Venezuela. Una política patronal está dividiendo la acción de los trabajadores

Este artículo fue extraído del sitio web de la Liga Internacional Socialista

La reciente jornada del 1 de mayo dejó un saldo positivo para el movimiento obrero venezolano. A nivel nacional, la disposición al combate se hizo sentir y, en Caracas, se logró cumplir la ruta trazada desde Chacaito hasta la Plaza Morelos. Fue una demostración de que, pese a todo, el músculo de los trabajadores sigue vivo.

​Sin embargo, este escenario de avance se ve empañado por una realidad inquietante: la división táctica y política. Mientras el grueso de las organizaciones se movilizaba el día del trabajador, un sector sindical convocó a una marcha paralela el 30 de abril hacia Miraflores —frenada por el gobierno—. Esta falta de unidad no es un accidente; es el síntoma de un problema profundo que aqueja, en general, a las direcciones sindicales.

​La debacle del movimiento sindical en Venezuela tiene un origen claro: la ausencia de un ejercicio democrático y consultivo. Las direcciones sindicales han sustituido la asamblea de base por el entendimiento con los patronos y la aplicación ciega de líneas partidistas. Hablamos de partidos de cúpulas, con intereses ajenos al bienestar de los trabajadores.

A esto se suma, por supuesto, la sistemática represión del gobierno de Maduro (y ahora Delcy). Años de persecución, cárcel y acoso policial contra quienes reclaman derechos han debilitado la capacidad organizativa. El resultado es un movimiento sindical fragmentado, con algunos dirigentes burocráticos más preocupados por capitalizar políticamente pequeños espacios que por potenciar una movilización unitaria para recuperar el salario y los derechos arrebatados.

Ni «Coalición Sindical» ni Patines: Una línea política patronal

En este río revuelto aparece la llamada «Coalición Sindical», un grupo con una exposición mediática «raramente» amplia en sectores privados y redes sociales. Su vocero, José Patines —presentado como dirigente sindical de la Cancillería, aunque rara vez se le vea con sus pares de base—, encabeza una labor claramente divisionista, como lo han expresado trabajadores en algunos estados.

​Bajo una retórica de lucha, este grupo opera para imponer la agenda de un sector político patronal específico: el de María Corina Machado. Mientras Machado realiza giras internacionales, estos grupos se mueven con una línea que en el fondo es desmovilizadora: dicen que «no tiene mucho sentido pelear por salarios» porque lo realmente importante es el calendario electoral.

​Es, en esencia, pedirle al trabajador que elija a otro verdugo. Esta labor es el espejo de la que realiza la Central Bolivariana de Trabajadores (CBST) para el gobierno. Si no es así, que expliquen cómo Machado y los empresarios que la rodean no se han beneficiado de las políticas antiobreras del actual gobierno.

El falso dilema y la agenda de las cúpulas

No se trata de debatir si Venezuela necesita elecciones; es obvio que estamos ante un gobierno de facto, ilegítimo y postrado ante intereses internacionales, especialmente tras su subordinación a las políticas que favorecen al capital extranjero y claramente a Donal Trump. El punto es que la «Coalición Sindical» empuja una salida electoral donde la figura de Machado representa la continuidad del ajuste. El plan económico de Machado, en el fondo, ya lo está ejecutando Delcy Rodríguez: que la crisis la sigan pagando los trabajadores sin derechos laborales.

A pesar de su fuerte discurso de cambio, María Corina Machado ha mantenido un silencio notable respecto a la recuperación profunda de los derechos laborales y la situación de precariedad que atraviesa la clase trabajadora. Si bien la eliminación de estas conquistas ha sido ejecutada principalmente por las políticas del actual gobierno, este escenario de desregulación de facto y bajos costos operativos se alinea con los intereses de su sector empresarial. Al no profundizar en mecanismos de protección sindical o salarial, su propuesta sugiere una continuidad en la que el beneficio corporativo se prioriza sobre la restitución de las garantías históricas arrebatadas a los trabajadores.

​Al ser esta una política diseñada en despachos de cúpulas patronales, jamás se consulta con las bases. Esto es lo que divide, lo que debilita y lo que le quita fuerza al empuje obrero frente al gobierno y la patronal en su conjunto.

Un llamado a la conciencia y al Frente Único

Estas notas son una alerta para las trabajadoras y trabajadores de base. Sin claridad política, seremos «carne de cañón» para intereses ajenos. La desesperación por la crisis actual no puede permitir que nos lleven, una vez más, a callejones sin salida donde solo cambian las caras en el poder pero la explotación permanece intacta.

​A los sectores que marcharon con dignidad este 1 de mayo, les extendemos un emplazamiento fraternal: es hora de una actitud más democrática y consultiva todavía. Debemos fraguar un plan de lucha genuino, basado en las demandas de nuestra clase.

​Necesitamos armar un plan en la clave histórica del «Frente Único de Clase». Solo la unidad desde abajo, con independencia de todos los patronos —sean del gobierno o de la oposición empresarial— nos dará la posibilidad real de derrotar el plan de hambre que hoy nos imponen.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros