Resistencia y agujas. El caso de las Arpilleras chilenas y Abuelas de Plaza de Mayo

La historia entre el trabajo manual y el espacio público en la sociedad ha sido una simbiosis para la vida de las mujeres a lo largo de las sociedades. El uso del bordado está cargado de símbolos, de códigos de lectura que reflejan espacios de socialización entre los sujetos. 

Por: Ana Sofía Morales, estudiante de Historia en la FHyCS / UNJu y diseñadora textil

Así como lo afirma Clare Hunter, escritora y artista textil comunitaria: “En distintos países, en distintas épocas y de distinta forma, las personas siempre han usado la costura para alzar la voz cuando han sido silenciadas y para hablar por quienes han perdido la palabra por causa de la agitación política o social” (Hunter Clare, 2025, p. 177).

Las arpilleras chilenas y abuelas de Plaza de Mayo ejemplifican dos casos simultáneos en el siglo XXI como mujeres comprometidas en retratar y denunciar mediante el trabajo artesanal lo ocurrido en tiempos de dictadura militar. En Argentina, a 50 años de la restauración democrática, resulta importante hoy más que nunca, abordar los distintos espacios de supervivencia que atravesaron quienes bajo la mirada pública debían dedicarse al ámbito privado: las madres y esposas que en principio sufrían las consecuencias de las primeras detenciones y desapariciones de sus seres queridos.

Las arpilleras chilenas

La palabra “arpillera” proviene de un tejido compuesto por una fibra 100% natural y rústica; pero a la vez, la usamos para nominar una manifestación de artesanía comunitaria surgida durante la última dictadura militar en Chile bajo el mando de Augusto Pinochet a partir del 11 de septiembre de 1973 y que marcó diecisiete años de dictadura, censura, toques de queda y suspensión de libertades civiles. 

Consisten en piezas textiles tridimensionales cosidas sobre restos de sacos de papa, harina o retazos de ropa vieja y producidas en forma clandestina por un grupo de mujeres en la ciudad de Santiago de Chile. Esta práctica surge bajo condiciones particulares, durante el periodo de detenciones muchas de las víctimas eran jóvenes y procedían de barrios marginales de Santiago. Las esposas, en ese contexto, se vieron en la necesidad de mantener a sus familias. Así la Iglesia Católica termina siendo destino de la producción artesanal, reuniendo a muchas mujeres y promoviendo la apertura de talleres y la venta y circulación de los bordados.

El contenido de esta técnica de bordado se difunde rápidamente: hablaban de un país en crisis, de una comunidad asediada por la falta de agua y comida, por la pobreza y la prostitución, familias rotas y las victimas del desempleo. Contaban sus experiencias de hijas e hijos secuestrados, de la angustia y el dolor por no encontrarlos.

Arpillerista A.P.A, Arrestos y allanamientos, 1976, textil bordado. Cortesía de Margaret Beemer. Foto cortesía de MOLAA

Tal como lo dice Clare Hunter, las mujeres representaban su pérdida a través de escenas domésticas: una familia comiendo en una mesa con un asiento vacío, una mujer de pie en el umbral de su casa. O fuera del ámbito hogareño existían escenas que ilustraban un mercado sin comida en los puestos, jóvenes desempleados buscando cartones que vender, policías llevando a cabo una detención, un árbol con imágenes de los detenidos-desaparecidos en lugar de hojas. 

La colorimetría alegre y radiante que desprendía de los materiales se contrastaba con el terror, miedo y la desolación; las piezas cosidas y bordadas mediante crochet o punto festón, pero con hilos sueltos, orillas torcidas y proporciones irregulares en los objetos demostraban un modo de producción urgente y clandestino; y la adopción de materiales no textiles como papeles, fotografías o incluso que el mismo retrato sea en base a sacos de papa y harina, dan cuenta de la pobreza de los recursos que disponían.

A medida que los emprendimientos florecían, se fue consolidando un mercado solidario que es descubierto por periodistas y visitantes que comenzaron a comprar sus productos, según Hunter “La iglesia las sacaba del país de contrabando por medio de su propia red de apoyo. Lo que comenzó siendo una forma de que las mujeres se ganaran la vida se transformó en un acto político clandestino” (2025, P. 179).

Aunque no circularan en Chile, la exportación a otros países reveló violaciones a los derechos humanos e incluso dándose a conocer en Washington D. C. Amnistía Internacional, sin embargo, su distribución en el extranjero acabó llamando la atención de autoridades estatales, quienes ejecutaron una campaña de persecución, registros en domicilios, puertas marcadas con una cruz roja. A pesar de las represalias, la persistencia de las arpilleras ante cualquier condición, ofrece un ejemplo tajante acerca de cómo las acciones colectivas dejan huellas que corren la voz y pueden perdurar hasta el presente.

Después de 1993 la actividad sale de la clandestinidad y las bordadoras volvieron a ser lo que eran: una forma en la que las mujeres pobres obtuvieron ingresos, mientras que las arpilleristas originales continuaron la línea narrativa de contar por medio de la aguja sus historias de pérdida, pero sin renunciar a su rol de comentarista política de su actualidad, insistiendo en hacerse oír, expresar su dolor y testimonio.

Los pañuelos de las Abuelas de Plaza de Mayo

En un principio la organización de Abuelas de Plaza de Mayo no existía como tal, sino hasta el 2006 con el objetivo de exigir conocer el destino de los quinientos niños nacidos en las prisiones y campos de detención durante la dictadura militar. Inicialmente estos pañuelos eran los pañales de los hijos desaparecidos, que luego fueron bordados en punto cruz con la frase “aparición con vida de los desaparecidos”.

A partir del 24 de marzo de 1976 mediante un golpe de estado, las fuerzas armadas irrumpieron en la vida política, económica, social y cultural del país, dando pie al último suceso de terrorismo de estatal que tendremos en el siglo XX. Esta imposición de gobierno de facto fue producto de una inestabilidad política y prácticas represivas que debilitaron el sistema democrático y constitucional, tal como lo sostiene Águila Gabriela, Doctora en Historia por la Universidad Nacional de Rosario: 

Si bien la persecución hacia los trabajadores había comenzado bastante antes del golpe (con frecuencia, con el argumento de enfrentar a la “guerrilla fabril” y la delincuencia subversiva) la situación se agravó a partir de la toma de poder por parte de las Fuerzas Armadas (…) y se produjeron numerosas detenciones e incluso desapariciones de dirigentes, delegados y activistas. (2023, p. 128)

Las detenciones injustificadas y desapariciones de la población civil, bajo la invención de un “proceso de reorganización nacional” pronto constituyó el comienzo de una campaña de denuncia activa y pública sobre su pérdida como madres y la destrucción de su familia. A partir de la peregrinación anual hacia la Basílica de Luján (una de las pocas manifestaciones públicas permitidas) fundaron su emblemático pañuelo blanco y se autodenominan Madres de Plaza de Mayo.

La página oficial @madresdeplazademayo explica que “Durante esa peregrinación anual, surgió una idea poderosa: una de las Madres propuso usar los pañales de tela de sus hijos en la cabeza, para poder reconocerse entre ellas. Un gesto simple, pero lleno de significado”.

Pañuelo bordado por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Recuperado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (s.f.), Todos son mis hijos. https://madres.org/todossonmishijos/

En ellos bordaban la fecha de nacimiento y sus nombres, el pañuelo afirmaba que aún seguía presente en estas mujeres sus responsabilidades maternales y su derecho a proteger a su familia. Su labor como activistas según Hunter, se concentraba “Señalaban públicamente a sus portadoras como madres de desaparecidos y, aún más, identificaban a sus hijos, a muchos de los cuales los militares habían negado la existencia al insistir en no saber nada de ellos y mucho menos de su paradero”

Es interesante señalar que muchas de estas mujeres no provenían de la vida política sino que eran amas de casa, por lo tanto tenían conocimientos de corte y confección, incluida Nora Cortiñas, psicóloga social, militante y defensora de los derechos humanos, que tenía su propio taller de costura y moldería, demostrando una vez más que los conocimientos tradicionalmente femeninos pueden convertirse en símbolo de lucha aun en los tiempos más oscuros.

Memoria Abierta. (s.f.). Aviso de clases de costura de Nora Cortiñas. Archivo Audiovisual y Documental de Memoria Abierta, Buenos Aires, Argentina.

Gran parte del contenido de esta nota es recopilado del libro de Hunter Clare “Hilos de vida: una historia del mundo a través del ojo de una aguja” La autora, se propone recopilar centenares de casos de historias de mujeres, trabajos, luchas y estrategias de supervivencia mediante esta labor. Gran parte de sus investigaciones y narraciones hicieron posible la divulgación de ambos casos expuestos.

Bibliografía:

Hunter, C. (2025). Hilos de vida: Una historia del mundo a través del ojo de una aguja (N. Jiménez Furquet, Trad.). Capitán Swing Libros.

Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora (@madresdeplazademayo). (2024, 4 de junio). A 48 años del terrorismo de Estado que asoló nuestro país, reafirmamos que la lucha por Memoria, Verdad y Justicia. Instagram. https://www.instagram.com/madresdeplazademayo/p/DA1DX63Pglu/?img_index=1

Águila, G. (noviembre-diciembre de 2023). La última dictadura militar argentina: Fases y estrategias (1976-1983). Nueva Sociedad, (308), 123-137. https://www.nuso.org

Memoria Abierta. (s. f.). Aviso de clases de costura de Nora Cortiñas (Aviso/Documento). Archivo Audiovisual y Documental de Memoria Abierta, Buenos Aires, Argentina.

Arpillerista A.P.A. (1976). Arrestos y allanamientos (Textil bordado). Colección de Margaret Beemer. Fotografía cortesía del Museum of Latin American Art, Long Beach, CA

Schönfeld, S. (s. f.). Arpilleras chilenas: hacia una valoración artística. Universidad Nacional de las Artes.

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