por cambios de fondo. En este sentido es para nosotros decisivo buscar mecanismos para intentar construir estrategias comunes, y creemos que sería muy equivocado que alguna fuerza creyera que puede resolver el problema por sí misma, porque esto podría derivar en limitadas orientaciones cerradas o autoproclamatorias. 

Hay una necesaria unidad a construir y una necesaria lealtad para intentarlo. En nuestro caso, reconocemos que si la compañera Myriam y su organización encabezan este proceso político, queremos debatir a fondo y con lealtad política cómo ayudamos en todo lo posible para que el proceso se desarrolle y avance mucho más. Porque quienes queremos y creemos en la revolución, cuando se abren oportunidades históricas tenemos que actuar en función de esos objetivos revolucionarios, proponiendo y dando debates, alejados del método de polemizar por polemizar que utilizan quienes solo quieren ganar una discusión. No es ese el método revolucionario, sino el que coloca el debate profundo en función de que avance el proceso revolucionario. Hasta la principal experiencia histórica revolucionaria, la Revolución Rusa, demostró en la realidad que en su momento hicieron falta acuerdos de partidos y de diferentes fuerzas. Primero los bolcheviques tuvieron que hacer un acuerdo e incorporar a toda la corriente de Trotski, que era muy importante. Y luego todos juntos hicieron un acuerdo con los socialistas revolucionarios por su peso en el campesinado. Así actúan quienes quieren hacer la revolución, poniendo por delante esa necesidad política por encima de diferencias pasadas o incluso parciales del presente. Porque siempre habrá acuerdos, lucha de ideas o en algunos temas diferencias. El tema es si todo eso se lo coloca dentro de un marco común estratégico o no. Y nosotros creemos que es posible hacerlo. 

Nuestro XIV Congreso debatirá sobre todos estos temas políticos, teóricos y estratégicos. Y vamos a debatir nuestras conclusiones con otras organizaciones, intelectuales, referentes sociales y aliados en esta lucha. Vamos a proponer la organización de foros, paneles y eventos de intercambio de ideas, espacios especiales dedicados a estos temas dentro de nuestras herramientas de comunicación digitales, audiovisuales e impresas, para alentar por distintas vías que miles participen. En particular con las y los compañeros del PTS queremos abordar toda esta cuestión estratégica a fondo, intercambiando sobre sus visiones del proceso revolucionario y saber cómo ven estos problemas políticos, que en algún punto del camino pueden transformarse en decisivos. ¿Tenemos voluntad para intentar acuerdos estratégicos? ¿Abrimos un debate a fondo y leal para explorarlos? ¿Asumimos que es posible convivir en base a fuertes acuerdos de fondo y en ese marco respetando divergencias que lógicamente puedan surgir? Nuestro Congreso seguramente responderá positivamente a estos interrogantes. Esperamos que la ubicación política que los compañeros del PTS tienen hoy los lleve a plantearse problemas políticos y teóricos similares, sin encerrarse equivocadamente. Vienen tiempos apasionantes y de enormes oportunidades políticas. El desafío es resolver bien y en unidad cómo responder a los mismos. Para tratar de evitar que por no hacerlo o intentarlo, en algún punto se pierda una oportunidad política que, insistimos, es histórica. Hagamos este y todos los debates a fondo. El XIV Congreso del MST asumirá este desafío e intentará aportar positivamente a las tareas planteadas en la izquierda revolucionaria. 

   

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