Nuevas revelaciones indican que el entorno del presidente promovía pagos en negro de hasta 18.000 dólares para participar en eventos vinculados al oficialismo. El caso se suma a la trama de vínculos entre negocios privados, criptomonedas y funcionarios.
Un nuevo capítulo del escándalo
El entramado alrededor del gobierno de Javier Milei suma un nuevo episodio. Según trascendió, el operador financiero Mauricio Novelli habría propuesto pagos de hasta 18.000 dólares en negro para acceder a eventos vinculados al oficialismo, evitando así justificar el origen de los fondos.
La denuncia vuelve a poner en el centro de la escena el vínculo entre el mundo de las finanzas especulativas, los negocios privados y el entorno presidencial.
Un esquema que se repite
El hecho no aparece como un caso aislado. Se inscribe en una serie de revelaciones que, en los últimos meses, expusieron una trama de relaciones entre Novelli y Milei que incluye pagos, promoción de negocios y articulación con el mundo cripto.
Investigaciones judiciales y periodísticas ya habían señalado transferencias y pagos en efectivo desde al menos 2021, así como el uso de la imagen del actual presidente para impulsar emprendimientos financieros.
En ese marco, la posibilidad de canalizar pagos no declarados para participar de espacios cercanos al poder refuerza la hipótesis de un esquema sistemático de negocios alrededor del Estado.
Política y negocios sin fronteras
El dato central no es solo el monto, sino la lógica: el acceso a ámbitos de poder mediado por dinero no declarado.
Lejos del discurso anticasta que llevó a Milei al gobierno, estas prácticas muestran la persistencia —y profundización— de mecanismos donde lo público y lo privado se entrelazan.El pago “en negro” no solo implica evasión, sino también opacidad en la construcción de vínculos políticos y económicos.
El mundo cripto como puerta de entrada
El rol de Novelli dentro del ecosistema financiero y su cercanía con el presidente no es nuevo. Fue uno de los organizadores de eventos que reunieron a empresarios, inversores y figuras del gobierno, en espacios donde la frontera entre networking y negocios con influencia política aparece difusa.
El antecedente del caso $LIBRA, con denuncias de estafa y vínculos con el entorno presidencial, ya había encendido alarmas sobre este tipo de operatorias.
Un modelo de poder
Estos hechos no son anomalías, sino expresiones de un modelo donde el Estado funciona como espacio de articulación de negocios.
Mientras el discurso oficial apunta contra la “casta política”, emergen prácticas que reproducen lógicas tradicionales de financiamiento opaco, lobby y circulación de dinero por fuera de los controles.
La discusión de fondo
El escándalo vuelve a abrir una pregunta clave: ¿quién accede al poder y en función de qué recursos?
Si la participación en espacios políticos se define por la capacidad de pagar sumas en dólares —y además en negro—, la democracia queda condicionada por el poder económico.
Cuando el acceso al poder se negocia en dólares y por fuera de cualquier control, queda claro que no hay “nueva política”, sino viejas prácticas recicladas. Frente a un gobierno que se presenta como anticasta mientras reproduce mecanismos de privilegio y opacidad, la tarea es desenmascarar estos vínculos y pelear por una política al servicio de las mayorías, no de los negocios.



