Con una baja real del 7% en marzo, la recaudación fiscal vuelve a reflejar el impacto directo del ajuste sobre la economía. La caída del consumo, el empleo y la actividad golpea los ingresos del Estado y expone los límites del modelo del gobierno de Javier Milei.
Cada vez peor
Según análisis privados, la recaudación tributaria registró en marzo una caída real del 7% interanual, consolidando una tendencia regresiva que ya se venía manifestando en los meses previos. Lejos de tratarse de un dato aislado, el retroceso expresa el efecto combinado de la recesión económica, la pérdida del poder adquisitivo y el freno del consumo interno, pilares centrales de la política económica oficial.
El impacto más fuerte vuelve a verse en el IVA, que registró una caída real del 9,5%, evidenciando el derrumbe del consumo. Este impuesto, clave para medir el pulso del mercado interno, muestra con claridad cómo el ajuste recae sobre las mayorías, que ven deteriorarse sus ingresos mientras aumentan tarifas, servicios y precios de bienes básicos.
En la misma línea, el impuesto a las Ganancias cayó un 8% en términos reales, reflejando la retracción de la actividad económica y la caída en los márgenes de sectores productivos golpeados por la recesión. Por su parte, los recursos de la seguridad social registraron una baja del 5,8%, lo que pone en evidencia un mercado laboral en retroceso, con menos empleo formal y una creciente precarización.
En cuanto a los tributos vinculados al comercio exterior, los derechos de exportación mostraron una leve mejora nominal, pero en términos reales continúan rezagados, afectados por la caída en los volúmenes exportados y el contexto internacional. De este modo, no logran compensar la caída general de los ingresos.
El cuadro general es claro: la recaudación crece en números nominales, pero pierde frente a la inflación, reduciendo la capacidad real del Estado. Esta dinámica deja al descubierto una contradicción estructural del modelo económico. Mientras el gobierno impulsa un fuerte ajuste para alcanzar el equilibrio fiscal, ese mismo ajuste deprime la actividad económica y termina erosionando la recaudación.
Los datos de marzo muestran que el programa económico no solo agrava la crisis social, sino que también debilita las propias bases materiales del Estado. Menos consumo, menos empleo y menos ingresos fiscales forman parte de un mismo proceso: un esquema que prioriza los intereses del capital concentrado mientras descarga el peso de la crisis sobre las mayorías trabajadoras.
En este escenario, la discusión sobre el rumbo económico no puede limitarse a la meta fiscal. Lo que está en juego es quién paga el ajuste y qué modelo de país se está construyendo. Porque mientras se insiste en profundizar este camino, los números de la recaudación muestran que el costo social crece… y los recursos del Estado se achican.

