La crisis del consumo en la Argentina se sigue profundizando bajo el programa económico de Javier Milei y los datos publicados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) confirman esta tendencia negativa.
De acuerdo a esta publicación[i], las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas registraron un nuevo retroceso durante el mes de marzo con una caída del 0,6% en la comparación interanual. Este comportamiento también se manifestó en la medición respecto al mes de febrero con una baja del 0,4% en términos desestacionalizados.
Los números consolidados del primer trimestre del año, también exponen un escenario desastroso para este sector con una contracción acumulada del 3,6%. A pesar de las declaraciones que pueden venir del oficialismo, esta dinámica no tiene nada de pasajera, porque la actividad ya encadena once meses consecutivos de deterioro interanual. Esta racha de números en rojo comenzó en mayo del año pasado y no encuentra un piso real frente a la licuación constante de los ingresos de las mayorías trabajadoras.

El clima recesivo por el cual transita la economía del país es una consecuencia directa de una inflación que golpea de lleno a los salarios congelados. Mientras el presidente Milei y el ministro Luis Caputo se excusan pidiendo paciencia, la realidad de los números desmiente cualquier relato de recuperación en forma inmediata. Si bien, el gobierno intenta ganar tiempo con promesas de mejoras futuras, los datos de marzo demuestran que el consumo sigue decayendo a causa de la destrucción sistemática del poder adquisitivo. La desregulación total y las reformas estructurales solo han servido para encarecer el costo de vida mientras la actividad económica se hunde mes tras mes.
El análisis detallado por rubros confirma que la mayoría de los sectores se encuentran en terreno negativo con cinco de las siete divisiones medidas por la entidad empresaria en caída. El desplome más profundo se registró en el sector de perfumería con una baja interanual del 9,8% junto al rubro de bazar y decoración y textiles de hogar que retrocedió un 8,3%. La división de alimentos y bebidas marcó un descenso del 0,9% en marzo y ya acumula una caída del 5,1% en lo que va del año. Esta cifra es particularmente alarmante porque refleja cómo las familias argentinas se ven obligadas a racionalizar hasta las compras de primera necesidad. El aumento de precios en carnes y productos frescos impacta directamente en el volumen de los tickets de compra y empuja a los sectores populares hacia estrategias de supervivencia alimentaria.
La percepción de los comerciantes sobre el futuro inmediato está casi que dominada por la incertidumbre y la falta de confianza en el rumbo económico. Cerca la mitad de los comerciantes consultados entiende que la situación no va a cambiar en el corto plazo y proyecta un mantenimiento de los niveles actuales de ventas. Un 48% de los encuestados prevé que el escenario se mantendrá estable en estos niveles críticos mientras que un 12,4% anticipa un empeoramiento de su negocio. Esta falta de expectativas se traduce en una predisposición casi nula para realizar nuevas inversiones. Casi el 60% de los comerciantes califica el escenario presente como un momento complicado para realizar nuevos desembolsos financieros. La dependencia del financiamiento bancario y el alza de los costos operativos terminan por asfixiar a estos sectores que ven cómo sus ingresos son devorados por los gastos fijos.

El plan de gobierno libertario descarga todo el peso de su ajuste criminal sobre las espaldas de los trabajadores y los sectores populares. Mientras la cúpula oficialista se enreda en tramas de corrupción el pueblo padece la destrucción de sus condiciones de vida más elementales. Esta política de entrega de soberanía y de destrucción de nuestros territorios no tiene como objetivo la reactivación productiva y solo busca garantizar la renta financiera de los sectores más concentrados. La caída del consumo es el síntoma más claro de un modelo que rifa el futuro del país a merced de los intereses de las corporaciones extranjeras y de los mandatos del Fondo Monetario Internacional. No hay producción que valga bajo el mandato de un ajuste que vacía las mesas de los trabajadores mientras se transfiere la riqueza hacia los amigos del poder y el capital internacional.
El ajuste genera recesión y la recesión genera menos ingresos lo que lleva al gobierno a profundizar los recortes en un círculo vicioso de miseria. Se destruyen puestos de trabajo y se congelan haberes mientras la inflación sigue su curso ascendente impulsada por el tarifazo de los servicios públicos. Es fundamental denunciar que este camino de entrega y de ajuste permanente solo garantiza la degradación y el empobrecimiento generalizado de la población. La lucha por recuperar el salario y por poner la economía al servicio de las necesidades de las mayorías es la única alternativa frente a la barbarie libertaria que pretende reducir a la Argentina a un mercado de materias primas sin industria ni consumo interno.
[i] https://www.redcame.org.ar/advf/documentos/2026/04/69daf7a3a19c1.pdf

