El consumo masivo cayó un 5,1% en marzo y marcó su peor registro en más de un año. La caída expone el deterioro del poder adquisitivo y el impacto directo del ajuste sobre la vida cotidiana.
Un derrumbe que no se puede maquillar
El consumo masivo volvió a caer con fuerza en marzo: se desplomó un 5,1% interanual, consolidando la tendencia negativa que atraviesa el inicio de 2026.
El dato de Scentia no aparece en el vacío. Ya en febrero se había registrado una caída del 3,4%, acumulando un retroceso sostenido en supermercados, mayoristas y autoservicios.
La fotografía es clara: menos compras, tickets más chicos y familias que ajustan hasta en lo básico.
Mientras tanto, Milei sostiene que el consumo está en un “pico histórico” porque “cambió la forma en que se consume”. Así repitió el presidente con la percepción alterada en la fundación libertad. No solo ello, sino que también expresó que la economía, el trabajo y los salarios crecen y que el ajuste lo está pagando la casta. Nada más lejos de la realidad.
El bolsillo como variable de ajuste
Detrás de la caída del consumo hay una explicación concreta: la pérdida del poder adquisitivo.
La inflación sostenida, combinada con salarios que no logran recuperarse, golpea directamente la capacidad de compra.
A esto se suma el aumento de tarifas, alquileres y servicios, que absorben cada vez más ingresos y dejan menos margen para el consumo cotidiano.
Caída generalizada
El retroceso no se limita a un sector. Abarca prácticamente todos los canales:
- Supermercados, entre los más golpeados
- Autoservicios y mayoristas en baja
- Comercios de cercanía con ventas en retroceso
Incluso las pymes comerciales vienen registrando caídas sostenidas, con meses consecutivos en terreno negativo.
El único sector que escapa parcialmente es el comercio electrónico, aunque representa una porción menor del total.
Un modelo que enfría la economía
El desplome del consumo no es un accidente: es una consecuencia directa del modelo económico.
El ajuste fiscal, la caída de ingresos y el deterioro del empleo configuran un escenario donde el mercado interno se contrae.
Menos consumo implica menos ventas, menos producción y, en última instancia, más presión sobre el empleo.
Dos economías
Mientras el consumo masivo cae, algunos sectores vinculados a bienes durables o al turismo muestran comportamientos más dinámicos.
Esto refleja una economía cada vez más desigual, donde el consumo de los sectores de mayores ingresos convive con la retracción en los bienes básicos.
En otras palabras: no todos consumen menos, pero quienes menos tienen son los que más ajustan.
La discusión de fondo
El gobierno presenta el ajuste como condición para estabilizar la economía. Sin embargo, los datos del consumo muestran el costo social de ese proceso.
Cuando cae el consumo de alimentos, productos de higiene o medicamentos, lo que está en juego no es una variable económica abstracta, sino la vida cotidiana de millones.
Cuando el consumo se desploma, no es solo un número: es el reflejo de una sociedad que se empobrece. El ajuste no se siente en los balances, se siente en la mesa de quienes pagamos la crisis.


