La recaudación tributaria volvió a mostrar señales de debilidad en febrero y encendió nuevas alarmas sobre la profundidad de la recesión. Los ingresos impositivos no lograron recuperarse en términos reales y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), uno de los principales termómetros del consumo, registró una fuerte baja interanual. Estudios privados mencionan caídas mayores al 13%.
El retroceso del IVA —impuesto directamente ligado a las compras cotidianas de la población— confirma lo que se viene advirtiendo desde hace meses: el mercado interno continúa deprimido y el poder adquisitivo no logra recomponerse.
Un consumo golpeado
La caída del IVA refleja un fenómeno más profundo que una simple variación estadística. En un contexto de salarios que corren por detrás de los precios y fuerte ajuste del gasto público, el consumo masivo permanece estancado. Supermercados, comercios de barrio y pequeñas industrias operan con ventas reducidas, mientras el crédito al consumo sigue limitado.
En paralelo, otros tributos relevantes tampoco mostraron un desempeño sólido, lo que impacta directamente en los recursos coparticipables que reciben las provincias. Esto añade presión a las administraciones locales, que enfrentan mayores demandas sociales con menos fondos disponibles.
Ajuste fiscal y efecto recesivo
Desde el entorno del presidente Javier Milei se sostiene que la baja en la recaudación responde en parte a modificaciones en la estructura tributaria y a un proceso de “ordenamiento” fiscal. Sin embargo, el deterioro del IVA es, ante todo, consecuencia de la contracción económica derivada del ajuste.
El Gobierno mantiene como prioridad el equilibrio fiscal, incluso en un escenario donde la recaudación pierde dinamismo. Esta estrategia profundiza la recesión: menos gasto público y menor capacidad de consumo derivan en menos actividad y, por lo tanto, en menos ingresos tributarios.
Un síntoma de la economía
La debilidad de impuestos como el IVA y Ganancias repercute en las transferencias automáticas a provincias, que dependen en gran medida de estos recursos.
Más allá de los números fiscales, el dato central es político y social: cuando cae el IVA, cae el consumo. Y cuando cae el consumo, el ajuste deja de ser una variable técnica para convertirse en una realidad concreta en los hogares.
Febrero cerró así con una señal clara: la estabilización macroeconómica que proclama el oficialismo todavía no se traduce en alivio para el mercado interno. Mientras tanto, la recaudación tributaria continúa siendo el espejo más directo de una economía que no logra ponerse en marcha.
Es precisamente por el ajuste y caída del consumo que afecta a la población, que se debería eliminar el IVA a todos los productos de la canasta familiar. En cambio, colocar en su lugar un alto impuesto permanente a las grandes fortunas.

