El Hospital Borda en crisis. Entre el ajuste y la “asilarización” de la pobreza

Recientemente la Dirección del Hospital Borda junto con Quirós, tomaron la decisión inconsulta de fusionar los servicios de Cirugía y Clínica Médica en el Hospital, cerrando de hecho un área. Esto no es un simple movimiento administrativo: es un síntoma de un sistema que prefiere amontonar antes que cuidar. En medio de una crisis de infraestructura que deja a pacientes y profesionales sin calefacción, Quirós y Macri profundizan un modelo que contradice las leyes nacionales y las recomendaciones internacionales.

La “fusión” como eufemismo del ajuste

Lo que en los despachos del Ministerio de Salud porteño se presenta como una “optimización de recursos”, en los pasillos del Hospital Borda se vive como un desguace y mudanza compulsiva. La unificación de los servicios de Cirugía y Clínica Médica representa un retroceso alarmante en la especificidad de la atención, con hacinamiento de pacientes.

Por eso, el deterioro no es solo funcional, es humano. Se da el colmo de que a Enfermería le dieron un lavadero como Office. Los pacientes no tienen baño accesible, no tienen distancia mínima para evitarse contagios de enfermedades respiratorias, y está situación a pesar de ser denunciada, el Ministerio y la Dirección del Hospital no escuchan, la Subdirectora ningunea a los trabajadores y usuarios, dando por hecho que en Salud se hace lo que Quirós manda.

El “Marketing Quirós”: ¿Hospitales o depósitos?

Bajo la gestión de Fernán Quirós y el Gobierno de la Ciudad (GCBA), se observa una tendencia preocupante: el intento de transformar los hospitales monovalentes en lugares de asilo para personas en situación de calle o personas con conflicto con la Ley. A pesar de que en sus redes se muestra distinto, detrás de esos vídeos a los trabajadores y pacientes no se les consulta nada y vemos todos los días el deterioro de nuestras condiciones de trabajo. 

Y esta política parece ignorar deliberadamente los criterios de Salud Mental para las internaciones como último recurso. Al utilizar el hospital como una solución de emergencia para la crisis habitacional de la Ciudad, se desvirtúa la función terapéutica del Borda. No se busca la revinculación, ni el tratamiento del padecimiento subjetivo, sino “limpiar” las calles, convirtiendo el hospital en un depósito de personas sin un abordaje clínico y social real.

Para colmo, crecen las internaciones de pacientes con problemas de consumo, para los que el hospital no está pensado y el personal no cuenta con las herramientas suficientes para atenderlos. 

El dato: La Ley Nacional de Salud Mental (N° 26.657) es clara. Se debe promover la atención en hospitales generales y la creación de dispositivos comunitarios. Sin embargo, la Ciudad parece caminar en sentido contrario, desfinanciando lo existente sin construir las alternativas necesarias.

Un marco legal ignorado

La situación actual del Borda es una ilegalidad manifiesta. La Argentina es pionera en legislación de salud mental, pero la brecha entre el papel y la realidad es un abismo:

La Ley 26.657  que exige construir una red de servicios de salud mental basada en la comunidad, no se cumple. La “fusión” actual no es adecuación, es abandono. Quiros solo busca liberar espacio para construir más servicios de asilo de personas con “carnet de pobre”.

Incluso la Organización Mundial de la Salud insiste en que la salud mental requiere inversión en recursos humanos y dispositivos de medio camino (casas de convivencia, talleres, centros de día), no el hacinamiento en estructuras edilicias monovalentes.

La salida: luchar por más inversión y frenar al gobierno

La solución no es cerrar servicios ni amontonar pacientes. La salida real implica un cambio de paradigma que el GCBA se resiste a implementar. 

Necesitamos presupuesto real: que se cumpla con el mandato legal de destinar el 10% del presupuesto de salud a salud mental (actualmente se destina una fracción mínima) y luchar por un aumento de todo el presupuesto de salud. También infraestructura digna, garantizando condiciones básicas de atención, como calefacción y mantenimiento, para pacientes y trabajadores. Y dispositivos de inclusión comunitaria, invirtiendo en una red de salud mental que permita que el hospital no sea el “único destino”, sino un paso transitorio en un sistema de cuidados mucho más amplio y humano.

Resulta crucial acompañar la lucha de los trabajadores del Borda por defender sus condiciones de trabajo, contra el ajuste y las políticas asilares del GCBA. Con un plan de lucha consecuente y en unidad se puede torcer el brazo al gobierno, tal como lo han hecho con el Centro Cívico. Desde Alternativa Salud acompañaremos ese camino, junto a nuestra compañera Vilma Ripoll que desde un primer momento se acercó a solidarizarse. 

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