El lunes 30 de marzo de 2026 quedará marcado como una jornada de luto para la educación argentina. Un adolescente de 15 años ingresó a la Escuela Normal Superior N° 40 “Mariano Moreno” en San Cristóbal, Santa Fe, portando una escopeta oculta en un estuche de guitarra. El desenlace fue fatal: un alumno de 13 años perdió la vida y otros dos resultaron heridos durante el izamiento de la bandera.
Por Marcos “Sierras” Pérez, docente y fotoperiodista
Mientras el dolor atraviesa a la comunidad, los sectores más conservadores de la política no tardaron en activar su maquinaria discursiva. Lejos de analizar las causas profundas, buscan criminalizar a la juventud y, fundamentalmente, responsabilizar a los trabajadores de la educación por no haber “detectado” o “prevenido” un hecho de tal magnitud.
La escuela pública bajo fuego (discursivo)
Es recurrente: ante cada síntoma de una sociedad fracturada, la derecha propone más vigilancia y menos Estado social. Se habla de “mochilas transparentes” o detectores de metales, pero se calla sobre el desfinanciamiento sistemático del sistema educativo en todos los niveles y la precarización laboral que obliga a los docentes a trabajar tres turnos para llegar a fin de mes.
En lugar de fortalecer los gabinetes psicopedagógicos, la receta neoliberal apunta a transformar al docente en un guardia de seguridad, lo cual ya es grave; pero la cosa no termina ahí, sino que, además, se le quita todo tipo de autoridad institucional.
Salud mental: un Estado que solo ofrece esperas
Uno de los puntos más críticos es el abordaje deficiente de la salud mental. Hoy, las escuelas se encuentran solas frente a crisis subjetivas y sociales cada vez más complejas. La labor de los gabinetes psicopedagógicos, DOE y otros, suele limitarse a realizar una derivación a instituciones públicas de salud, donde la respuesta estatal es el colapso: turnos que tardan meses, profesionales desbordados, precarizados o en proceso de vaciamiento como ocurre en la CABA con el Htal. Bonaparte.
Cuando una escuela detecta una señal de alerta, el protocolo se choca contra un muro burocrático. Sin un sistema de salud mental presente y ágil, la derivación se convierte en un trámite administrativo que no resuelve el sufrimiento del pibe, dejando a la comunidad educativa a la espera de una tragedia, en muchos casos, anunciada.
El espejo de la Ciudad de Buenos Aires
Este evento en Santa Fe no ocurre en el vacío. Es el síntoma de un modelo que está dejando a las escuelas a la deriva. Un claro ejemplo es la reforma educativa en la Ciudad de Buenos Aires (plan “BA Aprende”), que bajo el eslogan de la “modernización”, ha generado:
- Precarización laboral: Desplazamiento de docentes y pérdida de cargos específicos de acompañamiento.
- Recorte de contenidos: Unificación de materias que diluye la formación crítica y el pensamiento reflexivo.
- Desconexión social: Un enfoque que prioriza la salida laboral inmediata —en un modelo económico que no genera empleo—y el “emprendurismo” por sobre el rol de la escuela como espacio de contención.
Sostener al docente es sostener a los pibes
Defender la escuela pública hoy no es solo una consigna romántica; es una urgencia política. Significa exigir que los trabajadores de la educación tengan las condiciones materiales y el respaldo de equipos interdisciplinarios reales para acompañar las realidades de sus alumnos.
Responsabilizar a los docentes por el ingreso de un arma es el cinismo máximo de quienes, desde sus despachos, alientan una sociedad sin restricciones al acceso de armas y, en paralelo, firman los recortes que vacían de profesionales las escuelas y los hospitales.
La tragedia de San Cristóbal nos obliga a preguntarnos ¿Qué sociedad estamos construyendo si nuestra única respuesta ante el dolor es más castigo y menos acompañamiento estatal?

