El nacimiento de la Tercera Internacional. Historia y enseñanzas para el presente

El surgimiento de la III Internacional o Internacional Comunista, en marzo de 1919 fue la respuesta política de los revolucionarios a una crisis histórica del movimiento obrero mundial. La Primera Guerra Mundial había puesto al descubierto la bancarrota de la socialdemocracia europea, en síntesis, el proyecto de la II Internacional. En ese escenario de guerra imperialista, revoluciones y crisis de régimen, la fundación de una nueva internacional revolucionaria se convirtió en una necesidad histórica.

De la crisis de la Segunda Internacional a la necesidad de una nueva dirección

Las raíces de la Tercera Internacional se encuentran en el colapso político de la II Internacional al comienzo de la Primera Guerra Mundial. En agosto de 1914, la mayoría de los partidos socialdemócratas europeos votaron en sus parlamentos los créditos de guerra para financiar a sus propias burguesías. Ese hecho significó el abandono del internacionalismo revolucionario y el alineamiento con los intereses de sus respectivos Estados en una guerra de carácter imperialista.

Como señalan George Novack, Dave Frankel y Fred Feldman en Las tres primeras Internacionales, aquel momento marcó una ruptura histórica en el movimiento socialista: “Cuando los principales partidos de la Segunda Internacional apoyaron el esfuerzo bélico de sus gobiernos en 1914, la organización dejó de existir como fuerza revolucionaria internacional. El internacionalismo proclamado durante décadas se derrumbó frente al chauvinismo nacional”[i].

Para el ala revolucionaria del movimiento obrero, encabezada por Lenin y los bolcheviques, la conclusión fue clara: la Segunda Internacional había muerto políticamente. No se trataba de reformarla sino de construir una nueva organización internacional basada en la lucha contra el imperialismo y por la revolución socialista.

Los primeros reagrupamientos internacionalistas (1915-1918)

Antes de la fundación formal de la Internacional Comunista, los sectores revolucionarios del socialismo comenzaron a reagruparse durante los años de la guerra. Entre 1915 y 1916 se realizaron las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, encuentros que reunieron a una pequeña minoría de socialistas internacionalistas que se oponían a la guerra imperialista y denunciaban la traición de la socialdemocracia.

Aquellos encuentros fueron modestos en número, pero enormes en importancia política: “Los internacionalistas que se reunieron en Zimmerwald representaban sólo una pequeña fracción del movimiento socialista, pero defendían la continuidad del marxismo revolucionario frente al colapso de la Segunda Internacional.”[ii]

En esos encuentros comenzaron a perfilarse las posiciones que luego darían origen a la nueva internacional revolucionaria. Lenin y el ala izquierda de Zimmerwald plantearon la necesidad de transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria contra las propias burguesías.

El carácter reducido de aquellas reuniones fue recordado años más tarde por León Trotsky en su autobiografía: “Toda la izquierda de Zimmerwald cabía en cuatro coches.”[iii]

La frase sintetiza una realidad: en medio de la guerra y del chauvinismo dominante, los revolucionarios internacionalistas eran una minoría. Sin embargo, aquellos pequeños encuentros mantuvieron viva la tradición del internacionalismo proletario y prepararon el terreno político para lo que ocurriría pocos años después.

La victoria de la Revolución Rusa en 1917 transformó radicalmente esa situación. Las ideas que habían sido defendidas por una pequeña minoría comenzaron a encontrar eco en amplios sectores del movimiento obrero internacional.

La Revolución Rusa y el nuevo escenario mundial

El acontecimiento decisivo que abrió esa posibilidad fue el triunfo de la Revolución Rusa de 1917. Por primera vez en la historia, la clase trabajadora había tomado el poder y comenzaba a construir un Estado basado en los soviets. Este hecho transformó el panorama político mundial y abrió un nuevo período de crisis del capitalismo.

La revolución rusa actuó como catalizador de una ola de radicalización obrera en Europa. Entre 1918 y 1923 estallaron procesos revolucionarios en Alemania, Hungría, Italia y otros países, mientras el viejo orden surgido de la guerra mostraba su profunda inestabilidad.

Para los bolcheviques, la revolución rusa sólo podía consolidarse si la revolución se extendía internacionalmente. Una necesidad material que ponía a prueba y corroboraba la teoría, sistematizada años después, de la Teoría de la Revolución Permanente. De este hecho en concreto, puntualmente de la necesidad de hacer triunfar la revolución bolchevique, es que nació la necesidad de una nueva organización mundial de los revolucionarios.

El Congreso de marzo de 1919

Con ese objetivo, en marzo de 1919 se reunió en Moscú el Primer Congreso de la Internacional Comunista. Delegados de partidos y grupos revolucionarios de Europa, América y Asia lograron llegar a la capital soviética a pesar del bloqueo internacional y de la guerra civil que atravesaba Rusia.

El congreso proclamó la fundación de la nueva internacional y aprobó una serie de tesis programáticas que caracterizaban la época como una fase de crisis del capitalismo marcada por guerras imperialistas y revoluciones socialistas. La nueva organización se proponía impulsar la lucha por el poder de la clase trabajadora a escala mundial.

Lenin destacó el significado histórico de aquella fundación al señalar que la nueva internacional era producto directo de la experiencia revolucionaria abierta por la guerra y la revolución: “La III Internacional ha recogido los frutos del movimiento revolucionario del proletariado.”[iv]

En ese mismo texto Lenin subrayaba que el nacimiento de la Internacional Comunista representaba una ruptura histórica con el reformismo socialdemócrata: “La Tercera Internacional ha empezado ya a realizar la dictadura del proletariado.”[v]

La revolución rusa había demostrado que la toma del poder por parte de la clase trabajadora no era una utopía sino una posibilidad concreta. La nueva internacional nacía precisamente para impulsar esa perspectiva en todos los países.

León Trotsky, uno de los principales dirigentes de la revolución rusa, subrayó posteriormente la magnitud de aquel acontecimiento: “La Internacional Comunista nació directamente de la experiencia de la guerra imperialista y de la revolución proletaria. Era la organización mundial destinada a dirigir la lucha por el poder del proletariado.”[vi]

Un proyecto internacionalista

La Internacional Comunista se concibió desde su origen como una organización revolucionaria mundial, su objetivo era extender la lucha del proletariado internacional contra el imperialismo.

Durante sus primeros años, antes de su posterior degeneración bajo el estalinismo, se convirtió en un punto de referencia para los sectores más combativos del movimiento obrero internacional y jugó un papel decisivo en la formación de partidos comunistas en numerosos países.

La fundación de la Tercera Internacional expresó así una conclusión estratégica del marxismo revolucionario: frente a un sistema capitalista mundial, la lucha por su superación también debe organizarse internacionalmente.

La actualidad de una tarea histórica

Más de un siglo después, el nacimiento de la Tercera Internacional sigue ofreciendo lecciones para quienes luchan por transformar la sociedad. Aquella experiencia mostró que en los momentos de crisis del capitalismo la cuestión de la dirección revolucionaria internacional se vuelve decisiva.

Hoy el sistema imperialista vuelve a mostrar su carácter profundamente destructivo. Los conflictos internacionales se multiplican, las disputas entre potencias se intensifican y nuevas guerras amenazan con ampliar la inestabilidad global. La reciente escalada bélica impulsada por Estados Unidos e Israel contra Irán expresa esa dinámica peligrosa.

Sin equiparar esta situación con el escenario que desembocó en las guerras mundiales del siglo XX, sí refleja una tendencia del capitalismo contemporáneo: crisis económicas recurrentes, competencia geopolítica creciente y una creciente militarización. Todo un combo que se descarga cotidianamente sobre la vida de cientos de miles de trabajadores en el mundo.

En ese contexto, nos planteamos la necesidad de avanzar en el reagrupamiento internacional de los socialistas revolucionarios. Desde esa perspectiva, con ese método y una estrategia política sólida, vamos avanzando en la construcción de la Liga Internacional Socialista, retomando las enseñanzas de la tercera y una idea central del marxismo revolucionario: que la lucha contra el capitalismo y el imperialismo sólo puede desarrollarse plenamente sobre bases internacionalistas.

La fundación de la Internacional Comunista en 1919 fue un intento audaz de responder a ese desafío histórico. Más de cien años después, la pregunta que animó aquel congreso sigue vigente: cómo organizar a la clase trabajadora del mundo para terminar con un sistema que continúa produciendo guerras, desigualdad y crisis.


[i] Las tres primeras Internacionales. George Novack, Dave Frankel y Fred Feldman

[ii]  ídem

[iii] Mi vida. León Trotsky

[iv] La Tercera Internacional y su lugar en la historia. V. I. Lenin

[v] Ídem.

[vi] Los primeros cinco años de la Internacional Comunista. León Trotsky

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