Las Leonas, tricampeonas. Talento contra el desfinanciamiento 

Las Leonas volvieron a hacer historia. Derrotaron a Países Bajos en su propia casa, se consagraron campeonas del mundo por tercera vez y rompieron una racha de 16 años sin levantar la Copa. Pero detrás de la celebración hay otra cara: la de un seleccionado que compite en la élite mundial mientras entrena y se desarrolla en condiciones muy lejos de las que tienen sus principales rivales; a puro pulmón y corazón.

Un partido para la historia

Las Leonas volvieron a escribir la suya. Este sábado 29 de agosto, en Amstelveen, derrotaron a Países Bajos en una final que parecía diseñada para el festejo: las neerlandesas llegaban como número uno del mundo, bicampeonas olímpicas, tricampeonas mundiales y con el respaldo de jugar ante su público. Argentina tenía enfrente a una potencia que durante años se había convertido en su principal verdugo.

Pero esta vez fue distinto. Después del 1-1 en los 60 minutos, llegó la definición por penales y las Leonas se quedaron con la Copa del Mundo. La tercera de su historia, después de Perth 2002 y Rosario 2010.

La imagen de María José Granatto y Agostina Alonso levantando el trofeo resume una generación que se cansó de quedarse a las puertas de la gloria. Una generación que perdió finales olímpicas, mundiales y partidos decisivos contra Países Bajos, pero que siguió insistiendo. Y ahí aparece una de las claves de este campeonato: no fue solamente un triunfo. Fue una revancha colectiva.

Durante años, las neerlandesas parecían estar un escalón por encima. En Tokio 2020 vencieron a Argentina en la final olímpica. En el Mundial 2022 volvieron a quedarse con la Copa ante las Leonas. En París 2024, otra vez Países Bajos terminó con el sueño argentino.

Pero el deporte también se construye con memoria. Las Leonas transformaron cada derrota en aprendizaje y cada golpe en una nueva oportunidad. El 7-1 sufrido ante Países Bajos en la Pro League en 2023 fue uno de los puntos más duros de ese proceso. Después llegó la reconstrucción, el recambio y la búsqueda de una identidad capaz de competir nuevamente de igual a igual. Y lo hicieron.

Con Fernando Ferrara al frente, el seleccionado atravesó un proceso de renovación que incorporó nuevas jugadoras sin abandonar la experiencia de quienes sostuvieron al equipo durante años. Sofía Cairó, Juana Castellaro, Mercedes Artola, Milagros Alastra, Emma Knobl, Zoe Díaz, Brissa Bruggeser, Lara Casas y Victoria Miranda, entre otras, llegaron a su primer Mundial y terminaron levantando la Copa.

La historia vuelve a demostrar algo que se viene señalado hace décadas: en Argentina las jugadoras aparecen desde abajo de las piedras.

Pero ninguna jugadora nace de una piedra. Detrás de cada Leona hay clubes, entrenadoras, familias, compañeras, años de entrenamiento, esfuerzo y una estructura deportiva que muchas veces funciona a pesar de las condiciones y no gracias a ellas.

Campeonas del mundo, entrenando en condiciones desiguales

Acá aparece la otra cara de la historia. Mientras Países Bajos cuenta con una liga profesional consolidada, clubes con infraestructura de primer nivel y múltiples canchas de agua, las jugadoras argentinas todavía deben combinar el alto rendimiento con becas, estudios, trabajos y otras formas de sostener económicamente sus carreras deportivas.

La diferencia no es menor. Las neerlandesas tienen un sistema que permite que el hockey sea un trabajo. Las argentinas, incluso siendo algunas de las mejores jugadoras del mundo, muchas veces deben hacer malabares para poder entrenar y competir.

Las imágenes de las condiciones de entrenamiento en el deporte argentino son elocuentes: problemas de mantenimiento, canchas que no están en condiciones, traslados para poder entrenar, improvisación de espacios de recuperación.

Y entonces aparece una pregunta inevitable: ¿Cuánto más podrían hacer las Leonas si tuvieran las condiciones que tienen sus rivales?

La propia capitana, María José Granatto, lo puso sobre la mesa al regresar al país: “Como argentinas todo cuesta un poco más”, señaló, y reclamó mayor inversión en el deporte. Y, agregó: “Hay que poner más inversión en el deporte”.

Mientras celebramos justamente el orgullo que generan las Leonas, también tenemos que preguntarnos qué país deportivo estamos construyendo. No alcanza con exigir medallas cuando llega cada competencia internacional. El alto rendimiento se construye durante años y necesita políticas públicas, infraestructura, profesionales, salarios y recursos.

Después, quienes ajustan y desfinancian el deporte se apropian de estos triunfos para la foto, pero cuando toca poner presupuesto, infraestructura y recursos, miran para otro lado. El Estado nacional y la Confederación Argentina de Hockey deben garantizar más recursos e infraestructura. El ENARD también cumple un rol central en el alto rendimiento, pero atraviesa un problema de financiamiento que afecta al conjunto del deporte. No alcanza con apropiarse de las medallas: hay que financiar a quienes las hacen posibles. “Si hicimos esto con lo que teníamos, imaginate con más apoyo”, planteó Granatto después de haber salido campeona del mundo.

Las Leonas, campeonas a pesar de todo

Las Leonas fueron fundamentales para transformar el hockey femenino argentino. Generaciones enteras de niñas comenzaron a jugar después de verlas competir, ganar y ocupar espacios que antes parecían reservados para otros deportes. Pero todavía persisten enormes desigualdades en el deporte femenino: menor inversión, menor exposición mediática, peores condiciones de infraestructura y una profesionalización que avanza mucho más lentamente que el talento de las deportistas.

Las Leonas demostraron una vez más que el problema nunca fue la falta de capacidad. El problema es cuánto se decide invertir en que esa capacidad pueda desarrollarse. Este Mundial también mostró el enorme potencial de una generación que mezcla experiencia y juventud. Jugadoras que ya conocen la gloria y otras que recién empiezan a escribir su historia. Todas bajo una camiseta que hace décadas trascendió al hockey.

Y por eso esta Copa tiene un significado especial. Porque llegó después de las derrotas. Porque llegó ante Países Bajos. Porque llegó en su casa. Porque llegó con una definición por penales cargada de tensión. Y porque llegó con un grupo que decidió no resignarse a que la historia estuviera escrita por otros.

Las Leonas son tricampeonas del mundo. Y mientras el país las abraza y festeja, hay algo que también debería quedar claro: el talento argentino no puede seguir dependiendo únicamente del esfuerzo y el sacrificio de sus deportistas.

Si queremos más Leonas, más campeonas y más generaciones capaces de hacer llegar a la Argentina a la cima del mundo, hace falta algo más que orgullo; hace falta inversión.

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