Morosidad récord. Las familias argentinas bajo presión financiera

Con salarios que no alcanzan y un endeudamiento que dejó de ser opción para convertirse en necesidad, la mora en los créditos a familias trepó a niveles históricos y expone el costado más frágil del modelo financiero: hogares cada vez más asfixiados destinando sus ingresos a pagar deudas en lugar de sostener el consumo.

Endeudarse para sobrevivir 

La morosidad en los créditos otorgados a hogares argentinos alcanzó niveles inéditos al cierre de 2025, reflejando las tensiones sociales y económicas que atraviesa el país en un contexto de caída de salarios reales y expansión del endeudamiento familiar como mecanismo de supervivencia. Según datos oficiales, la irregularidad en los pagos de préstamos a personas físicas llegó al 9,3%, más del triple del nivel registrado en diciembre de 2024 y el valor más alto desde que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) comenzó a registrar esta serie en 2010.

El incremento de la morosidad, descrito como un “precio oculto del crédito”, surge en un momento en que aproximadamente el 60% de los adultos argentinos están endeudados, y muchos hogares han utilizado el financiamiento como amortiguador ante el deterioro del poder adquisitivo y la caída sostenida de los ingresos reales.

En los últimos dos años, el crédito pasó de ser un motor de consumo a una herramienta de supervivencia, con la relación entre el crédito promedio y el salario medio aumentando significativamente. Sin embargo, las condiciones financieras adversas —tasas de interés elevadas, inflación persistente y estancamiento salarial— han erosionado la capacidad de pago de las familias, convirtiendo el endeudamiento en una carga creciente.

La pérdida de capacidad de pago no afecta por igual a todos los tipos de crédito. Las líneas de financiamiento más vulnerables, como préstamos personales y tarjetas de crédito, registran tasas de morosidad significativamente más altas, mientras que los créditos con garantías reales, como los hipotecarios, muestran niveles más bajos. Este fenómeno pone de manifiesto una desigualdad estructural: los hogares con menor solvencia pasan a ser los más expuestos al incumplimiento.

El análisis también revela una brecha entre diferentes tipos de entidades financieras. La morosidad es más pronunciada en instituciones no bancarias, como fintech y entidades de crédito minorista, con tasas que más que duplican las de los bancos tradicionales, lo que demuestra un sistema con “dos velocidades de riesgo” entre los prestatarios.

Los analistas advierten que, para 2026, el crédito ha agotado su función de amortiguador de la caída del consumo y podría convertirse en un factor limitante para la recuperación económica, ya que gran parte de los ingresos de las familias se destina al repago de deudas en lugar de impulsar el consumo. Esta dinámica no solo tensiona los balances financieros, sino que también agrava la vulnerabilidad de los hogares frente a variaciones económicas futuras. 

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros