Con el mapa regional sacudido por la invasión yanqui, el equipo de Caputo raspa el fondo de la olla para garantizar el flujo de divisas hacia el Fondo, exponiendo la vulnerabilidad de un plan económico que depende de dólares que no tiene.
En apenas tres días, la gestión libertaria debe afrontar uno de los compromisos más abultados y determinantes del inicio de este 2026, el cual consiste en un pago de 4.200 millones de dólares repartidos entre el Fondo Monetario Internacional y diversos tenedores de bonos soberanos.
Ante la escasez crítica de divisas en las arcas del Banco Central, el equipo económico que lidera Luis Caputo ha iniciado una carrera furiosa para engrosar las reservas de cualquier manera posible. Se trata de una operación contrarreloj donde el oficialismo está rompiendo todos los chanchitos estatales para cancelar estos vencimientos y evitar un nuevo golpe a su ya castigada credibilidad en los mercados internacionales.
En este marco de urgencia, el Banco Central finalmente puso en marcha su demorado programa de acumulación de reservas durante la jornada de ayer, lunes 5 de enero. La mecánica fue sencilla en su ejecución, pero reveladora de la debilidad oficial ya que la entidad que conduce Santiago Bausili logró adquirir apenas 21 millones de dólares en el mercado oficial de cambios. Para realizar esta compra, el Central simplemente emitió pesos y los utilizó para capturar una pequeña fracción de los dólares que se liquidaron en la rueda. Sin embargo, esta maniobra muestra una contradicción importante porque mientras el BCRA compraba esas migajas con emisión monetaria, el Tesoro nacional se veía obligado a vender sus propios dólares para contener la presión alcista del tipo de cambio. Es decir, que el gobierno le quita presión al dólar vendiendo ahorros del Tesoro para que el Banco Central pueda simular una acumulación que, en términos netos, sigue siendo raquítica y negativa.
Este manotazo de ahogado ocurre en un contexto geopolítico regional sumamente complicado tras la reciente invasión de Estados Unidos a Venezuela. La prepotencia imperialista de Donald Trump, que ha capturado a la pareja presidencial venezolana y bombardeado objetivos estratégicos, añade un factor de inestabilidad que el ministro Caputo observa con preocupación. El alineamiento ciego de Milei con el imperialismo yanqui no ha redundado hasta ahora en la llegada de los dólares frescos que el gobierno tanto prometió. Por el contrario, la Argentina se encuentra sola frente a un año que totaliza vencimientos por casi 20.000 millones de dólares, obligando al ministro de Economía a ejecutar jugadas de último minuto que rozan la improvisación para no caer en un nuevo waiver[i] con el organismo de crédito internacional.
El ajedrez de Caputo ante el abismo de las reservas
La estrategia para juntar los dólares faltantes antes del viernes se apoya en una serie de pilares que el equipo económico intenta apuntalar simultáneamente. Uno de los elementos centrales es el ingreso de unos 700 millones de dólares provenientes de la privatización de las represas hidroeléctricas del Comahue. Las empresas adjudicatarias tienen el plazo máximo hasta este martes para concretar el pago por las acciones de estas centrales, lo que representa una entrega de recursos estratégicos a cambio de un alivio financiero que apenas dura unas horas.
El gobierno también apuesta a la ejecución de un préstamo tipo Repo con un consorcio de bancos privados extranjeros liderados por el JP Morgan y el Santaender. Esta operación consiste básicamente en pedir dólares prestados a cambio de entregar títulos públicos en garantía, lo que aumenta el carácter de deuda de estos compromisos y pone al país en una situación de mayor vulnerabilidad ante futuros reclamos de los acreedores.
Otra de las herramientas que Caputo puso sobre la mesa es un canje de deuda por bonos dólar linked para estirar los vencimientos de la semana próxima y despejar el horizonte inmediato de pesos que podrían irse al dólar. Esta movida intenta reducir la incertidumbre sobre el rollover[ii] de las letras que vencen el 16 de enero, ofreciendo títulos que vencen apenas dos semanas después, en un intento desesperado por ganar tiempo.
Paralelamente, el oficialismo sigue esperando con ansias los resultados de la mal llamada ley de inocencia fiscal. Este blanqueo de capitales no ha tenido el éxito esperado por la desconfianza del sistema financiero y las estrictas normas de prevención de lavado de dinero que siguen vigentes. Hasta el momento, los ahorristas no han volcado sus dólares al sistema en la magnitud que el presupuesto 2026 preveía, dejando al gobierno sin una de sus principales fuentes de financiamiento interno.
A este panorama se suma la presión que el Palacio de Hacienda ejerce sobre las provincias para que liquiden las divisas obtenidas a través de sus propios endeudamientos externos. El caso de Santa Fe, que colocó 800 millones de dólares, y las inminentes emisiones de Córdoba y Entre Ríos son el blanco de Caputo, quien necesita que esos dólares pasen por el Banco Central antes del jueves. No obstante, las provincias tienen plazos legales de hasta 180 días para liquidar esos fondos, lo que genera un tironeo político de final abierto entre los gobernadores y la Nación.
El problema de fondo para todas estas maniobras es la dificultad creciente de conseguir financiamiento voluntario debido a la suba de las tasas de interés internacionales y el riesgo país que, aunque comprimido, sigue reflejando la fragilidad de un esquema cambiario que no logra atraer inversiones productivas reales.
La sumisión al FMI detrás del ajuste perpetuo
Este esfuerzo desesperado por cumplir con el FMI no es más que la profundización de un modelo de entrega y saqueo. Cada dólar que Caputo intenta rascar de las provincias o de la venta de patrimonio nacional como las hidroeléctricas, va derecho a los bolsillos de un organismo que digita paso a paso el ajuste contra el pueblo trabajador. No es casualidad que este megavencimiento ocurra mientras el gobierno nacional intenta consolidar una reforma laboral regresiva y un presupuesto de hambre para este año. El FMI es el auditor directo de un programa económico que tiene como único objetivo garantizar la rentabilidad empresarial a costa de la caída estrepitosa del salario real y la destrucción de la seguridad social en toda la Argentina.
Es inaceptable que el gobierno nacional siga priorizando el pago de una deuda fraudulenta e ilegítima mientras el país se hunde en una recesión que ya registra niveles récord de morosidad en los créditos de las familias y las pymes. La suba de las tasas de interés que el Banco Central promueve para evitar que los pesos se escapen hacia el dólar financiero es la estocada final para la actividad económica interna. Al encarecer el fondeo de los bancos y las tasas de las cauciones[iii], el gobierno está eligiendo salvar a los especuladores de Wall Street y asegurar el flujo hacia el Fondo Monetario, mientras condena a los trabajadores a pagar cuotas imposibles y enfrentar una desocupación creciente que ya se siente en cada rincón del tejido industrial nacional.
Este viernes, si el gobierno logra finalmente girar los 4.200 millones de dólares, no habrá nada que festejar para los trabajadores y los sectores populares. Ese dinero representa hospitales sin insumos, escuelas en condiciones deplorables y jubilaciones de miseria que se licúan frente a una inflación que Milei solo intenta contener mediante el congelamiento del consumo masivo.
La verdadera soberanía nacional se defiende rompiendo con este pacto de sumisión que nos ata al organismo de crédito y sus recetas de miseria. Por eso, desde el MST en el Frente de Izquierda Unidad, llamamos a rechazar este pago y a exigir que esos recursos se destinen de manera inmediata a un plan de emergencia nacional que recupere el poder adquisitivo de las mayorías. Solo la movilización y la organización de la clase trabajadora podrá ponerle un freno definitivo a este saqueo organizado por Caputo y sus socios de la banca internacional.
[i] En el ámbito financiero, es el perdón o permiso formal que otorga un acreedor ante el incumplimiento de una de las cláusulas o condiciones de un contrato de deuda por parte del deudor.
[ii] Es simplemente renovar. En lugar de pagar una deuda o cobrar una inversión cuando vence, se “patea” hacia adelante: se vuelve a contratar por un nuevo período bajo las mismas o nuevas condiciones.
[iii] Son préstamos de muy corto plazo (a veces de un solo día) entre inversores. Funcionan como un empeño: el que pide el dinero deja sus bonos o acciones como garantía para asegurar que lo va a devolver

