En el marco de un Foro de Davos convulsionado por las amenazas de Trump contra sus socios europeos, el presidente Javier Milei firmó la adhesión de Argentina al denominado Consejo de la Paz.
Este nuevo organismo, conocido en inglés como Board of Peace, se presenta oficialmente como una estructura destinada a administrar la reconstrucción de la Franja de Gaza, aunque sus ambiciones reales apuntan a la creación de una organización internacional paralela que busca socavar y eventualmente rivalizar con las Naciones Unidas. Milei se ha integrado como miembro fundador de este protectorado colonial, confirmando un seguidismo ciego a la agenda de la Casa Blanca que subordina la soberanía nacional a los intereses de una potencia imperialista.
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El funcionamiento de este consejo establece que Donald Trump será su presidente inaugural y vitalicio, concentrando amplios poderes ejecutivos que incluyen la capacidad de vetar decisiones y destituir miembros de manera discrecional. La iniciativa ha sido diseñada como un gobierno transitorio para el territorio palestino, permitiendo que el imperialismo norteamericano determine las condiciones de vida y explotación en una zona reducida a cenizas por el genocidio ejecutado por el Estado de Israel. Lejos de representar una salida soberana para Gaza, el organismo pretende consolidar una zona de influencia económica y militar bajo el control de una junta ejecutiva dominada por los sectores más reaccionarios de Washington.
El costo de entregarse a los planes de Trump
La permanencia definitiva en este club de la guerra tiene un costo de U$S 1.000 millones en efectivo que cada Estado miembro debe abonar durante el primer año de vigencia del organismo.
Resulta insultante que el gobierno libertario comprometa recursos de esta magnitud mientras aplica un ajuste brutal sobre la salud, la educación y los jubilados bajo el pretexto de que no hay plata. El contraste es total, ya que mientras se impulsa una reforma laboral esclavista para abaratar los costos patronales y se recortan las partidas más sensibles del presupuesto nacional, el presidente, aunque todavía la decisión está en duda, podría llegar a quemar las reservas del país para asegurar un asiento junto a Trump en sus sueños de dominación global. Este nivel de entrega responde a la absoluta dependencia económica y financiera del gobierno de Milei, que necesita la aprobación de la Casa Blanca para intentar sostener una estabilidad económica interna que se encuentra en un equilibrio considerablemente precario.
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La farsa de la paz queda expuesta al analizar la composición de la junta ejecutiva, donde figuran nombres como el secretario de Estado Marco Rubio y el ex primer ministro británico Tony Blair, responsable de la invasión de Irak en 2003. A ellos se suman empresarios y familiares directos de Trump, como Jared Kushner y Steve Witkoff, quienes ya proyectan la transformación de la Gaza devastada en un complejo de inversiones inmobiliarias y resorts de lujo. El Consejo de la Paz no busca el bienestar del pueblo palestino, sino que funciona como una herramienta para administrar el saqueo y asegurar que la reconstrucción del enclave se convierta en un negocio millonario para los magnates amigos de la administración republicana.
Rechazo europeo y el nuevo bloque de Trump
La presentación de esta junta en Davos estuvo marcada por las burlas de Trump hacia los aliados tradicionales de EEUU, a quienes amenazó con aranceles del 200% si no se pliegan a sus caprichos territoriales en Groenlandia. Ante este panorama conflictivo, la mayoría de las potencias europeas han tomado distancia de la iniciativa. Francia ha declinado participar argumentando que el organismo perjudica el rol de la ONU, mientras que el Reino Unido y Bélgica manifestaron serias reservas sobre el tratado legal que sostiene a la junta. En cambio, Milei terminó sentado en primera fila junto a un grupo variopinto de líderes que incluye al húngaro Viktor Orbán y mandatarios de países como Azerbaiyán, Kazajistán, Paraguay, Indonesia, Pakistán y Uzbekistán. Países donde las libertades democráticas casi que no existen.
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Mientras otros mandatarios de la región mantienen una postura cautelosa y evalúan la propuesta sin comprometerse, Milei ha optado por un pragmatismo extremo que lo muestra como un bufón de Trump. La integración a este consejo es una muestra de sumisión que involucra al país en una gestión de tutelaje colonial sobre un pueblo que sufre crímenes de guerra constantes.
Tenemos que repudiar con total contundencia esta maniobra de intervención imperialista que solo busca fortalecer el dominio de los Estados Unidos en Medio Oriente como sostén del colonialismo israelí. No puede haber una paz justa mientras se financia y se arma al brazo ejecutor del genocidio en Gaza y se imponen protectorados que anulan la autodeterminación de las naciones. Hay que exigir que cada dólar de las reservas nacionales se destine a resolver la emergencia social en nuestro país y no a financiar las misiones de propaganda de Donald Trump. Mantenemos la solidaridad con el pueblo palestino y sostenemos la bandera histórica de una Palestina libre, del río al mar, libre de ocupación militar y de las garras del capital financiero internacional.

