Para los trabajadores, el inicio de 2026 no ha traído el alivio prometido por Milei, sino una profundización de la asfixia económica que transforma cada compra cotidiana en una batalla para hacer que el sueldo rinda hasta fin de mes. Lo que el gobierno y las cámaras empresarias analizan como una caída en la rentabilidad, para las familias trabajadoras se traduce en una degradación sistemática de sus condiciones de vida.
Los números relevados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sobre las ventas minoristas de diciembre[i] son el termómetro de este drama social. En el último mes de 2025 se registró un derrumbe interanual del 5,2% a precios constantes. Esto, además de representar un problema para los comerciantes, también es una muestra de lo difícil que está llevar el plato de comida a la mesa. La caída en los rubros como bazar y decoración, que caen un 15% o el retroceso del sector textil en un 8,5%, es la señal de que la clase trabajadora está tachando de su presupuesto cualquier gasto que no sea el alimento básico. Este gobierno viene logrando que a fin de mes lo único que se puede elegir libremente es qué necesidad se puede dejar insatisfecha para poder llegar a fin de mes.
Esta situación se agrava al observar que la gran mayoría de los asalariados en el país hoy percibe ingresos que se ubican cómodamente por debajo del millón de pesos, una cifra que resulta irrisoria frente al costo real de la vida. Con salarios que pierden sistemáticamente contra la inflación, el consumo minorista se ha vuelto una actividad de supervivencia donde el uso de la tarjeta de crédito ya no es para adquirir bienes durables, sino para financiar la comida. El informe de CAME destaca que, incluso con el cobro del aguinaldo, el consumo se mantuvo estrictamente racional y cauteloso, confirmando que la falta de dinero en la calle parece ser la política de un gobierno que busca disciplinar con el hambre.
El descanso transformado en un privilegio de clase
La crisis ha llegado al punto de confiscar incluso el derecho al descanso anual, convirtiendo las vacaciones en un objeto de lujo inaccesible para la mitad del país. Según los datos de la consultora Bumeran, el 46% de los trabajadores argentinos no pudo tomarse ni un solo día de descanso en el último año; y entre ellos, el 56% señaló la falta de recursos económicos como la única causa.
Este escenario de exclusión ha provocado un desplazamiento masivo en la autopercepción de la población, donde hoy el 64% de los argentinos se define como clase media baja o baja. El informe[ii] de Zentrix Consultora es muy claro al respecto, indicando que casi el 80% de la población afirma haber perdido la carrera contra la inflación, lo que transforma el acceso al descanso en un umbral que hoy separa la estabilidad de la vulnerabilidad absoluta. Observando estos números, queda claro que el gobierno libertario de Milei se está encargando de destruir la idea de que el verano era el momento de recreación para el trabajador.
Mientras las familias recortan sus comidas y cancelan sus viajes, el gobierno de Milei ha decidido que la prioridad nacional es el pago de 4.200 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional. Esta transferencia de riqueza hacia los centros financieros internacionales es el origen directo de la miseria interna que padecemos. El tándem Milei-Caputo sacó plata hasta de donde no había, remataron activos y ajustaron el presupuesto en salud y educación para garantizar que los usureros de Washington cobren puntualmente.
El programa económico, ahora blindado por el Presupuesto 2026 y la inminente reforma laboral, busca consolidar este modelo de manera permanente. La reforma laboral que se negocia en las sombras del Congreso tiene como fin último legalizar la precariedad y abaratar el despido, quitándole al trabajador la poca estabilidad que le queda para someterlo a la voluntad absoluta de la patronal. Bajo la excusa de la modernización, el gobierno pretende que aceptemos salarios de miseria y jornadas extenuantes como la única forma de conservar un empleo, mientras los recursos del país se siguen fugando para pagar una deuda fraudulenta que nunca pasó por el bolsillo de la gente.
No es posible que, en un país capaz de producir alimentos para millones, el consumo de carne y productos básicos siga cayendo mientras Caputo festeja sus malabares financieros con los bancos extranjeros. Es urgente romper con el mandato del FMI y declarar el no pago soberano de la deuda para volcar esos recursos a un plan nacional de emergencia que recupere el salario real y garantice que el descanso sea un derecho y no un privilegio. Solo enfrentando a este modelo de entrega y peleando para que la crisis la paguen los capitalistas, los especuladores y los amigos del poder, se van a poder revertir estos números de hambre para el pueblo.
[i] https://www.redcame.org.ar/novedades/14449/las-ventas-minoristas-pyme-bajaron-52-interanual-en-diciembre
[ii] https://zentrixconsultora.com.ar/informes/pdf/monitor-opinion-diciembre-2025.pdf

