Justicia. Mahiques asume y Karina se impone a Caputo

El anuncio se produjo a través de la vía de comunicación favorita del oficialismo: un posteo del presidente Javier Milei en su cuenta de X. Con una foto que pretendía mostrar sencillez y unidad, se oficializó la renuncia de Mariano Cúneo Libarona tras más de dos años de gestión libertaria.

El abogado mediático de los 90, que ya venía manifestando sus ganas de alejarse del gobierno, finalmente logró concretar su salida. En su lugar desembarca Juan Bautista Mahiques, quien hasta hoy se desempeñaba como Fiscal General de la Ciudad de Buenos Aires (jefe de los fiscales). Este movimiento de fichas va en dirección a la profundización del carácter político de una cartera que se vuelve estratégica para la supervivencia de la cúpula oficialista frente al avance de diversas causas judiciales que acechan al núcleo presidencial.

Para comprender el trasfondo de esta designación es necesario analizar el historial de Juan Bautista Mahiques, un claro exponente de lo que es la casta judicial. Hijo del camarista de Casación Carlos Mahiques, el nuevo ministro ha sabido tejer redes de influencia que atraviesan todo el arco político y deportivo, ascendiendo de la mano de operadores como Daniel Angelici y manteniendo vínculos estrechos con sectores del peronismo como su relación con el senador Wado de Pedro. Sin embargo, su faceta más oscura está ligada al escándalo de Lago Escondido, donde participó de la famosa excursión a la estancia de Joe Lewis junto a jueces y ex espías, un viaje que dejó al descubierto la connivencia entre el poder judicial y el poder económico.

Con este cambio, Milei busca capitalizar el prontuario de Mahiques para blindar una gestión cada vez más autoritaria, dándole continuidad al perfil represivo que Cúneo Libarona que terminó de emprolijar con el nuevo Régimen Penal Juvenil.

El “jefe” le volvió a ganar a Santiago Caputo

El recambio ministerial también funciona como el escenario de un nuevo capítulo en la interna que sacude la cúpula de La Libertad Avanza. En esta oportunidad, la gran triunfadora ha sido Karina Milei, quien logró bloquear el avance de Santiago Caputo sobre el área de Justicia.

El joven asesor y estratega, que maneja los hilos del aparato de inteligencia, pretendía quedarse con el mando del ministerio ubicando a Sebastián Amerio, un hombre de su entera confianza que ya operaba como viceministro. Sin embargo, “El Jefe” impuso su voluntad y no solo logró colocar a Mahiques, sino que ubicó como segundo de la cartera a Santiago Viola. Viola es un hombre del riñón de Karina, apoderado del partido y figura clave desde los inicios del proyecto libertario, cuya designación desplaza definitivamente la influencia de Caputo en un área sensible para el control de los jueces.

La importancia de Santiago Viola en este esquema no es menor, ya que será él quien ocupe la silla en el Consejo de la Magistratura, el organismo encargado de seleccionar y sancionar magistrados. El historial de Viola está marcado por controversias judiciales graves, incluyendo una acusación por haber plantado testigos falsos para apartar al juez Sebastián Casanello de la causa “Ruta del dinero K” y un trágico accidente en la Panamericana que terminó con una persona muerta, causa de la cual salió sobreseído tras un acuerdo de reparación.

Con este equipo, Karina Milei se asegura una importante defensa en los tribunales, algo vital en momentos donde causas como las de ANDIS y la estafa piramidal $Libra comienzan a rozar su propia figura y la del presidente. La derrota de Caputo en esta pulseada demuestra que, a pesar de su control sobre los espías, el círculo de hierro familiar sigue siendo el que toma las decisiones finales en el reparto del poder real.

Una justicia a la medida del régimen autoritario

Bajo la gestión de Mahiques y Viola, el Ministerio de Justicia continúa configurándose como una herramienta de persecución y protección política, alejándose definitivamente de cualquier idea de imparcialidad.

La llegada de un ministro con aceitados vínculos en Comodoro Py y en el mundo del fútbol a través de la AFA, responde a la necesidad de un gobierno que busca profundizar un modelo de disciplinamiento social. La justicia lejos de ser independiente, sigue construyéndose como un apéndice de la Secretaría General de la Presidencia, diseñada para garantizar la impunidad de los funcionarios propios mientras se utiliza el Código Penal para criminalizar la protesta y a los sectores populares.

Este recambio ministerial es la confirmación de que el discurso contra la casta fue solo una fachada para reemplazar a viejos actores por otros más funcionales a un proyecto de entrega y represión. La “seguridad jurídica” de la que habla Mahiques en sus redes no es otra cosa que la seguridad para el capital financiero y la tranquilidad para una cúpula política que sabe que el ajuste solo puede sostenerse con un aparato judicial adicto. Mientras las causas por coimas y estafas avanzan, el gobierno se abroquela en los tribunales, demostrando que su verdadera política de justicia consiste en manejar los expedientes con la misma discrecionalidad con la que manejan los destinos del país.

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