Reprimir para callar. Un año del intento de asesinato a Pablo Grillo

Hoy 12 de marzo, hace un año, la gendarmería, dirigida por Patricia Bullrich y Javier Milei, disparaba un proyectil de gas contra la cabeza de Pablo Grillo. Un hecho aberrante que sigue esperando justicia y que conmocionó a la sociedad completa. Un pibe sale con una cámara a registrar una movilización masiva y termina con su vida pendiendo de un hilo.

El responsable, material, del disparo fue el gendarme Héctor Jesús Guerrero, procesado por la justicia con los cargos de lesiones gravísimas agravadas y abuso de armas en concurso con abuso de la función pública.

El poder trato de dar impunidad

La movilización del 12 de marzo prometía ser masiva, el llamado a la solidaridad de las hinchadas con los jubilados generó que desde temprano cientos nos convocaramos a la plaza de los dos congresos.

El gobierno quería evitar a toda costa esa imagen y por eso, antes del horario de convocatoria, comenzó una represión brutal que expulsó a los miles que ya se encontraban reunidos.

Por eso, este procesamiento se logró gracias a la movilización y la bronca social que generó el ataque al fotoreportero ya que la gendarmería y el resto de las fuerzas buscaron encubrir al gendarme que, como dice el propio Pablo en varias entrevistas, actuó siguiendo las órdenes que le dieron.

En este sentido, la solidaridad y la entrega de material de otros fotógrafos y videógrafos fue esencial para que el mapa de la policía pudiera reconstruir el ataque y lograr dar vuelta el intento del gobierno por garantizar la impunidad.

La represión como cotidiano

Durante los días siguientes al atentado contra la vida de Pablo entre los fotoreporterxs, y quienes cubrimos día a día las luchas, circulaba la sensación que lo que le pasó a Pablo podría haberle ocurrido a cualquiera.

El casco, la máscara de gas, las antiparras y los materiales para curarse en caso de represión se convirtieron en parte del kit de trabajo junto con la cámara, los lentes y otros elementos necesarios para generar material.

Cómo dijimos en nuestro texto por una fotografía al servicio de la lucha de clases “Desde la llegada al poder de Javier Milei, en diciembre de 2023, la hostilidad hacia la prensa se convirtió en política de Estado, con especial foco en los reporteros gráficos”.

Y continuábamos “según el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), en el primer año de presidencia de Milei se registraron 179 agresiones a periodistas en 2024, y el 52,5 % fueron perpetradas por el poder político. La estigmatización oficial, el desmantelamiento de medios públicos y el uso de la publicidad estatal como herramienta de disciplinamiento provocaron que Argentina cayera 47 puestos en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF), ubicándose en el puesto 87, entre países con “problemas significativos” en la materia”.

Un momento de inflexión

El gobierno de Milei se siente fortalecido después del apoyo de Estados Unidos, las elecciones y sus logros regresivos en leyes de baja de imputabilidad y la reforma laboral esclavista. Por eso, avanza en el intento de reprimir cualquier tipo de movilización. Continuar denunciando la situación del pueblo, registrando la lucha y organizando la bronca es esencial.

Por eso, hoy hay que acompañar el festival que se realiza en Congreso a un año del ataque a Pablo y el 24 de marzo hay que explotar las calles a 50 años del golpe para mostrarle al gobierno que no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos.

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