Javier Milei, durante la tarde de este viernes, emprenderá su decimosexto viaje a los Estados Unidos en poco más de dos años de gestión. Una cifra que grafica de cuerpo entero las prioridades de un gobierno que mira hacia el Norte mientras da la espalda a las necesidades del pueblo argentino.
Esta nueva gira se desarrolla en un contexto de extrema gravedad internacional, marcado por la escalada bélica en Medio Oriente y la ofensiva abierta de Estados Unidos e Israel contra Irán y el Líbano. Este viaje nada tiene que ver con buscar una posición de paz o neutralidad, el presidente argentino vuela para ratificar su alineamiento incondicional con el tándem Trump – Netanyahu, sumando al país a una estrategia que solo promete más carnicería y desestabilización global. La respuesta contundente de Irán ante las agresiones imperialistas parece no hacer mella en la ceguera ideológica de un mandatario que ha decidido convertir a la Argentina en uno de los peones más serviles de los intereses yanquis en la región.
El Escudo Dorado: la cumbre del autoritarismo y la guerra
La primera escala de esta gira tiene lugar en Miami, donde Milei participará de la cumbre denominada Escudo Dorado. Este encuentro, convocado por Donald Trump, agrupa a lo más rancio de la derecha latinoamericana con el objetivo de cerrar filas en torno a la política agresiva hacia Medio Oriente.
En la mesa se sentarán figuras como Santiago Peña de Paraguay, Rodrigo Paz de Bolivia, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador y Nasry Asfura de Honduras. Se trata de una configuración de mandatarios que, bajo el ala de Washington, buscan consolidar un bloque que reproduzca los intereses del imperialismo y el gobierno genocida de Israel. Este viaje se produce apenas semanas después de la última visita de Milei para inaugurar el Consejo de Paz, ese organismo paralelo a la ONU que Trump intenta construir como una plataforma de líderes que, en sus propios países, mantienen libertades democráticas bajo sospecha y la represión como norma de gobierno.
El nivel de entrega es tan profundo que el alineamiento no se queda solo en fotos de campaña o discursos en redes sociales. Mientras Milei vuela hacia Florida, su ministro de Defensa, Carlos Presti, ya ha hecho el trabajo de campo reuniéndose con los jefes del Comando Sur para coordinar acciones de “seguridad hemisférica”. Esta cooperación militar, es un nuevo capítulo en materia de la entrega de soberanía nacional a cambio de una protección que solo beneficia a los planes de guerra estadounidenses.
Para completar el cuadro de la comitiva oficial, el presidente viaja acompañado por su hermanísima y secretaria presidencial, Karina Milei, el ministro de Economía, Luis Caputo, el canciller Pablo Quirno, el jefe de Gabinete Manuel Adorni, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger y el secretario de Salud, Mario Lugones.
Antes de sumergirse en la agenda económica en Nueva York, Milei cumplirá con su ya habitual rito religioso en la tumba del Rebe de Lubavitch. Esta visita al Ohel que se presenta como un acto de fe privada, representa el vínculo estrecho del presidente con una corriente ortodoxa y ultraderechista del judaísmo que promueve prácticas oscurantistas y que cuenta entre sus filas con poderosos empresarios con peso real en las decisiones globales. Este misticismo de derecha funciona para aceitar relaciones con sectores del capital financiero que ven en la Argentina una oportunidad de negocios rápidos aprovechándose del nivel crisis por el que se transita en el país.
Argentina Week: el remate de los bienes comunes en Wall Street
Finalizada la cumbre política, el escenario se traslada a Nueva York para el Argentina Week, una feria de remate que se extenderá entre el 9 y el 12 de marzo. Aquí, el objetivo es la pesca desesperada de divisas que sirvan para sostener el precario esquema financiero del ministro Caputo.
Los ojos de Wall Street verán desfilar a una delegación argentina dispuesta a vender el país pedacito por pedacito a los grandes fondos de inversión y bancos internacionales como JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup y fondos como Kazeck. En este evento, el presidente actuará como el principal promotor de una feria de commodities donde lo que se ofrece no es trabajo con valor agregado, sino el acceso irrestricto a los recursos estratégicos de las provincias bajo condiciones de entrega absoluta.
Este encuentro sirve también como un premio para los gobernadores y legisladores que han garantizado la gobernabilidad del ajuste en las sesiones extraordinarias. La lista de mandatarios provinciales que participan de esta travesía es una muestra de la complicidad federal en el modelo extractivista. Viajan Raúl Jalil de Catamarca para ofrecer litio, Marcelo Orrego de San Juan por el cobre y el oro, y Carlos Sadir de Jujuy con el litio ya consolidado. También se suman Gustavo Sáenz de Salta, Alfredo Cornejo de Mendoza, Rolando Figueroa de Neuquén con Vaca Muerta e Ignacio Torres de Chubut con la energía eólica y convencional. La comitiva la completan Claudio Vidal de Santa Cruz, Alberto Weretilneck de Río Negro, Juan Pablo Valdés de Corrientes y Leandro Zdero de Chaco. Todos ellos van a Manhattan a vender las bondades de actividades altamente contaminantes que se realizan a costa de la destrucción de los bienes comunes y el territorio de sus propios representados.
La presencia de los CEOs de empresas como YPF, MercadoLibre, Pampa Energía, Cresud, Ualá, Globant y bancos como el Macro, Supervielle y Galicia, termina de configurar un bloque de intereses que busca blindar su rentabilidad mientras el poder adquisitivo de las mayorías se desploma. Mientras Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, intentan convencer a los inversores de que el país es un destino seguro, la realidad de las calles argentinas muestra un enfriamiento económico terminal producto de una recesión fabricada para frenar la inflación a costa de hambre y desempleo, situación que empieza a encontrar sus límites.
La asunción de Kast: el saludo a otro reaccionario
El cierre de esta gira internacional no será en Estados Unidos, sino en Santiago de Chile el próximo 11 de marzo. Milei asistirá a la asunción presidencial del ultraderechista José Antonio Kast, un nuevo elemento reaccionario que se suma a la fila de líderes de este espectro ideológico en la región. Con la llegada de Kast al poder, el bloque de derecha que Trump intenta amalgamar en Miami gana un nuevo aliado estratégico en el Cono Sur. Kast representa la continuidad de las políticas de Pinochet con un barniz de la ultraderecha de estos tiempos, el aliado ideal para el proyecto de Milei de desmantelar el Estado y precarizar la vida de los trabajadores.
La gira número 16 de Milei deja un saldo preocupante para la soberanía argentina. El país aparece hoy más expuesto que nunca a los vaivenes de una guerra lejana que el presidente ha decidido hacer propia, casi que, por mero capricho ideológico. Ya que un conflicto de este talante, pude destruir la precaria situación económica construida por su ladero, el “Toto” Caputo.
La combinación de alineamiento militar, entrega económica en Wall Street y consolidación de un eje político reaccionario que el gobierno anuncia, solo responden a necesidades impuestas pór los de arriba. Para la clase trabajadora, el resultado de estos viajes es siempre el mismo: más ajuste para pagar deudas ilegítimas, más extractivismo para calmar la sed de dólares de Caputo y un mayor peligro de vernos arrastrados a conflictos bélicos internacionales que nada tienen que ver con los intereses de nuestra clase.
La reconstrucción de una alternativa política y económica que detenga esta deriva de entrega es hoy una necesidad urgente. Mientras el presidente se fotografía con los líderes del imperialismo y los dueños del capital financiero, la destrucción de la industria nacional y la licuación de los ingresos continúan su marcha implacable. La defensa del territorio frente al avance de las multinacionales extractivas y la lucha por un futuro independiente de los mandatos de Washington son las tareas que el movimiento obrero y la izquierda deben levantar frente a este modelo de subordinación y miseria. El futuro de la Argentina no se decide en las cumbres de Miami ni en los edificios de Park Avenue, sino en la resistencia de quienes ponen el cuerpo todos los días para que el país no sea subastado al mejor postor.




