El Foro Económico Mundial de Davos inició su edición 2026 en una ciudad transformada en fortaleza, blindada por cinco mil militares y destinada a albergar a la élite financiera que hoy intenta gestionar un mundo en plena transformación.
En este escenario, el presidente Javier Milei desembarcó con una agenda cargada de misticismo ideológico y un alineamiento incondicional a la figura de Donald Trump. La participación de Milei directamente fue un sermón doctrinario dirigido a convencer a los grandes capitales de que Argentina es el laboratorio definitivo para la experiencia libertaria. Mientras los indicadores sociales del país muestran las cicatrices de un ajuste brutal, el mandatario se presentó ante los dueños del mundo para ofrecer la soberanía y los derechos de los trabajadores como garantía de rentabilidad empresarial.
La intervención central de Milei comenzó con una declaración tajante al afirmar que “Maquiavelo ha muerto”. Con esta frase, el presidente buscó instalar la idea de que ya no existe un dilema entre la eficacia política y los valores éticos, argumentando que lo justo es necesariamente eficiente y lo eficiente es justo.
En un discurso que retomó y profundizó sus ponencias de 2024 y 2025, Milei volvió a apoyarse en autores de la escuela austríaca como Jesús Huerta de Soto y Murray Rothbard para fundamentar su defensa del capitalismo de libre empresa. Según su visión, la función empresarial es la única herramienta capaz de sacar al mundo de la pobreza, calificando cualquier intervención estatal como una agresión violenta contra la propiedad privada. Su mensaje fue una oda explícita a los multimillonarios, a quienes definió como los únicos que están haciendo un mundo mejor, pidiendo a los políticos que dejen de “fastidiarlos” con regulaciones o impuestos.
Este discurso cuasi religioso incluyó un ataque frontal a lo que Milei define como el “socialismo que infecta a Occidente”, poniendo a Venezuela como el ejemplo máximo del colapso derivado de las políticas de Estado. Sin embargo, el presidente omitió mencionar que su propia gestión ha sumergido a la Argentina en una recesión profunda bajo el dogma del déficit cero. Milei se jactó ante el foro de supuestos logros como la baja de la inflación y una reducción de la pobreza que sitúa caprichosamente en el 27%, cifras que se contradicen con la realidad donde el hambre y la desocupación se multiplica desde su asunción. Para el mandatario, estos números son la prueba de una “eficiencia dinámica” que permite expandir la frontera de producción, aunque en la práctica se traduzcan en el cierre de fábricas y la caída estrepitosa del consumo interno.
Entre el delirio libertario y la crudeza de la desigualdad
La defensa férrea del capitalismo que realizó Milei en Suiza se centró en la idea de que los derechos de propiedad son sagrados y que los beneficios empresariales no deben ser castigados bajo ninguna circunstancia. Este posicionamiento fue especialmente bien recibido en sus reuniones privadas con CEOs de firmas como BlackRock, JP Morgan y el Banco Santander. En estos encuentros, el mandatario fue elogiado por habilitar la salida de dividendos fuera del país, un gesto que los empresarios españoles calificaron de impecable. Mientras en Argentina se restringen los fondos para la salud y la educación, Milei garantiza que la riqueza generada por el esfuerzo nacional pueda fugarse libremente, amparado en una filosofía que prioriza el interés privado sobre cualquier función social del Estado.
Sin embargo, esta apología de la acumulación desenfrenada puede ser contrastada con los datos recientes del informe de OXFAM[i] sobre la desigualdad global. Mientras Milei pide que se deje de molestar a los multimillonarios, la realidad muestra que los cinco hombres más ricos del mundo han duplicado su fortuna desde 2020, mientras que cinco mil millones de personas se han empobrecido en el mismo periodo. Los intereses de estas élites que Milei defiende tienen implicancias directas en el debilitamiento de las democracias, capturando las estructuras estatales para su beneficio exclusivo. Lo que el presidente argentino presenta como un sistema justo es, según los datos de la realidad, un esquema de transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia la cima de la pirámide financiera, profundizando brechas que el discurso oficial intenta ignorar mediante construcciones teóricas abstractas.
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El discurso de Milei también incluyó un llamado a volver a las raíces de Occidente, inspirándose en la filosofía griega y los valores judeocristianos para salvar al mundo de lo que él denomina la epidemia del wokismo. En su afán por mostrarse como el mejor alumno de la nueva derecha global, defendió incluso a figuras como Elon Musk, argumentando que los temores sobre escenarios distópicos vinculados a la inteligencia artificial son una tontería que no justifica la intervención pública. Para el gobierno libertario, el rol de las instituciones debe limitarse a remover las trabas artificiales que dificultan el proceso empresarial, una consigna que sirve de paraguas ideológico para avanzar con la reforma laboral esclavista en el Congreso argentino, buscando que el trabajador pierda toda protección frente al poder del capital.
El eclipse de Trump y el “quiebre del orden mundial”
A pesar de la vehemencia de sus palabras, el discurso de Milei quedó desplazado a un segundo plano por la presencia dominante de Donald Trump. El mandatario estadounidense concentró la atención global al reavivar sus pretensiones territoriales sobre Groenlandia y lanzar duras advertencias a sus aliados europeos. Trump fue explícito al declarar que la globalización ha fallado a Occidente y que el uso de la fuerza económica, mediante la imposición de aranceles del 200% a productos europeos, es una herramienta válida para imponer sus intereses. Esta postura agresiva de Trump, que incluyó burlas a mandatarios como Emmanuel Macron, dejó a la disertación doctrinaria de Milei como una nota al pie en una cumbre donde lo que se discutió fue la capacidad de las potencias para imponer su voluntad por encima de cualquier norma internacional.
La situación del mundo actual fue descrita con mayor precisión por el primer ministro canadiense, Mark Carney, quien aseguró en Davos que el orden mundial basado en reglas se ha roto definitivamente. Carney advirtió que no estamos ante una transición sino ante una ruptura donde las grandes potencias utilizan la integración económica como un arma de subordinación. Este diagnóstico expone la ingenuidad o la mala fe del discurso de Milei, quien insiste en una integración de mercado idílica mientras los principales actores del capitalismo global utilizan la prepotencia militar y arancelaria como política de Estado.
Para completar el panorama de reveses para la gestión libertaria, el Parlamento Europeo decidió paralizar el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea apenas días después de la firma celebrada por Milei en Paraguay. La votación en Estrasburgo remitió el convenio al Tribunal de Justicia de la UE para verificar si respeta los tratados del bloque, lo que en los hechos congela el proceso por al menos dos años. Este freno, impulsado por Francia y sectores que denuncian la asimetría del pacto, demuestra que el alineamiento total de Milei no garantiza resultados concretos frente a una línea europea que no está dispuesta a ceder soberanía alimentaria. En definitiva, Davos 2026 ha mostrado a un Milei dogmático, defendiendo un capitalismo de libre empresa que sus propios referentes mundiales están desmantelando en favor de un nuevo orden basado en la fuerza y el saqueo colonial.
[i] https://www.oxfam.org.uk/media/press-releases/wealth-of-five-richest-men-doubles-since-2020-as-wealth-of-five-billion-people-falls/?pscid=ps_ggl_gr_Google+Grants+-+Press+Releases+(DSA)_Press+Releases+(DSA)&gclsrc=aw.ds&gad_source=1&gad_campaignid=19320386052&gclid=CjwKCAiAj8LLBhAkEiwAJjbY79J0Oh4QeRhHnnkv_6wssF2U9qHqTcfXSvGU8bUMuxhFEm50EPJgyBoCuyMQAvD_BwE

