Foto: Maia Pauro
Artículo publicado originalmente en el número 863 de la revista impresa Alternativa Socialista.
Después de lograr un triunfo salarial histórico a través de 7 meses de lucha, los principales dirigentes y activistas del Hospital Garrahan son amenazados con despidos y suspensiones por protestar. La dirección intervenida del hospital por un militante libertario tiene como propósito correr del medio a los referentes de un movimiento social excepcional. Es la condición necesaria para resetear el Garrahan tal como lo conocemos e ir a un modelo elitizado, con servicios privatizados y un equipo de salud sometido, disciplinado, sin pensamiento propio ni conciencia de sus derechos. Tensiones, disputa, conflictividad y desafíos en el inmenso hospital de las infancias de casi 7000 trabajadores. Esa es la etapa que transitamos.
Durante meses en 2025 (sumado a 10 paros en 2024 y otras medidas de fuerza) los trabajadores del Garrahan, encabezados por la APyT como vértice de un frente único de sectores internos del hospital y una amplísima articulación externa, lograron una victoria que va a quedar en la historia de las luchas en defensa de la salud pública y todo el movimiento obrero en Argentina. No hubo nada de espontaneísmo en esa dinámica, sino más bien un modelo sindical democrático, combativo e independiente de gobiernos y gestiones, como así también una orientación estratégica para el rumbo del movimiento de lucha construida de forma colectiva, sin esquemas, recetas, ni dogmas. Obviamente hay una fuerza en el conjunto del equipo de salud del hospital que es la precondición necesaria para una pelea como la que se dio. Y a la vez, un desprestigio profundísimo de los dos sindicatos de base de la CGT que existen en la institución que son directamente cuasi oficinas del gobierno y la gestión: UPCN y SUTECBA.
En ese cuadro general, hay por lo menos tres elementos para destacar que explican el alcance de un verdadero movimiento en defensa del Garrahan que triunfó:
- El rol de la Asociación de Profesionales y Técnicos (APyT). Este es un sindicato recuperado de una conducción elitista, corporativa y pro-gestión hace ya varios años. Es un sindicato pluriprofesional, que abarca a la totalidad del equipo de salud y los trabajadores del hospital. Su rol ha ido ganando peso con el correr de los años y en especial desde la pandemia en adelante se fue transformando en una especie de bisagra y eje articulador de los distintos sectores del personal que resiste el vaciamiento. Articula con los delegados de la Junta Interna de ATE y con un emergente importante también, como es el colectivo de Autoconvocados, que representa a una franja de profesionales que gravitan en la vida del hospital: médicos/as jóvenes, jefaturas intermedias, residentes, becarios y otros eslabones claves de los equipos de atención asistencial. La APyT practica un modelo antiburocrático basado en asambleas e independiente de todas las gestiones, como así también se construye en base a una plural composición ideológica, aunque con una perspectiva de lucha, compromiso y conciencia en defensa de todos los trabajadores del hospital. Tiene un estatuto democrático que contempla las minorías y un funcionamiento colectivo de debate permanente a su interior. También se logró construir un equipo de conducción basado en la principal vocera de la Asociación en esta etapa, Norma Lezana (profesional con 38 años de experiencia en el hospital, respetada y valorada indiscutiblemente como la principal referencia de la lucha) en tándem con nuevos dirigentes y activistas que se probaron en la pelea junto a la continuidad de una tradición de militantes del sindicato muy valiosos. Esa sinergia intergeneracional y multidisciplinaria, hace de la APyT una herramienta con vasos comunicantes con todo el hospital.
- Una orientación estratégica sin recetas ni dogmas. Desde que arrancó el gobierno de Milei, la APyT fue preparándose para lo que venía. Al frente único interno le sumó, por ejemplo, una coordinación externa para suplir el vacío de las centrales sindicales: el Cabildo Abierto como nombre de una confluencia de sindicatos y colectivos de salud, que fue ampliándose a otros sectores y siendo palanca clave para movilizaciones nunca protagonizadas por el hospital, como la de Plaza de Mayo del 17 de julio de 2025 o la confluencia posterior con la comunidad universitaria con centenares de miles. El perfil de esa convergencia es de la más amplia unidad de acción sin ningún sectarismo a partir del programa y las medidas definidas en asamblea por las bases del hospital. Fue motivo de debates al interior del frente único en el hospital esta coordinación entre planteos más cerrados que limitan la unidad exclusivamente a la izquierda y otros que no le daban importancia cualitativa a esa orientación. La realidad mostró que era clave impulsarla, y con ese horizonte de amplitud.
- Finalmente, la importancia de organizar el respaldo social para que se exprese de forma concreta. El rol de las familias agrupadas en diversos colectivos fue un motor adicional de este verdadero movimiento. Desde las primeras semanas del reclamo identificamos ese valor agregado e insistimos incansablemente que era fundamental vehiculizar medidas para que se exprese ese apoyo ya que el Garrahan no era un conflicto meramente económico y sindical, sino profundamente social, político e incluso cultural. Así nos preparamos y debatimos desde la APyT para plantearlo hacia el conjunto de los trabajadores en lucha. Y por eso, la intervención mileísta que dirige el hospital, directamente conectada con la Jefatura de Gabinete y la presidencia del país, tuvo que asumir su derrota: cedió un aumento salarial inédito desde 2023 y de los más importantes desde la fundación del hospital de más del 75% (contabilizando el 61% al salario y un bono permanente de $450 mil). Una derrota económica y social en la opinión pública categórica del prepotente círculo rojo libertario.

Revanchismo, ensañamiento y ataque preventivo
El ministro de salud Mario Lugones, dueño de clínicas privadas, enemigo del Garrahan y la salud pública, designó a “dedo” para intervenir el hospital a un empleado suyo, que no es pediatra y no conoce nada de infancias. Este personaje, Mariano Pirozzo, que antes pasó por el Sommer y el Bonaparte para despedir trabajadores, inmediatamente después de ceder al aumento salarial aplicó sumarios contra 40 trabajadores del hospital para despedirlos y sancionarlos, empezando por dos de los principales voceros del reclamo: Norma y Maxi Bares, ambos de la APyT. Esta medida tiene un propósito estratégico y a la vez se despliega en paralelo a otro conjunto de acciones en los últimos meses por parte de la gestión libertaria:
- Caducidad de contratos a 71 profesionales y técnicos de las guardias rotativas del hospital, claves para ese servicio. A cambio, la intervención ofrece contratos de locación y monotributo.
- Hostigamiento al personal con licencias por razones de salud y violencia psicológica.
- Reducción de vacantes en el Jardín Maternal (conquista de las trabajadoras del hospital por iniciativa de la APyT en su momento) que compensa las desigualdades profesionales para las mujeres que maternan.
- Modificación de régimen de residencias y becas, a favor de la precarización y eliminación de derechos laborales.
- Designaciones sin concurso de asesores privados del interventor con sueldos de privilegio, es decir, la construcción de una casta burocrática propia.
- Amenazas con prohibir asambleas o restringir espacios para reuniones y deliberación democrática del equipo de salud.
- Filtración de imágenes de las cámaras del hospital o de información reservada de los sumarios a periodistas libertarios y al Jefe de Gabinete, Adorni.
- Vacancia de casi 300 cargos derivados de las renuncias del año pasado que logramos frenar, pero no se compensaron esas bajas de personal valiosísimo por llamado a concurso.
Es decir: el propósito de barrer con la conducción gremial de la lucha que les impidió vaciar el Garrahan es poder retomar la ofensiva por reconvertirlo en otra cosa, en un modelo elitizado, con servicios arancelados y con una transformación de su naturaleza pública y de calidad. Ven en este hospital de las infancias, único en su tipo en Sudamérica, por el nivel asistencial de atención y por la gratuidad de su acceso, un nicho de negocios privados. Son eso: mercachifles de la salud de las personas, en este caso, de las más indefensas de todas, los nenes y nenas de la Argentina.
Pero no es solo eso, sino que también los orienta una especie de revanchismo clasista contra una conducción gremial antiburocrática e independiente, con una referente socialista del MST además, y con un elemento preventivo no menor que los preocupa como oficialismo ultraderechista: evitar que se consolide un polo de referencia sindical alternativo a toda la burocracia caduca y contagie en la etapa que se viene a otras luchas de la misma orientación triunfante. Todo esto se está jugando en la pelea por derrotar los sumarios en el Garrahan.

Defender lo obvio en tiempos de monstruos
El modelo asistencial e integral del Garrahan, contrastado con el país de la crueldad como sentido común que propone la ultraderecha, aparece como incompatible. Revisemos datos y aristas del hospital:
- Se trata del hospital pediátrico de alta complejidad más importante de Sudamérica. No existe otro igual, público, universal y de calidad en toda la región.
- Recibe más de 600.000 consultas anuales de todo el país y zonas limítrofes.
- *Sus profesionales realizan el 80 % de los trasplantes pediátricos de la Argentina y atienden más del 50 % de los casos de cáncer en niños.
- *Es un hospital de atención, diagnóstico temprano, investigación y escuela de formación.
- La complejidad de casos que atiende: el proyecto original tenía el objetivo de poner en pie un hospital que recibiera las enfermedades más complejas en infancias, y para ello requiere equipos interdisciplinarios.
- La modalidad científico-profesional-asistencial de “equipo” implica condiciones materiales para el personal que sean dignas y permitan una dedicación full a las infancias, y a la vez, genera una dinámica horizontal y democrática de deliberación permanente. Esto se traslada como cultura de choque de ideas y pensamiento crítico, al terreno de la defensa de los derechos laborales del equipo de salud.
Todo eso que define lo que podríamos denominar como Modelo Garrahan choca de frente con la naturaleza de país que imagina la estrategia libertaria:
- ¿Por qué gratuidad para todas las infancias? Su narrativa es arancelamiento y capital privado.
- ¿Por qué condiciones laborales que despreocupen a profesionales y técnicas de la supervivencia? “Eso que llaman derechos son privilegios de casta: afuera, no van”.
- ¿Por qué horizontalidad democrática y equipos? La eficiencia en clave mileísta es verticalidad de mando, gestión centralizada, cuartelera.
- ¿Por qué financiamiento público, por qué asambleas gremiales y sindicatos independientes? Repudian todo esto, lo consideran ineficiencia, estatismo bobo y obstáculos.
Es este el panorama que explica que defender el Garrahan como una obviedad, en este tiempo histórico de emergentes monstruosos y crueldad legalizada, nos enfrenta de manera directa con el poder político, con su orientación estratégica y nos plantea el desafío de trascender los límites del hospital en defensa propia.

Una trinchera
El gobierno nacional mantiene la iniciativa política desde que ganó las elecciones el año pasado: apuesta a acelerar con cambios estructurales reaccionarios todos los aspectos de la vida económica, social y política del país mientras le quede margen político. Sabe que al final y más temprano que tarde, un modelo que transfiere recursos del salario a la ganancia empresaria, que recorta derechos, que profundiza la pobreza y además reprime no dura para siempre. Los dueños de todo, bancos, corporaciones y el FMI, respaldan el intento por provocar todo el retroceso posible a favor de los ricos. Luego se verá. Son así, jugadores de casino cortoplacistas, improvisadores de un tiempo de senilidad capitalista y desilusiones acumuladas en amplios sectores populares con gobiernos que fueron pasando, en especial el último del peronismo. Ahora se va procesando lenta y dolorosamente la experiencia con este delirio gobernante. Arrancamos con este rulo introductorio para ubicar que, con la aprobación de la Reforma Laboral, empieza en el movimiento obrero una nueva etapa donde los patrones y gobiernos van a tener que aplicar leyes esclavistas y de supresión de conquistas históricas en los lugares de trabajo: fábrica por fábrica, empresa por empresa, escuela por escuela y hospital por hospital. Ahí se va a jugar otra historia. No van a tener senadores y diputados para comprar. Ahí van a tener que enfrentar a los trabajadores en su propio terreno:
- No va a ser con la cúpula de la CGT la disputa: va a ser con cada delegado, con cada sindicato de base o Junta Interna y entonces nuestra hipótesis es que se va a tener que probar una nueva generación de luchadores.
- Asumir que el gobierno de Milei logra avanzar (con complicidades activas y con colaboración pasiva por dejar correr y hacer como la CGT) es una cosa, y está bien: la realidad se la mira de frente. Pero cuidado, porque ahora la tarea es hacer de cada lugar de trabajo una trinchera.
En esto, desde el Garrahan y la APyT tenemos un acumulado de experiencias, de aciertos, errores, fortalezas y debilidades: porque ganamos siendo una trinchera como punto de apoyo para unir adentro al conjunto de los trabajadores y hacia afuera sin dogmas ni sectarismos, construir un amplio escudo de defensa con unidad en la acción y coordinaciones de frente único con organizaciones y sectores con quiénes tenemos matices y diferencias, pero priorizando lo que nos une y acuerdos prácticos para ganar las causas justas.
Lo volvemos a decir: la moneda sigue estando en el aire.

Se acabó lo que se daba
Como todo período de cambios políticos y, sobre todo, cuando pasan a la ofensiva proyectos reaccionarios, fascitoides como el de Milei, se ponen a prueba políticas, orientaciones, concepciones y modelos en el plano sindical y político. Es evidente que un gobierno así no actúa en el vacío, sino que opera sobre frustraciones, impotencias y fracasos históricos. Sacar todas las conclusiones de lo que está pasando para contribuir a imaginar salidas alternativas a favor de la mayoría social, de los trabajadores/as, de las juventudes y los sectores populares es una obligación que tenemos planteada los que antes que nada somos activistas contra la resignación y el no se puede.
- Todo el sindicalismo burocrático, tradicional, de aparatismo, privilegios y sometimiento al poder económico y político de turno está históricamente caduco. Las centrales obreras existentes han demostrado que no sirven como instrumento para organizar la energía y reserva obrera contra esta ofensiva brutal que estamos sufriendo. Hace falta pensar una nueva central obrera que surja desde las expresiones sindicales de “trinchera” como la APyT para el próximo tiempo histórico.
- La oposición política tradicional a la ultraderecha, el peronismo en sus diversas alas, más allá de matices en la paleta de colores, tienen limitantes básicos en su programa, naturaleza de clase y método que lo hacen impotente para superar por la positiva al mileísmo y asegurar derechos elementales al conjunto del pueblo. No se animan contra el FMI. No cuestionan pilares básicos del capitalismo. No se proponen tomar las medidas que hagan falta para asegurar derechos y eso es tocando privilegios capitalistas. Además, no se apoyan en la movilización y la autoorganización democrática desde abajo. Le tienen pánico al desborde que los supere incluso a ellos como proyecto. No identifican que la movilización social y la organización democrática principalmente de los trabajadores es la clave para derrotar toda resistencia de la minoría privilegiada que tiene el poder agarradísimo.
- Tampoco sirven las variantes de izquierda que ceden a la presión de la ideología conservadora del posibilismo, de la “pelea por adentro” de proyectos ya infinitamente fracasados como el peronismo o las opciones sectarias, con cerrazón de capilla que se autoproclaman los dueños imbatibles de la verdad y hacen sistemático patrullaje de las diferencias, nunca de los acuerdos principistas. Francamente tampoco es por ahí ni en lo sindical, ni en lo político.
Hace falta un proyecto político anticapitalista, de izquierda, con anclaje protagónico en los trabajadores y un programa que se plantee un puente de transición al socialismo con democracia real a partir de un gobierno de los que nunca gobernamos.
Para otro sindicalismo y una nueva central obrera, más trincheras como el Garrahan y más APyT como modelo. Para una alternativa política que supere al peronismo, fortalecernos los que luchamos por una izquierda transformadora y antisistémica pero con vocación de mayoría. Nuestra militancia y construcción del MST tiene esa obsesión y horizonte.




