Más deuda. Caputo negocia con el Banco Mundial el BID y la CAF

Aprovechando que se encuentra en Washington para participar de las reuniones de primavera del FMI y del Banco Mundial, el ministro de Economía vuelve con su especialidad: pedir más deuda.

Luis Caputo, luego de haber destrabado el desembolso de U$S1.000 millones por parte del Fondo, ahora, el ministro busca desesperadamente nuevas fuentes de financiamiento. El objetivo central de esta travesía es conseguir un colchón de deuda adicional que oscile entre los U$S2.000 millones y los U$S3.000 millones. Para lograr este propósito, el titular de Hacienda inició una serie de negociaciones con el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. La intención del gobierno es utilizar las garantías de estos organismos para que bancos privados internacionales le otorguen préstamos que hoy el país no puede conseguir por sus propios medios.

Esta búsqueda de divisas tiene una razón de ser muy concreta y urgente. El gobierno nacional enfrenta un vencimiento de deuda por un total de U$S 4.300 millones durante el próximo mes de julio. El ministro Caputo intenta ganar tiempo mediante estas maniobras de ingeniería financiera para evitar un nuevo incumplimiento, mientras el esquema económico oficial se sostiene exclusivamente sobre la base del ajuste y el endeudamiento serial. Casi como un chiste de mal gusto, este vencimiento con los bonistas privados está pautado para el día 9 de julio.  Por lo tanto, en esa fecha, mientras se conmemore el día de la independencia, la gestión de Javier Milei pone, otra vez, el gancho para hipotecar nuestra soberanía económica ante los centros financieros globales.

Frente a este contexto, la estrategia del Palacio de Hacienda consiste en obtener un préstamo de alrededor de U$S2.000 millones con bancos privados que cuente con el respaldo de dos instituciones pertenecientes al Grupo Banco Mundial. Y a esto, se sumarían otros U$S 500 millones provenientes del BID y una cifra similar de la CAF para completar el esquema de financiamiento que el ministro tiene en carpeta.

El gobierno intenta presentar estas gestiones como una victoria porque la tasa de interés rondaría el 5% lo cual es significativamente menor a lo que hoy le pide el mercado internacional a la Argentina. El costo real de este dinero no se mide solamente en porcentajes financieros. La contrapartida de estos supuestos beneficios es la obligación de adoptar nuevas medidas y reformas regresivas que estos mismos organismos dictan desde el extranjero.

El laberinto del endeudamiento y el calendario del saqueo

Para entender la gravedad de lo que está ocurriendo es necesario bajar a tierra estos números. Según el último informe[i] de la Secretaría de Finanzas, correspondiente al mes de marzo, el stock de la deuda bruta de la administración central ascendió a un total equivalente a U$S483.830 millones. La deuda bruta es básicamente la cuenta total de lo que el Estado debe a sus acreedores tanto nacionales como internacionales. Durante el último mes este monto aumentó en $11.7150 millones, lo que representa un crecimiento del 2,49% en apenas treinta días. Esta dinámica demuestra que el programa de Milei y Caputo no está desendeudando al país. Por el contrario, está alimentando una bola de nieve que se vuelve cada vez más difícil de sostener.

La explicación de este incremento reside en el aumento masivo de la deuda en moneda nacional que el gobierno utiliza para financiarse internamente. Mientras el oficialismo se jacta de una leve disminución de la deuda en moneda extranjera oculta que la deuda total sigue subiendo por la emisión constante de títulos que ajustan por inflación o por el tipo de cambio. Este mecanismo de financiamiento doméstico es el que permite que la estructura financiera del gobierno siga en pie, pero a costa de comprometer los recursos de las próximas generaciones. La deuda en situación de pago normal representa la mayor parte de este total y se encuentra bajo una presión constante por los vencimientos que se acumulan en el calendario de pagos del Tesoro Nacional.

El ministro Caputo les dijo a los inversores en Washington que cuenta con una hoja de ruta detallada para cumplir con todas las obligaciones de este año. Obvio que esa hoja de ruta no contempla la mejora de los salarios, ni la inversión en salud o educación. El único norte del equipo económico es garantizar que los especuladores financieros cobren sus intereses en tiempo y forma. Para lograr esto el gobierno está dispuesto a rifar los activos estatales y a profundizar el ajuste fiscal que ya está destruyendo el consumo y la producción. El endeudamiento con los organismos multilaterales funciona como el combustible necesario para que la bicicleta financiera libertaria no se detenga mientras los trabajadores pagan las consecuencias de este saqueo.

La trampa del financiamiento barato

Las condiciones para que estos organismos otorguen su aval no son gratuitas ni mucho menos solidarias. El Banco Mundial y el BID exigen la aplicación de paquetes de reformas estructurales que apuntan a la flexibilización laboral y a la privatización de servicios esenciales. Al igual que el Fondo Monetario Internacional estas entidades son herramientas del capital concentrado para imponer condiciones de explotación cada vez más duras sobre los países oprimidos.

La supuesta búsqueda de financiamiento barato es en realidad una trampa que encadena la política económica del país a los dictados de Washington. Cada nuevo préstamo viene con un pliego de condiciones que el gobierno de Milei acepta con entusiasmo para demostrar su sumisión ante los poderes del imperialismo.

La cúpula libertaria disfruta de las bondades de pertenecer a la casta financiera mientras aplica una motosierra implacable sobre los sectores populares. El discurso de la austeridad y del sacrificio heroico solo rige para los jubilados que no llegan a fin de mes o para los docentes que ven sus sueldos licuados por la inflación. En cambio, para los acreedores internacionales siempre hay recursos y siempre hay voluntad de negociación. Esta ingeniería de deuda permanente solo sirve para asegurar la supervivencia de un modelo económico que beneficia a un puñado de amigos del poder y a las grandes corporaciones mineras y energéticas que esperan su turno para quedarse con nuestros recursos naturales.

Es fundamental denunciar este ciclo de endeudamiento perpetuo que solo nos conduce a una mayor degradación social y económica. No se puede seguir aceptando que el destino de la Argentina se decida en los hoteles de lujo de Washington mientras la desocupación y la pobreza aumentan en nuestras calles.

La única salida real para las mayorías trabajadoras está en romper definitivamente con todos los acuerdos y las negociaciones con estos organismos de crédito que solo garantizan el saqueo de nuestra riqueza nacional. Es necesario declarar el cese inmediato de los pagos de la deuda externa fraudulenta para poner todos esos millones de dólares al servicio de las necesidades urgentes de la población.

Todos los recursos que Caputo negocia ante el Banco Mundial y el BID deberían ser destinados a recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores y a reactivar una economía que hoy se encuentra paralizada por el propio gobierno. La lucha contra el plan de ajuste de Milei es inseparable de la pelea por la soberanía económica y la ruptura con el imperialismo financiero. Hay que reorganizar el país para que la riqueza quede en manos de quienes la producen y deje de fugarse hacia los bolsillos de los especuladores internacionales. La continuidad de este camino de entrega solo garantiza más miseria y una degradación absoluta de nuestras condiciones de vida para alimentar la voracidad del capital financiero global.


[i] http://argentina.gob.ar/sites/default/files/informe_mensual_marzo-2026_1.pdf

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