Un relevamiento de Brain Network revela que el 82% de las personas llega con lo justo o no logra cubrir sus gastos mensuales. La tarjeta de crédito se convirtió en una herramienta para tapar agujeros, mientras crece el riesgo de caer en una espiral de deuda. Los datos contradicen el discurso de Milei, que se burló de quienes advierten que el dinero no alcanza.
La tarjeta de crédito, un salvavidas que se transforma en deuda
Llegar a fin de mes se convirtió en una carrera de obstáculos para millones de personas. Según un relevamiento de la consultora Brain Network, el 82% de los encuestados no tiene dinero sobrante al terminar el mes: un 45% llega con lo justo y un 34% afirma que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos. Apenas una minoría consigue ahorrar o destinar dinero a otros consumos.
Los resultados, exponen el deterioro de la economía cotidiana y las dificultades de los hogares para sostener sus gastos. El informe se conoció después de que Javier Milei cuestionara a quienes denuncian que el dinero se termina antes de fin de mes y preguntara: “¿Cómo viven 10 días sin comer ni beber?”. Los datos muestran que, lejos de tratarse de una exageración, las dificultades para llegar a fin de mes constituyen una realidad extendida.
El relevamiento muestra que el endeudamiento dejó de estar asociado exclusivamente a compras extraordinarias para convertirse en una forma de sostener los gastos habituales. El 79% de los encuestados tiene tarjeta de crédito y, entre quienes atravesaron dificultades para afrontar sus pagos, el 40% recurrió a ella para cubrir el faltante de dinero.
Cuando la plata no alcanza, las familias combinan distintas estrategias: el 31% reduce gastos, el 23% pide dinero prestado a familiares o amigos, el 17% posterga pagos y el 16% toma préstamos. Estas decisiones reflejan el esfuerzo de los hogares por mantener sus obligaciones al día en un escenario de ingresos ajustados.
Pero el crédito no resuelve el problema de fondo. Por el contrario, cuando se utiliza para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir otros gastos corrientes, compromete una parte de los ingresos futuros. Así, el próximo sueldo llega con cuotas pendientes y vuelve a resultar insuficiente, lo que empuja a buscar nuevos préstamos o refinanciaciones.
El estudio advierte que el 21% de las personas del segmento más comprometido financieramente tomó un nuevo préstamo durante los últimos tres meses para pagar otra deuda. Es una dinámica que puede profundizar el endeudamiento y aumentar el riesgo de atrasos y exclusión financiera.
El ajuste se paga en los hogares
El informe distingue tres grupos según su situación financiera. Un 22% se encuentra “al día”, con mayor estabilidad; el 57% son “malabaristas”, que sostienen sus pagos mediante ajustes frecuentes; y el 21% está “desbordado”, con ingresos insuficientes y atrasos recurrentes.
Esta clasificación permite observar que el problema no se limita a quienes ya cayeron en mora. Una parte importante de la población todavía logra cumplir con sus obligaciones, pero lo hace a costa de recortar consumos, postergar necesidades y recurrir al financiamiento. La estabilidad, en esos casos, es frágil y puede romperse ante cualquier gasto imprevisto.
Las dificultades también alcanzan a quienes tienen deudas con entidades financieras: entre los encuestados endeudados con bancos, el 60% tuvo problemas de pago durante los últimos seis meses. Entre quienes mantienen obligaciones con empresas de tecnología financiera o fintech, la proporción asciende al 65%.
El deterioro de la capacidad de pago se suma a un contexto de pérdida de poder adquisitivo y dificultades laborales. Mientras los hogares destinan cada vez más recursos a cubrir gastos básicos, el endeudamiento funciona como un parche que posterga las consecuencias de ingresos que no alcanzan.
Una economía que no cierra para las mayorías
Las cifras contrastan con el discurso oficial que presenta el ajuste como el camino hacia la recuperación. El equilibrio de las cuentas públicas y los indicadores macroeconómicos no garantizan, por sí solos, que los trabajadores puedan pagar el alquiler, comprar alimentos y afrontar las tarifas sin endeudarse.
Cuando una tarjeta de crédito se vuelve indispensable para llegar a fin de mes, el problema excede las decisiones individuales de consumo. La situación pone en discusión el nivel de los salarios, la calidad del empleo y el peso de los gastos esenciales sobre los ingresos familiares.
La respuesta no puede limitarse a ofrecer refinanciaciones o nuevas formas de crédito. Hace falta recuperar el poder adquisitivo, garantizar empleos con derechos y aliviar el peso de los gastos básicos sobre los hogares. De lo contrario, miles de familias seguirán atrapadas entre las cuotas que vencen y un sueldo que no alcanza.
La pregunta no es cómo sobreviven quienes se quedan sin dinero antes de fin de mes, como ironizó Milei, sino por qué trabajar ya no garantiza llegar a fin de mes sin endeudarse.

