Mientras el gobierno recorta jubilaciones, cierra hospitales y ajusta sobre los trabajadores, el clan Menem multiplica sus cargos en el Estado nacional. Son al menos doce integrantes de la familia riojana que hoy cobran sueldos públicos o se benefician directamente del erario. El mismo Estado que dicen querer achicar.
Martín Menem, hijo del exsenador Eduardo Menem y sobrino del expresidente Carlos Saúl, preside la Cámara de Diputados y es el tercer hombre en la línea de sucesión presidencial. Desde ese lugar, lejos de romper con las viejas prácticas, designó a su sobrino segundo Federico Sharif Menem, de 24 años y ningún antecedente en la gestión pública, como Director General de la Secretaría Privada de la Presidencia de la Cámara.
Cuando le preguntaron, la respuesta fue la de siempre: era la persona en quien más confiaba, siempre estaba a su lado. El nepotismo de toda la vida, pero con acento libertario.
El primo en la mesa chica de Karina
Eduardo “Lule” Menem, primo de Martín, ocupa la Subsecretaría de Gestión Institucional de la Secretaría General de la Presidencia, el organismo que encabeza Karina Milei. Desde ahí opera como el principal articulador político del oficialismo en el Congreso. No llegó por concurso ni por méritos en la gestión pública: llegó porque lleva décadas tejiendo la red de vínculos que el menemismo construyó en La Rioja a lo largo de cincuenta años de predominio político.
Su hermana Carola es asesora permanente en el Senado, en el despacho del senador Juan Carlos Pagotto, el mismo al que Karina Milei le confió el control de la selección de jueces federales.
¿Dónde está el resto de la familia? Amado Menem, tío de Martín, dirige la delegación del PAMI en La Rioja por designación directa de la Presidencia. Lara Menem, de 22 años, trabaja en la Agencia de Recaudación y Control Aduanero. Yamil Menem conduce la Agencia de Espacios Públicos y Eventos. Jorge Menem integra el Tribunal de Cuentas de La Rioja. Sin contar familiares con otros apellidos ni asesores vinculados al clan, son al menos doce los Menem que hoy dependen del erario público.
Contratos millonarios para los amigos
La presencia del clan no se limita a los cargos. Empresas vinculadas al entorno familiar obtuvieron contratos millonarios con el Banco Nación, el Teatro Cervantes, el ENARGAS y la propia Cámara de Diputados.
En al menos uno de esos procesos licitatorios, la firma ganadora presentó una oferta que multiplicó varias veces el presupuesto de su principal competidora. Y se quedó con el contrato igual.
La señal que nadie registró
Apenas asumió, Milei derogó el decreto que prohibía designar familiares de altos funcionarios en el sector público. Lo hizo sin demasiado ruido, sin que sus propios votantes lo registraran como la contradicción que era. No fue un descuido administrativo, sino la señal política que habilitó todo lo que vino después.
La corrupción y el nepotismo no son rasgos morales de tal o cual funcionario, son prácticas estructurales de un sistema donde el Estado existe para garantizar los negocios de quienes tienen el poder económico y político. El menemismo lo hizo en los ’90. El kirchnerismo tuvo sus propios casos. El macrismo también.
Lo que diferencia a este gobierno es la obscenidad de hacerlo mientras ajusta salvajemente sobre los trabajadores, mientras recorta jubilaciones y cierra hospitales, y mientras le explica a la gente que el Estado tiene que achicarse porque no alcanza la plata.
Para los Menem, evidentemente, sí alcanza.
Marcela Gottschald


