En medio de las reuniones anuales en Tailandia y tras el tijeretazo del FMI a las proyecciones de crecimiento del país, el ministro de Economía mantuvo encuentros con los titulares del Banco Mundial y el BID. Asediado por cuestionamientos internos y la parálisis de la actividad económica, el Palacio de Hacienda apura gestiones para viabilizar fondos privados y asistencia técnica para el RIGI, mientras sigue sin cerrarse el desembolso clave del Fondo.
Con el agua al cuello y la economía paralizada, la comitiva argentina en Bangkok pasó a la etapa de pasar la gorra. Tras conocerse las proyecciones del FMI, que cercenó la proyección de crecimiento para la Argentina de un 3,5% a un magro 2,1%, el ministro de Economía, Luis Caputo, aceleró una ronda de reuniones con los principales organismos multilaterales de crédito para conseguir divisas y mostrar algún síntoma de actividad en un país en plena recesión.
En la capital tailandesa, el titular del Palacio de Hacienda se reunió con el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, la vicepresidenta para América Latina del organismo, Susana Cordeiro Guerra y autoridades de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), el brazo del organismo que financia al sector privado. La misión de Caputo consistió en mendigar cualquier vía de financiamiento o anuncio que le permita maquillar el estancamiento económico. “Estamos trabajando en viabilizar nuevas inversiones en el sector privado por USD 10.000 millones“, celebró el ministro en sus redes sociales, aunque desde el propio Banco Mundial se apresuraron en aclarar que no se trata de un desembolso fresco para el Estado, sino de intenciones de movilización de capital privado a mediano plazo.
Como parte de la entrega de los recursos estratégicos, Caputo confirmó que el Banco Mundial brindará “asistencia técnica” para monitorear la ejecución del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El Gobierno celebra como un triunfo que un organismo colonial audite un esquema diseñado a la medida del extractivismo minero y energético, donde se le otorgan exenciones impositivas, cambiarias y aduaneras a las grandes multinacionales a cambio de nula transferencia tecnológica y cero desarrollo local.
El raid del ministro continuó con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ilan Goldfajn y con la subsecretaria de Asuntos Internacionales del Tesoro de EE.UU., Erin Browne. Del BID, el Gobierno arañó la oficialización de un crédito por US$ 500 millones destinado a emparchar el sistema de subsidios energéticos que la propia gestión libertaria está desmantelando.
Todas estas gestiones que se cierran casi a contrarreloj, además de inscribirse dentro de la urgencia financiera por la que atraviesa el gobierno, también se anotan en el delicado presente político por el que se encuentra el mismo Caputo. Dentro de la propia Casa Rosada, el ministro es objeto de fuertes cuestionamientos por la falta de reactivación. Mientras la economía no arranca y las internas se profundizan, al punto de que Javier Milei tuvo que salir públicamente a declarar que mantiene una relación “simbiótica” con su ministro para evitar su caída, la propia Kristalina Georgieva viene remarcando en cada foro la necesidad de que Argentina dinamice los sectores que no repuntan. El modelo económico solo genera rentabilidad para los nichos primarizados y privatizados, destruyendo a los demás sectores que no se aten a este ordenamiento libertario.
Por si fuera poco, el famoso desembolso de US$ 869 millones por parte del FMI sigue trabado a la espera de un waiver (perdón) por el incumplimiento de la meta fiscal del primer semestre. La comitiva argentina, donde también figura el titular del BCRA, Santiago Bausili, fuertemente apuntado por las millonarias pérdidas oficiales tras maniobras especulativas con el oro de las reservas, necesita esos dólares para compensar los propios vencimientos con el organismo, en un círculo vicioso de tomar deuda para pagar deuda.
El periplo de Caputo por Tailandia reafirma el carácter colonial y dependiente del programa libertario. Mapear oficinas en Washington o Bangkok para mendigar avales internacionales no va a salvar a la población del colapso del consumo, las tarifas asfixiantes y los despidos. La hipoteca financiera con el FMI, el BID y el Banco Mundial no hace más que profundizarnos en el atraso y el sometimiento. Frente a un Gobierno que entrega la soberanía al extractivismo del RIGI para complacer a los mercados, la salida pasa por romper las cadenas con los organismos de crédito, repudiar la deuda usuraria y volcar todos los recursos nacionales al servicio de las necesidades de la clase trabajadora.

