Nafta a $1800. Nuevo golpe al bolsillo en marzo

A menos de una semana del último ajuste implementado por las grandes compañías petroleras, las estaciones de servicios de todo el país volvieron a remarcar los precios en casi un 4%. Con este nuevo aumento, en lo que va del mes de marzo, el incremento acumulado ya se acerca peligrosamente al 10%. Esta suba generalizada empujó el precio de la nafta súper por encima de la barrera de los $1.800 por litro en todas las cadenas de comercialización, generando un escenario de tarifas casi imposible de pagar en el cotidiano.

De acuerdo a los relevamientos, las empresas como YPF, Shell, Axion y Puma actualizaron sus valores de forma casi sincronizada. En el caso de la petrolera de bandera, la nafta súper alcanzó los $1.830, mientras que su versión premium trepó a los $2.015. El gasoil común, un insumo clave para el transporte y la producción, se ubicó en $1.930, dejando a su variante premium en $2.100. Las empresas privadas no se quedaron atrás y en el caso de Shell, por ejemplo, la nafta súper llegó a los $1.891 y la versión más cara rozó los $2.081. Estas cifras demuestran que cargar el tanque de un vehículo dejó de ser un gasto corriente para convertirse en un verdadero lujo.

La justificación oficial y empresarial detrás de este nuevo tarifazo apunta directamente al escenario internacional. La escalada bélica y el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente han provocado una profunda inestabilidad en los mercados globales de energía. Esta crisis disparó el precio del barril de crudo Brent, la referencia internacional, ubicándolo por encima de la barrera de los U$S100. Al estar atados a los precios internacionales, las corporaciones petroleras que operan en el país trasladan de manera inmediata y brutal este encarecimiento global a los surtidores locales, garantizando así sus márgenes de ganancia millonarios a costa del ajuste a los trabjadores.

Combustibles

Precios y variaciones semanales

El problema de este aumento constante en los combustibles es que su impacto no se termina en la estación de servicio. Este incremento funciona como un motor que acelera peligrosamente la inercia del Índice de Precios al Consumidor. El encarecimiento de las naftas y el gasoil impacta de lleno y de manera directa sobre los costos de la logística, la distribución y el transporte de mercaderías. Toda esta suba en la cadena de suministros se traslada inevitablemente a las góndolas de los supermercados, encareciendo los alimentos y los bienes de primera necesidad. En un mes de marzo que ya venía mostrando signos de recalentamiento inflacionario, este nuevo tarifazo asegura que el camino ascendente de los precios se mantenga firme, hundiendo aún más las condiciones de vida de las mayorías populares.

Este saqueo sistemático en los surtidores expone el costo real de la sumisión incondicional de Javier Milei ante Donald Trump. Al alinearse ciegamente con el imperialismo en el recrudecimiento de la guerra, el gobierno importa una crisis global que dispara los precios del crudo y nos deja totalmente indefensos frente al descalabro económico a causa de sus propias medidas desreguladoras. Hoy la lógica de este complejo energético no solo destruye nuestros territorios y saquea los bienes comunes, sino que funciona como un embudo donde todas las ganancias corporativas se fugan del país sin dejar absolutamente nada acá.

Resulta absurdo que se someta a la población a pagar tarifas internacionales mientras los sueldos se mantienen estancados en niveles de indigencia. Mientras la gestión libertaria celebra el ajuste fiscal y garantiza esta expoliación privada, la clase trabajadora es empujada a un escenario de miseria insostenible. Para frenar esta sangría constante contra el bolsillo popular resulta fundamental recuperar el control de nuestros recursos y exigir un aumento salarial de emergencia. Pasos fundamentales para evitar que este modelo de entrega termine por destruir definitivamente el futuro de las mayorías trabajadoras.

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