Industria metalúrgica. Un desplome parecido al de la pandemia

El desplome de la producción metalúrgica y la crisis industrial bajo el gobierno de Javier Milei

La industria metalúrgica, uno de los motores del entramado productivo, registró en julio un desplome interanual que retrotrae su capacidad operativa a los niveles de parálisis experimentados durante la salida de la pandemia. La destrucción de puestos de trabajo y el achicamiento del mercado confirman la gravedad de la crisis.

Un desplome a niveles de pandemia

La recesión inducida por el gobierno nacional continúa cobrándose víctimas en el sector manufacturero. Según el último informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la actividad del sector se contrajo un 4,4% interanual durante julio, acumulando así una severa retracción del 5,5% en los primeros siete meses de 2026. Con una nula variación del 0,1% respecto al mes anterior, la industria metalúrgica ha quedado estancada en un piso históricamente bajo.

El dato más alarmante que arroja el relevamiento es el colapso en el uso de la capacidad instalada, que se hundió al 39,2%. Esto representa una caída de 6 puntos porcentuales frente al mismo período del año anterior y significa que 6 de cada 10 máquinas en el país están apagadas. Esta parálisis no se explica únicamente por la apertura comercial, ya que las importaciones del sector también retrocedieron un 10,6% en el año.

La combinación de ambos factores expone una realidad letal, ya que muestra un achicamiento absoluto del mercado total producto de una demanda agregada que se debilita a pasos agigantados.

Impacto generalizado

El impacto recesivo golpea a casi toda la cadena de valor. Siete de los ocho rubros metalúrgicos mostraron profundas contracciones, liderados por Bienes de Capital (-9,5%) y Maquinaria Agrícola (-7,7%), seguidos por Equipos y Aparatos Eléctricos (-4,3%) y Equipamiento Médico (-3,9%). Las caídas en los sectores vinculados al Consumo Final (-9,6%) y la Construcción (-8,2%) ratifican el freno masivo de la economía.

En términos territoriales, la asfixia productiva se extiende por los principales polos industriales del país. Córdoba encabezó el retroceso con una caída del 7,9%, condicionada por el parate en la maquinaria agrícola. Le siguieron Buenos Aires (-5,8%), Mendoza (-4,6%), Entre Ríos (-4,2%) y Santa Fe (-3,8%). Frente a este panorama de estancamiento prolongado y sin señales de reactivación en el mercado interno, siete de cada diez empresas prevén que no habrá ninguna mejora en sus niveles de producción durante el próximo trimestre.

El costo humano: despidos y precarización

Detrás de los porcentajes de la capacidad instalada, la crisis revela su consecuencia más cruel: la destrucción del empleo. La dotación de personal en las plantas metalúrgicas sufrió un recorte interanual del 2,2%.

Este número del sector metalmecánico (que ya acumula la pérdida de más de 21.000 puestos desde agosto de 2023) se enmarca en una sangría industrial generalizada. Según los datos del SIPA procesados por la Secretaría de Trabajo, la industria manufacturera encabeza la pérdida de empleo privado formal desde la llegada de Javier Milei a la presidencia. El sector acumula cerca de 90.000 trabajadores registrados menos en el último año, consolidándose como la actividad más golpeada, a la par de la construcción. Para agravar la situación, la informalidad en el ámbito industrial sigue escalando, superando ya el 41%.

La desindustrialización como plan de gobierno

Los números publicados por ADIMRA son una de las tantas muestras que confirman las consecuencias directas del programa de Javier Milei. En este esquema de desindustrialización y timba financiera, los trabajadores de la industria se convierten inevitablemente en las primeras víctimas. El cierre de fábricas, la multiplicación constante de los despidos, el crecimiento del trabajo no registrado y el congelamiento de salarios que corren muy por detrás de la inflación diaria conforman una bola de nieve que arrastra a miles de familias hacia la pobreza. La crisis terminal de la industria metalúrgica es la radiografía exacta del caos productivo diseñado por el gobierno libertario. Un plan dispuesto a arrasar con todo lo que existe, garantizando los negocios de unos pocos a costa del hambre, la miseria y la desocupación de la clase trabajadora.

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