Criar también se volvió más caro. La canasta de crianza subió por encima de la inflación

El costo mensual de criar a un niño alcanzó hasta $697.268 en julio, según el INDEC. Todas las franjas etarias registraron aumentos superiores al 2,1% de inflación del mes. El dato vuelve a mostrar el impacto del ajuste sobre las familias trabajadoras y el peso económico de las tareas de cuidado, mientras salarios y prestaciones sociales siguen sin acompañar el costo real de sostener una crianza.

Hasta casi $700 mil por mes

Criar un hijo cuesta cada vez más. La Canasta de Crianza elaborada por el INDEC registró en julio una nueva suba y superó en todas las franjas etarias al índice de inflación general, que fue del 2,1% durante el séptimo mes del año. El costo mensual osciló entre $545.683 para los menores de un año y $697.268 para los niños de entre 6 y 12 años.

El dato vuelve a poner sobre la mesa una realidad que queda muchas veces escondida detrás del número general de inflación: no todos los gastos aumentan al mismo ritmo y las familias con hijos enfrentan un costo de vida particularmente elevado.

La canasta contempla tanto los bienes y servicios necesarios para la crianza como el valor económico del tiempo destinado a las tareas de cuidado. De esta manera, busca ponerle un precio a un trabajo que durante décadas permaneció invisibilizado y que continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.

Según los datos del organismo estadístico, en julio una familia necesitó:

  • $545.683 para un niño menor de un año.
  • $649.935 para un niño de entre 1 y 3 años.
  • $554.646 para niños de 4 y 5 años.
  • $697.268 para niños de entre 6 y 12 años.

En el caso del grupo de 6 a 12 años, por ejemplo, $361.566 correspondieron a bienes y servicios, mientras que $335.702 fueron asignados al costo del cuidado. Es decir, prácticamente la mitad del valor total de la canasta está relacionado con el tiempo y el trabajo necesario para cuidar.

Este último componente resulta particularmente importante. Llevar a los chicos a la escuela, preparar la comida, acompañarlos en las tareas, atenderlos cuando se enferman, organizar sus actividades y garantizar su bienestar son trabajos indispensables para la reproducción de la vida. Sin embargo, buena parte de esas tareas no son remuneradas.

El costo invisible de sostener una familia

La valorización del cuidado que realiza el INDEC permite dimensionar una de las grandes desigualdades que atraviesan a la sociedad argentina. Cuando una familia no puede pagar una guardería, contratar una persona para cuidar a sus hijos o acceder a determinados servicios, ese trabajo no desaparece: se traslada al interior del hogar.

Y en la mayoría de los casos son las mujeres quienes absorben esa carga. Esto tiene consecuencias concretas sobre sus posibilidades de acceder a un empleo, extender sus jornadas laborales, capacitarse o desarrollar una carrera profesional. La desigual distribución del cuidado se convierte así también en una desigualdad económica.

Por eso, hablar del costo de crianza no significa únicamente hablar de pañales, alimentos, ropa o educación. También significa hablar de quién cuida, cuánto tiempo dedica y quién paga por ese trabajo.

La inflación que no alcanza para explicar el ajuste

El Gobierno suele utilizar la desaceleración de la inflación como uno de sus principales argumentos para mostrar una supuesta recuperación económica. Pero para las familias trabajadoras, mirar solamente el IPC no alcanza.

Que los precios aumenten 2,1% en un mes no significa que el costo de sostener una familia aumente exactamente en esa proporción. La propia Canasta de Crianza muestra que existen gastos específicos que avanzan por encima del promedio.

En julio, además, el valor máximo de la canasta —correspondiente a niños de 6 a 12 años— llegó a casi $700.000 mensuales. La cifra adquiere otra dimensión cuando se la compara con los ingresos de los hogares.

Para una familia que depende de uno o dos salarios, destinar semejante suma solamente a los costos asociados a la crianza implica resignar otros consumos básicos: alimentación, vivienda, transporte, salud, vestimenta o recreación.

El problema es quién puede criar

El dato del INDEC permite discutir una cuestión que va mucho más allá de la inflación ¿Qué condiciones necesita una familia trabajadora para poder criar dignamente a sus hijos?

No alcanza con que el Estado mida cuánto cuesta criar. Hace falta discutir políticas que permitan reducir efectivamente ese costo: salarios que recuperen poder adquisitivo, jardines y escuelas públicas de calidad, acceso universal a la salud, licencias laborales, políticas de cuidado, vivienda y prestaciones sociales suficientes.

En cambio, la orientación económica del gobierno de Javier Milei apunta en dirección contraria: reducir el gasto estatal y trasladar cada vez más responsabilidades hacia las familias y los individuos. El resultado es que aquello que antes podía sostenerse parcialmente mediante políticas públicas termina resolviéndose puertas adentro de cada hogar.

El ajuste también se paga cuidando

La discusión sobre la Canasta de Crianza se vuelve todavía más importante en un contexto en el que los salarios continúan siendo insuficientes para recuperar el poder adquisitivo perdido y donde las políticas sociales son presentadas por el Gobierno como un gasto que debe reducirse.

El problema es que la crianza no se puede ajustar. Los chicos necesitan comer todos los días. Necesitan ropa, educación, atención médica y cuidados. Las familias necesitan tiempo para acompañarlos y alguien tiene que realizar ese trabajo.

Cuando el Estado se retira, esas necesidades siguen existiendo. La diferencia es que el costo termina recayendo sobre los hogares, y dentro de ellos, de manera especialmente desigual sobre las mujeres.

Por eso, el dato de julio debería servir para discutir algo más profundo que una nueva cifra de inflación. Criar no es un privilegio ni una responsabilidad individual: es una tarea social indispensable. Y garantizar que ningún niño crezca en condiciones de pobreza requiere que el costo de sostener la vida no recaiga exclusivamente sobre las familias trabajadoras.

Mientras la Canasta de Crianza se acerca a los $700.000 mensuales, el verdadero debate es quién debe hacerse cargo de garantizar una vida digna para las nuevas generaciones.

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