Mientras el plan de hambre de Milei y Caputo profundiza la crisis, el arco de la derecha opositora comienza a perfilarse ante un modelo que, aunque políticamente blindado por sus victorias en el Congreso, enfrenta una precariedad económica que los shocks externos y la guerra en Medio Oriente podrían dejar al desnudo.
El 2026, un año que sirve de antesala para la rosca electoral del 2027, ya empieza a mostrar la disputa entre distintos sectores de la burguesía y la casta política para definir quién tendrá la manija de la administración del ajuste. Desde el intento de Mauricio Macri por revivir a un PRO vaciado, hasta las giras de Victoria Villarruel tejiendo alianzas con los sectores más conservadores del peronismo y la irrupción del pastor Dante Gebel como un outsider de repuesto, todas las variantes reaccionarias se preparan para una—por ahora hipotética— etapa post-Milei. El objetivo de fondo es garantizar que, sin importar quién sea el candidato, la agenda de entrega y extractivismo permanezca intacta a costa de seguir atentando contra la clase trabajadora.
Pastores y burócratas al servicio del poder
Hace unos meses que la figura del pastor multimillonario, que vive en los Estados Unidos, Dante Gebel, viene siendo impulsada por varios sectores. Detrás del discurso de prosperidad y la estética de los discursos parecidos a los del coaching motivacional, se esconde una alianza tan rancia y peligrosa (propia de esta época) entre el oscurantismo religioso y la burocracia sindical campeona en traiciones.
Dirigentes como Juan Pablo Brey, de Aeronavegantes, y Miguel Ponzo, de UPCN, son los promotores de “Consolidación Argentina” y los cabecillas de una maniobra que busca inyectar el factor religioso en el tablero electoral. Este sector de la burocracia ve en este pastor que vive en el extranjero la herramienta ideal para pelearle la base a Milei. Apuestan por un personaje que profundice el retroceso en la conciencia de la gente, usando sus constantes discursos de autosuperación para evitar cualquier tipo de choque con el plan de miseria que hoy ejecuta el gobierno.
Para estos burócratas, acostumbrados a vender los derechos de sus agremiados al mejor postor, Gebel representa la posibilidad de un recambio que mantenga sus privilegios de casta intactos. El pastor ofrece un discurso de “mérito” y “fe” que funciona como el anestésico ideal para una clase trabajadora golpeada por el ajuste, intentando desviar la bronca hacia una salida espiritual y conservadora.
En lugar de organizar la resistencia contra el plan de hambre libertario, figuras como Brey y Ponzo prefieren apostar a una limpieza de cara del modelo a través de la religión. Esta alianza demuestra que, cuando el experimento libertario empieza a crujir, los mismos que entregaron las paritarias salen corriendo a buscar un nuevo gendarme que continué garantizando la calma en las calles.
Villarruel y el “Plan B” del orden institucional
En otro plano de la derecha reaccionaria y nostálgica de la dictadura, Victoria Villarruel ha decidido trazar su propia hoja de ruta para despegarse del “triángulo de hierro” que forman los hermanos Milei y Santiago Caputo. A pesar del cerco que el oficialismo le construyó a su alrededor, la vicepresidenta comienza a trabajar para consolidar una imagen de racionalidad política, destinada a seducir a los sectores del establishment que ya se muestran cansados de los estallidos presidenciales.
Esta estrategia de supervivencia se apoya en una construcción territorial propia bajo el sello de “La Juan Bautista“, una agrupación con la que recorre las provincias para tejer alianzas directas con gobernadores y sectores productivos tradicionales. Mientras Milei se enfoca en su rol de líder global y en las giras internacionales, su compañera de fórmula camina el país y se muestra en eventos provinciales, como la Fiesta de la Vendimia, para contrastar su conocimiento de la economía real frente a los discursos de la Casa Rosada.
Este despliegue la puede llegar a posicionar —por ahora de manera incipiente—como una variante de recambio para la burguesía y un sector del ejército, que, a pesar de estar actualmente cerca de Milei, continúa explorando otras salidas ante cualquier eventualidad.
La agonía del PRO y el manotazo de ahogado de Macri
En paralelo a esta fractura interna, el PRO de Mauricio Macri atraviesa una agonía que el ingeniero intenta frenar con un manotazo de ahogado. La canibalización del espacio amarillo por parte del oficialismo ha sido brutal, dejando a Macri con un liderazgo erosionado y sin capacidad de disciplinar a sus propios cuadros técnicos y gobernadores.
Figuras como Patricia Bullrich o Luis Caputo hoy funcionan como piezas centrales del ajuste libertario, vaciando de contenido al partido que alguna vez dominó la escena de la derecha. El evento lanzado por Macri, programado para este 19 de marzo en Parque Norte, asoma como un nuevo intento de simular un músculo político que la Casa Rosada le viene arrebatando.
Una alternativa necesaria frente a la interna de los de arriba
Este reacomodamiento de los sectores de la derecha ocurre en un momento donde Milei exhibe una fortaleza política evidente. El oficialismo viene de disciplinar al Congreso para que le voten desde la reforma laboral hasta el saqueo de los glaciares, e incluso el presidente se dio el gusto de atacar a figuras gravitantes de la burguesía sin sufrir consecuencias inmediatas. Sin embargo, la aparición de estas distintas tribus de la derecha no es una señal de debilidad actual del gobierno, sino que muestra cómo los sectores de la reacción ya preparan sus opciones de relevo. Estas figuras se posicionan estratégicamente para capitalizar cualquier posible traspié del experimento oficialista, ya sea por sus propias contradicciones económicas o por el impacto externo de la guerra.
Ante este panorama, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad tiene el desafío de asumir plenamente el lugar que ocupan para construir una alternativa política independiente que trascienda lo testimonial. Si bien el FIT-U se ha consolidado como el principal polo a la izquierda del peronismo —cuya crisis y giro a la derecha dejan huérfanos a miles de trabajadores—, corre el riesgo de quedar estancado en un rol puramente electoral. Por eso, desde el MST venimos impulsando una propuesta de fondo para superar los límites actuales: avanzar hacia un gran partido unificado de la izquierda con libertad de tendencias. Esta transformación permitiría organizar a los miles de simpatizantes y activistas que hoy no encuentran un canal democrático de participación, superando las visiones sindicalistas o hegemonistas que frenan el crecimiento del frente. Se trata de pasar de un acuerdo electoral a una herramienta política con vocación de disputar el poder real, capaz de intervenir con unidad de acción para romper el cerco de las burocracias sindicales.
La verdadera resistencia no va a venir de los salones de Parque Norte ni de las giras protocolares, ni del trabajo parlamentario que pueda realizar el peronismo más cercano a discursos progresistas, sino de la organización en los lugares de trabajo y en las calles contra un plan de hambre que se apoya en sus victorias parlamentarias para profundizar el ataque al salario y la calidad de vida de las mayorías. Este es el momento de levantar un programa propio que ponga las necesidades sociales por encima de la rentabilidad financiera y detenga este proceso de entrega antes de que los administradores del ajuste, los actuales o los que esperan su turno, terminen de rifar el futuro de la nación.

