Bullrich. ¿Motosierra o serrucho?

Crédito imagen: Daniella Fernández

Patricia Bullrich empieza a marcar distancia de Javier Milei. Entre ausencias, declaraciones y canciones con mensaje, la senadora parece ensayar un Plan B mientras el Gobierno acumula tensiones. ¿Una ruptura política o una maniobra para acomodarse ante un eventual desgaste del oficialismo?

“Será cuestión de tiempo…
De un lugar, de un momento…
Conozco tu debilidad,
cómo hacer para envolverte.
Si no es hoy, mañana tal vez…
Pero algún día voy a tenerte”.

Así comienza Es un secreto de Plan B, la canción que Patricia Bullrich eligió para acompañar un video publicado en sus redes sociales. En las imágenes aparece el Congreso, mientras una leyenda sentencia: “Patricia sabe de la fuerza de los argentinos. Patricia conoce Argentina”.

La elección de la canción difícilmente pase inadvertida. Si algo conoce Bullrich son los vericuetos de la política tradicional y las maniobras para mantenerse a flote cuando los proyectos políticos empiezan a hacer agua. Su trayectoria, marcada por sucesivos cambios de alineamiento, alimenta las sospechas sobre una dirigente que nunca parece quedarse sin una alternativa para seguir en carrera. Esta vez, el nombre de la canción parece prestarse al juego: ¿Bullrich ya está preparando su Plan B?

La exministra de Seguridad y excandidata presidencial de Juntos por el Cambio viene dando señales de querer construir un perfil propio, con algunos matices respecto de Javier Milei. No necesariamente porque haya cambiado de ideas, sino porque empieza a advertir que la suerte política del oficialismo también puede convertirse en un problema para sus propias aspiraciones.

Una silla vacía y diferencias que salen a la superficie

La tensión sumó un nuevo capítulo este lunes, cuando Milei convocó a una reunión de gabinete en la Casa Rosada para exigir cohesión detrás de su programa económico y mantener una línea de silencio respecto del resultado electoral en Brasil, donde Luiz Inácio Lula da Silva se impuso en las urnas.

Sin embargo, hubo una ausencia que no pasó inadvertida: la de Patricia Bullrich. En un primer momento trascendió que no había concurrido por motivos personales, pero el episodio adquirió otra dimensión a la luz de sus declaraciones públicas y de las diferencias que venía exhibiendo con el Presidente.

La ausencia, por sí sola, no alcanza para hablar de una ruptura. Pero, en medio de las tensiones políticas y de la necesidad del Gobierno de mostrar unidad, funciona como una señal que alimenta los interrogantes sobre el lugar que Bullrich pretende ocupar dentro del oficialismo.

La hoguera de Milei y los límites de Bullrich

Horas antes, la senadora había cuestionado públicamente una declaración de Milei durante un evento de la Fundación Faro. Allí, el Presidente apeló a una frase atribuida a Adam Smith: “Tener piedad con los hijos de puta es ser injusto con los buenos”, para luego sostener que quienes considera “buenos” deben prosperar, mientras que los otros “se tienen que quemar en la hoguera”.

Bullrich tomó distancia de esa retórica. “También mi responsabilidad es marcar que cuando una palabra cruza un límite, este límite de quemarlo en la hoguera, es un límite que no es una forma de defenderse frente a una idea, sino que es una expresión muy fuerte, muy dura”, afirmó.

Y agregó: “Las críticas, desde mi punto de vista, se contestan con argumentos”. También insistió en que hay que “cuidar un poco las palabras y tratar de no cruzar los límites”.

Las declaraciones abren un interrogante político. Bullrich, que durante su gestión al frente del Ministerio de Seguridad defendió la represión de la protesta social y fue una de las principales exponentes de la política de mano dura, ahora parece preocupada por los excesos verbales del Presidente. Una preocupación que contrasta con su propio recorrido político y con el respaldo que brindó a las políticas de ajuste y represión del Gobierno.

¿Un Plan B para cuando la motosierra desgaste?

Las diferencias públicas no significan, por ahora, que Bullrich haya roto con Milei ni que se proponga abandonar el rumbo económico del Gobierno. Más bien, pueden leerse como parte de una disputa por el posicionamiento político y por quién capitalizará el desgaste que produzcan las medidas oficiales.

La motosierra libertaria no cae sobre todos por igual: mientras trabajadores, jubilados y sectores populares enfrentan el ajuste, las fuerzas políticas que lo sostienen también calculan sus movimientos para no quedar atrapadas por sus consecuencias. En ese tablero, Bullrich tiene experiencia de sobra para intentar despegarse cuando las circunstancias lo aconsejen.

Por eso, la pregunta del título no es solamente musical. ¿Motosierra o serrucho? ¿Bullrich seguirá empuñando las herramientas del programa libertario o empezará a serruchar las bases políticas de Milei para abrirse camino propio?

Por ahora, las señales apuntan más a una diferenciación calculada que a una ruptura de fondo. Porque cambiar el tono no es cambiar el programa. Y el supuesto Plan B de Bullrich consiste en presentarse como una alternativa con “mejores modales” de ajuste, represión y pérdida de derechos, no siendo una salida para las mayorías populares: será, simplemente, otra variante de la misma política.

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