El brutal ajuste que el gobierno de Javier Milei descarga sobre los trabajadores encuentra un reflejo indiscutible en la parálisis absoluta del consumo. Los surtidores de todo el país mostraron una importante caída durante el último mes de febrero, confirmando que la situación económica golpea cada vez con mayor dureza a los sectores populares. Según los datos oficiales y los relevamientos del sector energético, la venta total de combustibles al público registró un retroceso interanual cercano al 2%, convirtiendo a este período en el peor febrero desde el año 2021.
Para poder comprender la profundidad de este derrumbe hay que observar el comportamiento de los productos más utilizados por la población y su impacto real en las distintas regiones del país. La nafta súper experimentó una baja superior al 2%, evidenciando las enormes dificultades que atraviesan los asalariados para poder movilizarse en su rutina diaria. Sin embargo, el dato más alarmante se encuentra en el desplome del gasoil común, cuyo consumo se hundió de manera estrepitosa superando el 10% de caída. Semejante retroceso en el combustible utilizado de manera prioritaria por el transporte de cargas y el sector agropecuario expone de forma directa el freno abrupto que sufre la actividad económica a nivel nacional.
La crisis golpea con especial violencia en el interior del país, donde provincias como Corrientes y Misiones registraron derrumbes alarmantes de dos dígitos en sus niveles de ventas. Si bien se percibió un leve incremento en los segmentos de combustibles premium, este fenómeno minoritario no logra revertir la tendencia general a la baja y solo demuestra que un sector ínfimo con mayor poder adquisitivo es el único capaz de resistir el encarecimiento constante del costo de vida.
Este escenario recesivo amenaza con agravarse de manera dramática durante las próximas semanas debido a un nuevo y brutal golpe directo al bolsillo. El mercado ya anticipa que los combustibles sufrirán un aumento cercano al 20% a lo largo del mes de marzo,una medida confiscatoria que echará mucha más leña al fuego en la crisis que se transita. Las grandes corporaciones petroleras justifican este tarifazo inminente apoyándose en la disparada del valor internacional del barril de crudo, pero las graves consecuencias de esa especulación las terminará pagando exclusivamente los bolsillos de los trabajadores.
Semejante salto en los surtidores no se limitará a encarecer los pasajes y el transporte diario, sino que ejercerá una presión inmediata y sumamente agresiva sobre toda la cadena de precios de la economía argentina. El valor de los alimentos en las góndolas y de todos los bienes de primera necesidad volverá a dispararse, golpeando de lleno a la promesa presidencial de alcanzar una inflación que comience con cero en los próximos meses. El relato oficialista sobre un futuro de estabilización oculta que el programa económico funciona exactamente como fue diseñado, garantizando la rentabilidad empresarial mediante la habilitación de aumentos desmesurados los cuales dinamitan sin pausa el poder de compra de los trabajadores.
El costo de la entrega de Milei
El trasfondo de este nuevo ataque inflacionario deja al descubierto las peligrosas consecuencias del alineamiento incondicional de este gobierno. Si bien los sacudones de la economía mundial terminan impactando en el país, al atar nuestro destino a los intereses de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente frente al conflicto con Irán, la gestión de Milei agrava enormemente los daños y los traduce de manera automática en tarifazos brutales.
Mientras el presidente juega a ser un líder de la derecha mundial, el trabajador argentino paga en cada carga de combustible el costo de una dependencia política y económica que solo promete más ajuste. Es totalmente absurdo y criminal que se someta a la población a pagar la energía a precios internacionales mientras los sueldos se mantienen deliberadamente congelados en niveles de indigencia por estricta orden del ministro Luis Caputo.
Bajo este esquema diseñado para garantizarle ganancias extraordinarias a un puñado de petroleras privadas, la clase trabajadora termina siendo empujada hacia un escenario de miseria insostenible. Para frenar esta sangría constante contra los ingresos populares resulta fundamental terminar con este modelo de sumisión y recuperar el control soberano de todos nuestros recursos estratégicos. Ninguna salida será verdaderamente favorable a las mayorías si no se rompe de una vez por todas con este esquema de estafa capitalista. Este tipo de medidas representan los pasos indispensables para evitar que el plan de entrega libertario siga destruyendo el futuro de los trabajadores.

