El presidente argentino participó del cambio de mando en Chile que consagra a un gobierno de extrema derecha. Aunque estaba prevista una reunión entre ambos mandatarios, finalmente se canceló por “problemas de agenda”.
Sintonía política entre gobiernos de derecha
Javier Milei, viajó a Chile para asistir a la asunción del nuevo mandatario chileno, José Antonio Kast, referente de la extrema derecha del país trasandino. El acto se realizó en el Congreso en la ciudad de Valparaíso y marca un fuerte giro político en Chile hacia posiciones ultraconservadoras.
Durante la previa del cambio de mando estaba prevista una reunión bilateral entre ambos presidentes, que finalmente fue suspendida. Desde los entornos oficiales se atribuyó la cancelación a “problemas de agenda”, colocando al presidente como un espectador más de la asunción.
La presencia de Milei en la ceremonia no fue casual. Tanto el mandatario argentino como Kast comparten una agenda política y económica basada en el ajuste fiscal, la desregulación del mercado y un alineamiento con sectores conservadores a nivel internacional.
Desde la Casa Rosada ya habían anticipado que el triunfo de Kast abriría una etapa de mayor cercanía política entre ambos países, el cambio de signo político en Chile representa el giro más pronunciado hacia la derecha desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet en 1990, en un contexto regional atravesado por crisis económicas y disputas políticas.
Un alineamiento del terror
La coincidencia política entre Milei y Kast podría consolidar un eje regional de gobiernos ultraliberales que impulsen reformas laborales regresivas, privatizaciones y políticas de seguridad más represivas.
En ese marco, el viaje del presidente argentino a la asunción del nuevo mandatario chileno es una señal clara de afinidad política y de respaldo a un proyecto que busca profundizar las políticas de ajuste en la región.
Aunque la reunión bilateral finalmente no se concretó, la presencia de Milei en la ceremonia confirma el acercamiento político entre ambos gobiernos y anticipa una relación estrecha entre Buenos Aires y Santiago bajo una orientación ideológica común. Tanto acá como en Chile, hay que unificar las luchas contra el paquete de ajuste de ambos gobiernos.

