En medio de una trama política tensa, el Congreso nacional inició este lunes el período de sesiones extraordinarias con la reforma laboral como eje de la agenda oficial. Bajo la señal política de aprobar cambios regresivos en las relaciones de trabajo, el Poder Ejecutivo presiona por sobre el reclamo social, mientras otros temas como la modificación del régimen penal juvenil y la emergencia ígnea se incorporan de manera secundaria. El llamado a extraordinarias es una trinchera legislativa para avanzar con un ajuste laboral encubierto que profundiza la precarización, desregula derechos y subordina la vida de los trabajadores al capital financiero y empresarial.
Reforma laboral en primera fila: un ajuste descarnado
El Congreso volvió a abrir sus puertas fuera del calendario ordinario con la reforma laboral como principal motivo convocante. El oficialismo busca aprobar modificaciones al régimen de trabajo que, en los hechos, abaratan los despidos, flexibilizan condiciones laborales, reducen indemnizaciones y debilitan la negociación colectiva. Aunque desde el Gobierno se habla de “modernización” o “adaptación al mercado”, se trata de una ofensiva contra los derechos históricos de las y los trabajadores.
Lejos de una modernización que beneficie a la mayoría, la reforma propone un escenario más favorable a las patronales: mayores facilidades para el ajuste, la precarización y la informalidad, mientras el salario real continúa erosionándose y la inflación sigue minando el poder de compra de asalariados y jubilados.
Otras materias en debate: emergencia ígnea y régimen penal juvenil
Aunque la reforma laboral monopoliza la atención política y mediática, la agenda oficialista también incluye otros puntos, como la declaración de emergencia ígnea en las provincias afectadas por la crisis de incendios y la discusión sobre cambios en el régimen penal juvenil.
La declaración de emergencia ígnea surge de la presión de las comunidades y rescatistas ante una situación dramática donde el gobierno intervino tardíamente y de forma insuficiente.
Por otro lado, los cambios en el régimen penal juvenil es parte de la agenda del gobierno para perseguir y reprimir a la juventud, en un contexto de cada vez menores oportunidades para su desarrollo.
Un Congreso en clave de ajuste
Desde 2018 en adelante, con distintos gobiernos, se viene observando un patrón: la utilización de períodos extraordinarios para impulsar grandes reformas sin el debate social profundo que merecerían. La reforma laboral, en este marco, aparece como parte de un paquete de reconfiguración del régimen de trabajo a favor del capital.
Este llamado a extraordinarias no solo réstrega al Parlamento en favor de una agenda patronal, sino que legitima un proyecto de país donde las mayorías sociales pierden derechos y la precarización se normaliza como forma de vida.
Las sesiones extraordinarias de este año —con la reforma laboral como epicentro— no representan una respuesta a las urgencias populares sino una ofensiva institucional para consolidar un paquete de reformas regresivas.
Las centrales sindicales denuncian que el proyecto oficialista fue construido sin consulta ni participación genuina de los sectores representativos de los trabajadores, reafirmando la crítica de que la política laboral se decide en despachos y foros empresariales. A pesar de la crítica para la tribuna, la burocracia sindical no está llamando a construir el plan de lucha que hace falta, no solo para enfrentar la reforma laboral sino todo el plan de Milei.
Por eso mismo, desde los sectores combativos, se generan espacios para organizar la pelea como el Cabildo Abierto convocado en el Htal. Garrahan este 4 de febrero pensando en un posible tratamiento en el Congreso entre el 10 y el 13 del mismo mes.
La discusión en el Congreso no puede leerse como un debate técnico: es una batalla política por el futuro de los derechos laborales en Argentina. Y en dicha batalla, las mayorías deben ser protagonistas, no espectadoras de un show legislativo que pretende vender ajustes como modernizaciones. El día que se trate la ley, rodeemos el Congreso contra la reforma negrera y esclavista de Milei.

