Una vez más, los números oficiales han vuelto a exponer el estado de descomposición al que está siendo arrastrado el entramado productivo nacional producto de las políticas del gobierno libertario.
Según el último informe del INDEC, el Índice de producción industrial manufacturero[i] registró en noviembre de 2025 una caída estrepitosa del 8,7% respecto al mismo mes del año anterior. Esta contracción deja de lado cualquier idea oficialista sobre un supuesto camino de recuperación económica; estos números señalan el quinto retroceso interanual consecutivo, consolidando una tendencia negativa que se ha vuelto estructural durante la segunda mitad del año.
El derrumbe de la actividad fue casi total, afectando a la inmensa mayoría de las terminales productivas del país. De las dieciséis divisiones que componen el indicador oficial del Indec, quince presentaron caídas interanuales durante noviembre, dejando al desnudo un desierto productivo.
Los sectores más intensivos en mano de obra fueron, precisamente, los que sufrieron los golpes más violentos bajo el esquema económico libertario:
- Productos textiles: Se desplomó un 36,7% interanual, siendo el sector más castigado por la apertura de importaciones y la destrucción del mercado interno.
- Vehículos automotores, carrocerías y autopartes: Retrocedió un 23,0%, arrastrado por la parálisis del consumo local y el avance de productos extranjeros.
- Maquinaria y equipo: Anotó una disminución del 17,9%. Dentro de este rubro, el derrumbe en la fabricación de aparatos de uso doméstico alcanzó un alarmante 39,7%.
- Productos de metal: Sufrió un deterioro del 18,6%, impactado directamente por el freno en la construcción y la menor demanda de insumos básicos.
En términos mensuales, la actividad también muestra signos claros de agotamiento. La variación negativa del 0,6% en la serie desestacionalizada y del 0,1% en la tendencia-ciclo confirma un declive que parece no haber encontrado su piso, mientras el gobierno sigue priorizando el pago de deuda sobre la producción nacional.
La destrucción de la actividad industrial viene atada de manera indisoluble a una política que privilegia el capital financiero por sobre el trabajo genuino. El cierre de fábricas y las suspensiones se multiplican mientras los salarios de miseria se estancan frente a la inflación, generando un círculo vicioso de desempleo y precariedad laboral que el gabinete nacional se empeña en desconocer sistemáticamente.
En la antesala del Congreso, el gobierno ya mueve sus fichas para profundizar este programa mediante una reforma laboral regresiva que busca legalizar la precarización absoluta. Usando el discurso mentiroso de la modernización, se pretende abaratar los costos de despido y disciplinar a la sociedad mediante el miedo a la desocupación. Mientras se remata el patrimonio nacional y se asfixia a la industria, el equipo económico de Caputo realiza malabares para pagar deudas usureras y fraudulentas a Wall Street y el FMI. La prioridad para Milei es garantizar el flujo de divisas hacia los acreedores externos a costa del ataque a los trabajadores y la entrega de recursos estratégicos de nuestro país.
[i] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipi_manufacturero_01_26B3443D92EA.pdf

