Promesas de más ajuste. El FMI le aprobó el desembolso a Caputo

La misión del ministro de economía, Luis Caputo, en Washington, logró destrabar el desembolso de U$S 1.000 millones que se encontraba postergado desde hacía varios meses. Este acuerdo alcanzado con el personal del Fondo Monetario Internacional oficializa la aprobación de la segunda revisión del programa de facilidades extendidas que la gestión de Javier Milei firmó hace un año.

El gobierno consiguió que el organismo diera el visto bueno a su hoja de ruta económica en un momento de fuertes dificultades internas y externas. Sin embargo, este episodio se aleja de ser un hito positivo para la mayoría del país porque la llegada de estas divisas frescas tiene como contrapartida un recrudecimiento del plan de ajuste contra el bolsillo de los trabajadores.

El Fondo Monetario Internacional liberó estos fondos mediante un comunicado oficial donde celebra el camino de ajuste tomado por la Casa Rosada y la aprobación de reformas que atacan de manera directa los derechos laborales. Según el organismo internacional “el impulso reformista se ha fortalecido significativamente en los últimos meses” gracias a la aprobación del presupuesto y de legislaciones destinadas a “aumentar la flexibilidad del mercado laboral” y a “destrabar inversiones en el sector minero”. Estas palabras demuestran que el respaldo del Fondo no es gratuito, porque exige profundizar medidas que faciliten la entrega de nuestros bienes comunes y la precarización exponencial de los trabajadores.

El organismo también destacó que las modificaciones en el esquema cambiario permitieron una acumulación de reservas, aunque omitió mencionar que este proceso se sostiene sobre una recesión brutal que paraliza el consumo interno.

Un punto de conflicto central en estas negociaciones fue la situación de la inflación que golpea al país de manera ininterrumpida. La directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, fue contundente al respecto y adelantó que tendrá conversaciones específicas con el ministro Caputo para aclarar este panorama. Esta preocupación del Fondo choca con las explicaciones técnicas del presidente Milei quien intenta minimizar el impacto de las subas constantes de precios.

El malestar del organismo quedó plasmado en el informe sobre la situación económica mundial publicado recientemente. Allí se recortaron las proyecciones de crecimiento del Producto Bruto Interno argentino para el año 2026 situándolo en un 3,5%. Al mismo tiempo, el Fondo duplicó su proyección de inflación anual hasta llegar al 30,4%, lo cual representa una cifra totalmente opuesta al 10% que el gobierno libertario incluyó en su ley de presupuesto. En relación a esto, al oficialismo se les encendieron todas las alarmas en el día de ayer. En apenas tres meses de este año, la inflación ya se encuentra en el 9,4%, lo que deja al descubierto la falsedad de las promesas oficiales de estabilidad.

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Nuevas metas y el cepo de la deuda sobre el pueblo

Las negociaciones en Washington también incluyeron una revisión profunda de las metas fiscales y de la acumulación de reservas para los próximos años. El organismo de crédito internacional exige que el superávit primario se mantenga como el ancla principal del programa económico. En términos técnicos, superávit primario es el dinero que le queda al Estado después de pagar todos sus gastos operativos, pero antes de pagar los intereses de la deuda externa. Para el Fondo este número debe alcanzar el 1,4% del Producto Bruto Interno este año, lo que implica necesariamente seguir recortando fondos en áreas sensibles como la salud, la educación y la asistencia social. Esta obsesión por los números fiscales positivos se traduce en una política de caja cero, que congela las jubilaciones y los salarios mientras la inflación sigue su curso ascendente.

En el frente externo, las nuevas exigencias del Fondo imponen una acumulación de reservas internacionales netas de al menos U$S 8.000 millones para el año 2026. Las reservas netas son los dólares reales que el Banco Central tiene disponibles para respaldar la moneda y cumplir con los compromisos financieros. Para llegar a ese objetivo el gobierno se comprometió a mantener un esquema de compras de divisas agresivo y a implementar una estrategia para refinanciar sus obligaciones mediante la venta de activos estatales y la toma de nuevos préstamos.

Este plan profundiza la dependencia de los mercados internacionales y encadena el futuro del país a las decisiones que se toman en las oficinas de Washington. El organismo también pidió una mayor transparencia en la política monetaria y una tasa de interés restrictiva, lo cual terminará encareciendo el crédito para la producción y ahoga la producción.

La estafa de la deuda y la urgencia de romper con el mandato del hambre

A un año de haber firmado este acuerdo por U$S 20.000 millones, el balance para las mayorías trabajadoras es desastroso porque el programa, objetivamente, solo ha servido para multiplicar la miseria.

El desembolso de U$S 1.000 millones que Caputo consiguió en esta misión no va a resolver ninguno de los problemas estructurales que aquejan a las mayorías cotidianamente. Lo conseguido por el gobierno en esta negociación es solo un parche para la supervivencia de un esquema de usura financiera. Mientras el gobierno celebra el apoyo de Georgieva, el pueblo sufre las consecuencias de una apertura comercial que destruye la producción industrial y de una reforma laboral que pretende retrotraer nuestros derechos a principios del siglo pasado.

La sumisión ante los dictados del Fondo Monetario Internacional, vuelve a representar un nivel de entrega de soberanía que condiciona cada decisión política de la Argentina en favor de los intereses de los acreedores externos. Por esto, se vuelve urgente romper con este tipo de estafas financieras y declarar el cese inmediato de los pagos de una deuda que el pueblo no contrajo. Todos los recursos que hoy se movilizan en dirección a Washington deben ponerse a la orden de las necesidades urgentes de los sectores populares que hoy no pueden cubrir la canasta básica.

No se puede seguir aceptando un modelo que mendiga dólares para pagar intereses de deuda, mientras las escuelas y los hospitales se caen a pedazos por falta de presupuesto. La salida a esta crisis no vendrá de la mano de más flexibilización laboral ni de más ajuste fiscal para complacer a los burócratas del Fondo. La única alternativa real reside en recuperar la soberanía económica para poner la riqueza del país al servicio de quienes la producen día tras día con su esfuerzo. La continuidad de este camino trazado por Milei y Caputo solo garantiza una degradación mayor de nuestras condiciones de vida para alimentar la voracidad de un organismo de crédito que vive del saqueo de los pueblos oprimidos.

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