La reforma electoral impulsada por el gobierno para eliminar las PASO y modificar las reglas del sistema político empezó a encontrar resistencias incluso entre aliados. La UCR se desmarca y varios gobernadores ponen en duda el proyecto, que ya aparece como una disputa por el poder de cara a 2027.
Un proyecto que empieza a hacer agua
La reforma electoral que impulsa el gobierno de Javier Milei, presentada como un intento de “modernización” del sistema político, comenzó a enfrentar obstáculos en el Congreso.
Lejos de un avance lineal, el oficialismo se encontró con resistencias en sectores que hasta ahora habían acompañado varias de sus iniciativas. La Unión Cívica Radical (UCR), clave para la mayoría legislativa, marcó distancia y cuestionó especialmente la eliminación de las PASO.
Senadores radicales no solo se manifestaron en contra del proyecto oficial, sino que incluso avanzaron con iniciativas propias. La disputa no es menor: sin los votos del radicalismo, el oficialismo ve comprometidas sus chances de aprobar la reforma.
El dato político es claro: un aliado estratégico empieza a correrse cuando lo que está en juego son las reglas electorales.
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Gobernadores en alerta
A la tensión con la UCR se suma el malestar de los gobernadores, incluso de aquellos que venían manteniendo una relación dialoguista con la Casa Rosada.
La eliminación de las PASO genera dudas en las provincias, donde el sistema actual funciona como mecanismo de ordenamiento interno de las fuerzas políticas.
Algunos mandatarios fueron más allá y denunciaron que la reforma busca “hacerse un traje a medida”, en referencia a los intereses del oficialismo.
PASO en el centro de la disputa
El eje del conflicto es la intención del gobierno de eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, bajo el argumento de reducir costos y “terminar con privilegios”.
Sin embargo, su eliminación no es para democratizar y quitar los pisos proscriptivos del sistema electoral, sino que el gobierno busca una reforma a la medida de sus intereses para doblegar a sus aliados.
Un proyecto que pierde consenso
El gobierno apostaba a avanzar con rapidez en el Congreso, pero el escenario actual muestra un panorama más complejo: falta de acuerdos, tensiones internas y aliados que empiezan a poner condiciones.
Incluso dentro del PRO —otro socio clave— predomina el silencio, lo que refleja la fragilidad del armado político oficialista.
La discusión de fondo
Modificar el sistema electoral desde el poder, en un contexto de crisis económica y caída de ingresos, plantea interrogantes sobre las prioridades del gobierno.
Cuando las reglas de la democracia se discuten entre negociaciones de cúpula y cálculos electorales, el riesgo es claro: que el sistema se adapte a quienes gobiernan y no a quienes lo sostienen. La crisis de la reforma muestra que no hay consenso ni legitimidad automática. Y frente a eso, la pelea no es solo parlamentaria: es por defender los espacios de participación frente a un gobierno que busca rediseñar el tablero mientras ajusta sobre las mayorías.

