Desde que desembarcó en la Casa Rosada, el gobierno de Javier Milei machaca constantemente con el cuento de una inminente “lluvia de inversiones“. Sin embargo, la realidad muestra otra cosa: los capitales no llegan, la economía no repunta y la crisis se profundiza.
Lejos de la euforia libertaria, los datos duros confirman que la inversión real registró en junio una fuerte caída del 6,2% interanual, cerrando el primer semestre del año con un derrumbe acumulado del 7,6%. A pesar de haber entregado el país con normativas a medida y de promover el llamado Súper RIGI, el gobierno choca con un escenario donde las inversiones brillan por su ausencia, complicando los planes del ministro Luis Caputo para juntar los dólares necesarios para pagar la fraudulenta deuda externa.
Los números del derrumbe
El panorama quedó plasmado en el último informe del Índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM)[i] elaborado por la consultora Orlando J. Ferreres & Asociados. Los números marcan la octava baja interanual consecutiva para la inversión. En la medición en dólares, el monto invertido durante el sexto mes del año apenas se estimó en US$ 7.464 millones, representando un magro 17,2% del PBI medido en términos desestacionalizados.
El desglose de estos datos muestra que el impacto es generalizado y golpea directamente al corazón productivo. El segmento de maquinaria y equipo sufrió un desplome del 11,2% anual. Esta sangría fue traccionada tanto por una baja del 12,7% en la compra de bienes importados como por una dura caída del 9,5% en los equipos de origen nacional.
La única y tenue excepción provino del sector de la construcción, que arrojó una mejora casi imperceptible del 0,4% en junio frente al mismo mes del año pasado, aunque mantiene cifras negativas en el acumulado del año.
Para colmo de males, el propio informe de Ferreres advierte que, promediando el año, los niveles siguen siendo muy bajos y no se observan “señales claras que inviten a pensar en una recuperación” sostenida para la segunda mitad del año.
El Súper RIGI y las urgencias de Caputo
Frente a este escenario de parálisis, la gran apuesta del oficialismo es el Súper RIGI. Sin embargo, especialistas y centros de estudios ya alertan que este esquema, diseñado a la medida de los magnates tecnológicos y los pulpos extractivistas, es completamente insuficiente para generar un rebote real y sostenido en el conjunto de la economía. Estos beneficios desproporcionados se concentran en una fracción muy chica de la matriz económica, subsidiando a sectores que ya venían invirtiendo (como minería y energía), y no generan el ansiado derrame ni encadenamientos productivos con el resto de las actividades.
En el fondo, la desesperación del gobierno por la llegada de estos capitales no tiene nada que ver con solucionar los problemas estructurales que destrozan las condiciones de vida de la clase trabajadora. La verdadera urgencia de Caputo es parchear su esquema económico y conseguir a como dé lugar las divisas necesarias para enfrentar la montaña de vencimientos de deuda que se avecinan en los próximos años, apostando mientras tanto a un festival de “rollover” financiero con los bancos.
Planificar la economía bajo el control de los trabajadores
El discurso libertario y las consultoras privadas sostienen que la llegada de capitales extranjeros resolverá mágicamente los padecimientos del país. Esa premisa constituye una enorme trampa ideológica diseñada para justificar la entrega sistemática del patrimonio.
La inserción de los monopolios internacionales se realiza invariablemente bajo condiciones de precarización laboral y constante recorte de derechos. Los regímenes impulsados por el gobierno benefician a sectores extractivos o polos tecnológicos que demandan una cantidad insignificante de puestos de trabajo directo. Estas inversiones jamás van a solucionar la inmensa crisis de empleo que azota a la clase trabajadora de punta a punta del país. Los capitales extranjeros aterrizan exclusivamente para maximizar sus beneficios contables. Como denominador común siempre impulsan industrias altamente contaminantes que destruyen los territorios locales y consumen una energía que es subsidiada indirectamente por el enorme esfuerzo del pueblo trabajador.
Las soluciones a las penurias económicas no vienen de la mano de las corporaciones multinacionales ni de marcos normativos de rendición incondicional. La realidad demuestra que el gran capital exige sumisión absoluta e igual sigue presionando por mayores ajustes sobre el nivel de vida de la población.
Es por todo esto que se vuelve fundamental abandonar esta dinámica de subordinación capitalista y poner en discusión democrática el modelo productivo del país. La verdadera salida requiere la participación activa de los trabajadores en la planificación de toda la matriz económica nacional. Las fuerzas productivas deben orientarse ineludiblemente a satisfacer las urgencias reales del conjunto de la población. La producción tiene que dejar de ser un mecanismo para alimentar la especulación financiera y engrosar las fortunas de un puñado de billonarios extranjeros. Tomar el control de los resortes fundamentales del país es el único camino posible para construir una sociedad que priorice las necesidades humanas por encima de la acumulación irracional de las inversiones transnacionales.


