El 24 de marzo volvió a mostrar una verdad incómoda para algunos sectores de la izquierda: mientras el pueblo se moviliza masivamente contra el negacionismo, hay quienes eligen quedar al margen… o peor, jugar a dos puntas.
De punta a punta del país, el pueblo argentino volvió a decir ¡NUNCA MÁS! con movilizaciones gigantescas. La Plaza de Mayo colmada y las marchas en todo el territorio confirmaron que existe una enorme reserva democrática, dispuesta a enfrentar el proyecto ultra reaccionario de Javier Milei y sus aliados.
Esa fuerza no solo interpela al gobierno: también fortalece a quienes fueron parte. La experiencia de la movilización alimenta la confianza, empuja a redoblar la organización y deja una energía acumulada para lo que viene.
El dato político más importante fue la unidad lograda por segundo año consecutivo entre el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia y la Mesa de Organismos de Derechos Humanos. Una señal clara de que, frente al negacionismo, la pelea exige amplitud, coordinación y acción común en las calles.
En CABA: sectarismo y oportunismo
En este contexto, la actitud del Partido Obrero fue grave. Intentó boicotear activamente el acto unitario. Desconocieron la posición mayoritaria del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, operaron en la prensa —a coro con Clarín y La Nación— para instalar que había dos actos y dos documentos, e intentaron sin exito sembrar confusión en un momento que requería claridad política.
Pero lo más evidente fue el oportunismo: mientras cuestionaban la unidad, difundían imágenes de una movilización que no convocaron. Incluso, con declaraciones de Vanina Biasi, ¡llegaron al punto de rescatar fragmentos de la lectura del documento que su propio espacio rechazó!
Una política contradictoria y oportunista que combina sectarismo en la acción con adaptación en el discurso.
En La Rioja: ausencia y doble vara
En La Rioja, la contradicción es todavía más evidente.Miles se movilizaron contra el negacionismo, por los 30.400 y contra el ajuste. Se desarrolló una marcha de unidad, con tensiones —como hace años— frente al PC y el PJ, que se niegan a consensuar un documento común y a compartir la conducción del acto. Pero esta vez no pudieron imponer sus maniobras.
La construcción del Colectivo Atipanaku1 permitió levantar una columna independiente muy fuerte, incluso más numerosa que la del oficialismo. Marchamos desde la ex Comisaría Federal —centro de tortura previo al golpe— hasta la Plaza 25 de Mayo, con intervenciones políticas y un acto donde la ex presa política Azucena de la Fuente leyó nuestro documento.
Fue una gran jornada, sin maniobras ni deslealtades.
Pero el Partido Obrero no estuvo.
No es un hecho aislado: el año pasado tampoco movilizó, y en 2023 abandonó la marcha en pleno recorrido. No es un error, es una orientación.
Y sin embargo, mientras se borra de las calles el 24M, sí participa en reuniones con el gobierno provincial y la CTA Autónoma. En las últimas semanas, Ricardo Quintela se reunió con dirigentes sindicales y sociales —incluyendo referentes del propio PO— para impulsar espacios de “unidad”.
La pregunta es simple:
¿por qué se rechaza la unidad en las calles contra el negacionismo, pero se acepta la unidad con gobiernos y direcciones sindicales en mesas de negociación?
No marchan contra el negacionismo, pero sí se sientan con quienes aplican el ajuste.
Memoria, lucha e independencia política
Ese llamado a la “unidad” no es neutral. Busca canalizar el descontento hacia acuerdos por arriba, con gobiernos que sostienen políticas de ajuste y conciliación con el poder económico.
En una provincia atravesada por el extractivismo, la dependencia y la falta de consulta popular, levantar las banderas de los derechos humanos también implica cuestionar las formas actuales de saqueo y subordinación.
Por eso, la masividad del 24M marca un camino:
la pelea está en las calles, con independencia política y con claridad frente a quienes intentan diluir las luchas.
Porque frente al negacionismo, pero también frente a las falsas salidas,
la memoria no se negocia.
Francisco Narvaez



